jueves, 30 de abril de 2009

Vayan

Ahora sí, visiten:

miércoles, 29 de abril de 2009

Le estoy dando duro a Diario de un virus. En breve cuelgo aquí la dirección para que lean y se rían.

martes, 28 de abril de 2009

Era la vida y tú con los ojos cerrados

Para Otoniel Guevara
Fue el poeta guerillero de El Salvador, el que cambia pistolas por cometas, quien me hablara por primera vez de Idea Vilariño. Leyó el poema "Ya no" y esos versos heridos quedaron flotando para siempre en esa misteriosa biblioteca que es el alma. Busqué sus libros. La leí a solas en aviones y autobuses, en ciudades a las que nunca pensé llegar, en playas color café con leche. Ahí iba yo con los poemas de la uruguaya de Honduras a Guate, después a México, Cuernavaca y al último Jojutla, tan caliente como San Pedro Sula, tan parecida por sus palmeras y gente sudada.
Los poemas de Valariño me retaron. Eran llaves diminutas que abrían una expresividad monstruosa, un dolor cuyas pocas palabras caían en el lago como gotas pequeñas capaces que cambiaban de color todos los ríos. Ponencia, verdad y música, un ritmo de agua que es decir llanto lúcido. Pero entonces no lo podía entender. Mucho menos me asombraba como hoy ante la inteligencia poética de Idea. Lo digo porque ha muerto y como hace algunos años viajo a sus textos. No escribiré mejor, pero sí leo con más tino, el suficiente para celebrar la síntesis de esta poeta y la obligación de recomendarla hoy más que nunca.
La verdad es que no me siento en deuda con ella. La he leído en los países donde he estado y todos mis alumnos de literatura latinoamericana saben su nombre. Se sorprenden de que alguien se llame Idea, pero después eso pasa a segundo plano cuando sus textos pequeñitos se encajan en el ambiente y acabamos sorprendidos de que alguien consiga expresar con precisión de escalpelo lo que es la pérdida. He ahí una de las virtudes de esta autora, sus dardos son directos e iluminan el círculo mágico que es la poesía. Por eso no puede morir. Es más, sigue eterna en sus versos. También potente, descarnada.

Sin luchar siquiera

Es un paisaje apocalíptico. Familias enteras con tapabocas en las calles. Empleados en todos los establecimientos con esa horrible tela azul que no les deja ver la nariz. El rostro escondido, el miedo a flor de palabra que no se entiende. La gente con la cara medio cubierta debe alzar la voz, pero ni así su discurso se limpia. Paranoia, eso es todo, en la ciudad más poblada del mundo donde el virus mutante de los cerdos alcanza a varios humanos.
Mucho que pensar y sentir, ¿en qué orden? Estoy en el café desierto de un centro comercial en Jojutla. Un cliente regaña a la dependienta porque no se ha lavado las manos antes de entregarle una moneda. La discusión sube. El señor está tan enojado que amenaza con llamar a salubridad. En tanto el calor sube y el virus nos derrota sin estar presente.

