miércoles, 5 de mayo de 2010

Para que lo leas de noche

Estos caminos desandados,
abiertos a la cerradura del corazón
y su eje de trueno.
Estos caminos celestes
a media lluvia nos atan.
Lo que pasó nadie lo olvida.
Era una calle de viento
y no pude ver la niebla
porque la guardaste
en el paisaje gemelar a
lo que sientes, un exódo,
la sangre de tu sangre
en las palabras sin tinta
y las que reptando llegan.
Paramos.
Comencé a pensar en lobos,
en un escondite, en la mejor
forma de evitar la mordida.
Pero ya deseaba volver a la cueva
y llevar esta vez al hombre
que te habla. Darle más lluvia
y enseñarle a ser volcán
al mismo tiempo.
Me consumió.
Encontré mi nido torpe.
Para hacer un poema debía
sacarme el bozal en una nube.
Te lo cuento porque traes
mariposas invisibles y te sabes reír
de la mañana que no llega.