Un día
coyota
entenderé la mancha más silente de la luna
y te contaré del polen en mi mueca solitaria
de todo ese centementerio de pequeñas cosas
que palpita por el calor de la noche
cuando los nudos del hambre se desatan
y un relámpago nos devuelve a la bruja
y el amor con su ruido de carcoma desvanece
la espuma de mi ancla algún día
sabrás desde cuando no me fío del misterio
ni de los dos puntos asediando los jardines
en cada canción por miedo a este paisaje
son muchos duendes colgados de las ramas
son decenas de pulseras con versos transparentes
que se dejan ir de un lado a otro del silencio
como una sucesión de días hermosos sin cura
será que estoy enferma de este lado donde la patria gime
en la cuna de los locos
en el deseo más negro de la brújula
pero canto porque en el cielo hay dimantina
y no pueden ver el brillo de los dientes
es dios quien ríe
y yo con mis cuatro patas de arquero
o la piel de la loba invisible en celo a punto
de dar vida que se arranca porque nunca
estuvo en verdad al oriente del mundo
el origen
la cadena radiante
ese destino con ponzoña
pero agua de palabra
no quiero ver
que me quiten el espejo
¿debería decirlo con más dulzura?
¿debería dejar fluir la bondad con sus capullos
al interior del trueno?
Llueve
coyota
para un animal eso no es malo
siempre que en la madriguera
se tengan jazmines
o la caricia de un amante
o el filo de las tijeras
Lo entiendes
algo se derrumba en nuestros ojos
una lastimera sensación de olvido
un látigo de luz en esta periferia a galope de junio
le temo al tiempo porque viene después de la promesa
y una vez cumplida la magia
la raíz del verso se evapora
todo es éter
o un racimo de más silencio
flotando en la taza caliente de una ciudad oscura
una calle
un insomnio sin palmeras que dejaron
sin futuro el cuerpo de una mujer
otra
y otra
como pequeñas lluvias derramadas
pero nos vamos al filo
a la orilla
debajo de los puentes de ese país nunca visitado
qué lejos está la bolsa de fábulas
qué lejos de las manitas del verano de César
o la caída a metros de altura de un cielo café
el cuento afirma que no cantamos como musas
pero adentro de los mares
con un veneno en el olvido
dejamos sin paz a Neptuno
después el sueño se termina
y ni diosas
ni artículos de lujo que ir a comprar
tampoco algodones o alondras
metamorfosis solamente
por el rastro del insoportable aullido
que da fe en la luz verdadera
para amasar un abrazo
hambre
sueño
la mesa con su remolinos
la cama y su otro yo de pecera
coyota
no quiero ahogarme
en el primer día de la muerte
una pala se hunde en el pantano que fui
en los aires propios
esos giros para sacarle el corazón a la princesa
esos besos con la lengua viva sólo por la lengua del sapo
esos ripios a temperatura de miel
cada jueves
no te hablé de la neblina
de una maleta con deseos de fuente
en los ojos de un hombre
era como un indio a punto de salvarme
sin embargo fue más blanco que la duda
cuando no alcanzas a ver
más allá del cuerpo con sus alas
me gustan las rocas calientes
los volcanes
las personas que sueñan con caminar sobre las aguas del fuego
los versos largos y sin comas
los trozos de papel y el lápiz
los mapas cada domingo
si algo se pierde es porque alguien se ha encontrado
pero antes el viento nocturno
la llamada
el reflejo que no duele
al mirar con ojos de corsario
al cruzar la oscuridad
que cae en la tierra
y se hunde como ostra
la tierra era sólo polvo y amonitas
cazahuates
flores blancas al sur
y un rebozo para atrapar estrellas
mientras el chocolate nos rodeaba con su aura
la tierra se abrió para el secreto
de ahí viene esta corriente que me toma y redoma
la acaricio
le provoco un arco de gata
antes de más frases
por la alquimia de mujeres de negro
y un brebaje para burlar materia
entonces el humo
el pelo crece
me acomodo junto a tu espera
afilando de nuevo los colmillos
ninguna noche apaga el corazón ninguna