domingo, 26 de abril de 2009

La máquina de imaginar

Escribo porque de lo contrario he contar conmigo sola y no confío en lo que pueda leer con mis ojeras.
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Escribo porque está doliéndome el pecho, los ojos irritados, la cabeza, el estómago con alas de cien mil mariposas que siguen muriendo.
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Escribo porque creo en los signos de interrogación.
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Escribo porque si no acabo esa novela o comienzo otra en Cuba, caminaré con rencor y seguiré escupiendo poemas malísimos.
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Escribo porque México es un muladar. Sigue tan sucio que desarrolla epidemias. Influenza porcina, una enfermedad de cerdos para cerdos.
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Escribo porque no reconozco una patria.
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Escribo porque está bien esta carta inmadura, este gesto de niña, este vestido justo, estas uñas cortadas al ras para no dañarme, esta locura leve, esta canción de Rosana, este carro que le da vueltas y vueltas a la laguna de Tequesquitengo mientras el sol parte y ya no encuentro un árbol amarillo.
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Escribo porque dicen que doy miedo.
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Escribo porque el mundo nos tortura.
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Escribo porque no sé dónde enterrar esta brújula torcida.
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Escribo para intrigar, para que deseen conocerme y luego me olviden.
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Escribo porque puedo pensar muchas cosas al mismo tiempo.
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Escribo para no pensar en el falso milagro de que por escribir soy diferente.
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Escribo, claro, porque soy egocéntrica y cínica. También poco original en mis defectos.
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Escribo porque el poder me saca ronchas.
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Escribo porque la pasión es un vehículo mortal y a mí gusta conducir muy rápido.
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Escribo porque he de aceptar que sólo con letras me curo.
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Escribo porque reconozco la violencia.
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Escribo porque admito que con un poema nadie vuelve.
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Escribo porque él va a buscar mi parque en Madrid.
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Escribo porque esta época es un atentado en contra de los artistas.
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Escribo para ir a Turquía y volver a Bogotá mucho más bella.
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Escribo porque tengo secretos.
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Escribo porque necesito el opio de la eternidad para gritarlos.
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Escribo porque la poesía es un cometa inmóvil sobre las tardes de Jojutla.
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Escribo porque sé que hay otros que me siguen y citan, pero no saben en realidad quién soy, cuánto me equivoco, cuánto miento.
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Escribo porque tal vez tengo cáncer.
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Escribo porque Antonio tenía razón: no me interesa hacer otra cosa y la escritura va anulando el amor que puedo sentir por otro que no está dispuesto a soñar todo el tiempo.
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Escribo porque viajo. Soy adicta a mi maleta.
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Escribo porque no puedo dormir pensando en el dolor de los otros.
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Escribo porque tengo deudas pendientes con otros hombres que me han engañado.
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Escribo porque sus mujeres deben saberlo.
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Escribo porque sin verdad ni café más me vale cambiar de país, de empleo, de nombre, de biblioteca.
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Escribo porque tengo que moverme para escapar, para crear.
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Escribo para no subir de peso. Es un extraño ejercicio, una actividad que me exige gimnasio.
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Escribo porque se me hizo tarde.
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Escribo porque me adelanto al final.
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Escribo porque me adapto a la fuga y no lo entienden.
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Escribo porque nadie puede convencerme de ser "buena".
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Escribo porque tengo amigas dulces y listas.
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Escribo porque suelo marcar a mis amantes y ellos también, pero a mí con hierro ardiente.
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Escribo porque no pueden soñar con que me atan.
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Escribo porque me gusta jugar a provocar vacío.
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Escribo porque la bruma me come.
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Escribo porque basta con que pronuncien la palabra "aventura" para que yo inventé un poemario sin correspondenciass.
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Escribo porque se han burlado de mis textos o porque para muchos no dicen nada.
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Escribo porque no me drogo, pero sé muy bien de qué se trata la periferia.
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Escribo porque esta ocupación puede ser mi verdadera ruina.
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Escribo porque no puedo parar.
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Escribo porque me enamoré de un psicópata.
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Escribo porque seduzco a la menor provocación.
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Escribo porque Mario dice que mis movimientos son felinos.
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Escribo porque Wilberth me ha hecho entender que no hay otra manera de respirar.
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Escribo porque conozco a otros dementes con su teclado sucio en un café del centro.
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Escribo porque fui una promesa.
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Escribo porque nunca he ganado un certamen, porque no cumplí con lo que el Estado me propuso.
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Escribo porque alguien me enseñó el adiós.
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Escribo porque la terapia de los lunes no es suficiente.
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Escribo porque me echaron en la cara que parecía una inválida mental.
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Escribo porque a veces quiero venganza.
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Escribo porque también necesito reconciliación.
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Escribo porque hay otras que tienen rabia.
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Escribo en nombre de todos los que desean tener tiempo para errar.
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Escribo porque no me importa si triunfo o no.
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Escribo porque leyendo puedo vivir.
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Escribo porque la literatura es mi única casa y esta urgencia mi manifiesto.
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Escribo por el sueño de escribir sobre todas las cosas, incluso la escritura misma.

