Gracioso y leve
en la memoria,
casi rojo
en tus alas
y más viento
a las doce del día
o por la noche
con luciérnagas
y nenúfares
que nacen de la luna.
Es así el aire,
un jirón en la piel
de nuestro lado.
Un camino,
a veces,
de luz invisible
en el pecho.
Volemos de aquí
al refugio
donde una mujer
con senos de oro
lo alimenta,
al viento.
lunes, 26 de abril de 2010
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