sábado, 25 de abril de 2009

Aprendo a tu lado la cadencia del adiós. Puede ser una música estridente, pero bella. No sabes que estoy sorda de tanta bienvenida, de varios mundos abrazándome. Aun así disparas. Tienes que matar a la bestia, al huidizo animal de mi locura que jamás logra despedirse. Por eso vas despacio. Respiras mostrándome el arma mientras el tono de tu voz es firme. Para que entienda pones ejemplos y no puedo creer que también te duela convertirme en una estúpida. Te dijo que no fui tu esposa ni tu novia, que por eso no podemos romper. "Nos involucramos", dices. "Hubo un pico y ahora es tan sólo una bajada". Cruzo los brazos para no abrir el dolor; las piernas para escudarme. Inútil. Una bala y otra es todo lo que puedas dar. El silencio es testigo de la multiplicación de los panes envenados en tu garganta. Estoy muriendo de a pocos, pienso. Es un latido hiriente, después la falta de oxígeno. Pero aún pronuncio algunas palabras yo, la estúpida. Me levanto y me sigues. No puedo entender, no deberías acompañar a un fantasma. Puede ser peligroso asegurarte de que puedes beber un último trago con alguien muerto. Estoy a punto de decirlo y sonríes con esa luz que adoro. Gracias a ese resplandor esta disculpa: no haberlo hecho contigo habría significado mutilarme. Me gustas. Tu alma me amarró al para siempre. Lo único que se me ocurre es invitarte a Cuba. Te niegas con una confesión y después dos mentiras. España otra vez. Te quiero más entonces porque descubro que he dicho la verdad en el poemario que no leíste. Sesenta páginas en tu nombre donde encontré la fórmula del miedo, despejé sus símbolos y te marchaste. Ahora asimilio la playa a solas, la alegría también muerta. Me pruebo tus zapatos y sé que lloraré varios meses. El pico duró una noche, pero valió esta historia. Ya lo sé, estoy creciendo en este instante con rostro de navaja. El viento se cuela en mi vestido y celebro tu fuerza, es más, quiero imitarte. Sobre todo por el fulgor intacto de tus ojos que me aman. Con que así se dice adiós. No lo sabía.

viernes, 24 de abril de 2009

Adiós con manchas

En una ladera del sueño la sombra nos maldice.
No hay dolor sin nombre.
No queda sepultura ni lava en este vértigo
para iluminar la memoria entre copos de nieve.

Hace frío y mira cuánta luz nos amarra,
un ejército de esquirlas
en la voz sin poder despedirse
con el tono normal de un pincel
o las plumas de tu derrota.

En el aire las cenizas,
en este mundo de alas ciegas.
Dios es malo y sigue loco.
Hace llover una jaula.
No despiertes.
Un volcán es el regreso.

sábado, 18 de abril de 2009

Ella es un ser de agua

Tengo la piel erizada. Acabo de terminar Ni de Eva ni de Adán, última novela de Amélie Nothomb, la escritora belga más famosa del momento. Editado por Anagrama, el libro es una inteligentísima historia de formación, un relato divertido a decir basta (te ríes hasta en el sanitario donde algún capítulo te lleva) y eso que conmueve sin otorgar concesiones. Nothomb tiene bien merecidos todos sus premios. Los 289 pesotes que cuesta la novelita son bien desquitados. Para empezar porque no hay un tema específico, pero sí una narrativa fulgurante que une lo occidental con lo oriental mezclando a Mishima, Duras y Sthendal.
La novela arranca en 1989 y termina en 1996. Son los años duros de la escritora, la época en que renuncia a un destino cómodo con cierto joven millonario japonés, debido a que la joven necesita entragarse al oficio literario. Cierto lo que dicen los críticos, no se trata de una historia de amor usual, sino de una relación entre maestra y alumno, pero también entre amada y amante. Por eso deslumbra la capacidad de la autora para jugar con el tufo de Corin Tellado, Flaubert e incluso Calvino. Me refiero a este último por aquello de sus seis propuestas. Y es que la prosa de Amélie sí cumple con aquellos requisitos: es rápida, leve, múltiple, visible, consistente y exacta. No es fácil encontrar con una autora tan joven (nació en 1967) que confisque semejantes virtudes apostando por la fuga: "Si te sientes morir, parte; si sufres, huye. No ya más ley que el movimiento". A esta fuerza agreguemos una confesión que a todos debería empujar a leer: "El agua no puede detenerse. Sí, te regaré, te prodigaré con mi riqueza, te refrescaré, saciaré tu sed, pero qué sé yo lo que será el curso de mi río, nunca te bañarás dos veces en la misma novia".

viernes, 17 de abril de 2009

Mañana voy a desayunar sola y después compraré dos libros. Felicidad pura. Debo agregar música de camino a la librería mientras sueño otra novela latente. Tendré horas para beber té helado. Tal vez escuche alguna confesión de los jardines por donde andaré mañana.

lunes, 13 de abril de 2009

Una pestaña retoza
junto al mundo en primavera
húmedo el arco

puede dorar el horizonte
porque alguien cierra el ojo
para mirar más nardos sucios

no asegures que la tarde es amarilla
o que otra pestaña nos salvará del crimen
de esa angustiosa sed de nunca

uno dos tres cuatro
la cuenta gime
el día es bello hasta el diez mil

torniquetes pestañas hematomas
un insólito fulgor en cada mano
un puño de donde nace el agua

le dijo que iba a oler todo el silencio
debajo de una bugambilia
le dio belleza en jugo tibio

también pidió un deseo apretando
el arco oscuro
su diminuto milagro que sonríe

pero no cree en el azar
en contra del azahar
sólo en la caída del prodigio

romper entonces
amar desde la boca
con estornudo de polen

jugar a no decir
la debilidad del barco de papel violeta
cuando el sol es masoquista

en los rayos el perfume
se trastoca
se defiende con su amor por el recuerdo

para eso calla el corazón
con espinas de plomo
que nos hunden

pero nadie se escapa de abril
aun ayudando
aun seduciendo
a las bacantes del insomnio

sábado, 11 de abril de 2009

Turquía, nuestro sueño

Leo a Pamuk. En la página 194 de Nieve encuentro estas líneas:

...La soledad es un problema de orgullo; uno se sumerge vanidosamente en su propio dolor. El problema del verdadero poeta es sempre el mismo. Si es feliz durante muchos tiempo se vuelve vulgar, si es infeliz durante mucho tiempo es incapaz de encontrar en sí mismo la fuerza que mantiene viva la poesía... La felicidad y la auténtica poesía sólo cohabitan durante un breve plazo. Un tiempo después, o la felicidad vulgariza al poeta y la poesía, o la auténtica poesía imposibilita la felicidad.

martes, 7 de abril de 2009

recuerdo el muro verde de Santo Domingo
cuando más quise ser poeta y lo negaron
no dejaba de sentir calor al tocar las bugambilias
sé que hubo fuego desde el primer café que me serviste
estoy segura de que los geranios del balcón nos embrujaban
había otra mujer mucho más bella
pero no se supo un poema de Bretón
no reía al decir Borges
tampoco escuchaba tu piano con lágrimas leves
entonces la carta y el vértigo
entonces un diario clandestino
y el futuro tejiendo estas capas de memoria
con el amor de los perros salvajes y las agujas de un detective
no logro olvidar esa cena
ni la caminata rumbo a mi primer departamento
quería llegar a París y te llamé desde allá
necesité maletas para no beberme toda una cantina
también óvulos en Madrid y un hogar en México
y el diván donde me veían las piernas
recuerdo que me arañé porque no me escuchabas y hacía frío
por eso viajé hasta olvidar tus huracanes
e incluso mentí en la fila del refugio
en noviembre volví a Oaxaca con mis poemas bajo el brazo

domingo, 5 de abril de 2009

Con ellos

Cargo libros, duermo junto a ellos, los ensucio con café, los acaricio cuando aún no me pertencen, les arranco con pasión el plástico, me los llevo al pecho ilusionada y controlo el deseo de la mordida que se merece una moneda que se cree falsa. Poemarios, novelas, ensayos, cuentos que dejo caer porque soy torpe, pero luego los beso y otra vez los dejo marcados con brillo labial en oferta.
Cargo libros, eso soy con mi mochila oscura de un lado a otro cuando la vida se me va en hacer tiempo para querer mucho esas páginas dándoles lo que tal vez a mí nadie me dará: tiempo para entender cada letra, horas sin nadie donde nada lastime gracias a los capítulos de cada historia. Me gusta, porque también me es absolutamente necesario, ser una mujer con periódicos y libros que se muerde las uñas y bebe té o expresos. Mi felicidad resiste cuando puedo apagar el mundo para leer a una persona viva al otro lado de la hoja.

miércoles, 1 de abril de 2009

Tendajón

Una alumna acaba de citar a Leibniz. Leí con calma lo que ella quiso decirme en un largo correo. A costa de sus párrafos reflexiono ahora en relación a esa idea de que lo que pasa es siempre lo mejor. Eso, cuanto ocurre, está muy bien porque aquello pasa y punto. Sin embargo tanto optimismo a partir de los pies plantados en la tierra produce desconfianza. ¿En verdad toda fantasía es dolorosa?, ¿tendríamos que renunciar a las falsas ilusiones?, ¿de dónde nacerían los versos si optamos por esa actitud? Lo ignoro.
Sueño para escribir o al revés.
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Debería convertirme en un poeta que se asume sólo para despertar o no enfermarse. Pero en ocasiones escribo y lloro mucho. También me enojo y me muerdo la lengua. Así que termino con migraña por el llanto o con los labios sangrando en honor al corajito.
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Vuelvo con Leibniz, ¿tengo que optar?, ¿a favor o en contra de lo que pasa?
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Pessoa no gustaba de la realidad, de lo ocurrido.
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Otros muchos tampoco. De hecho imaginar e inventar es algo que también ocurre.
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Un poema es real y no lo es.
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Toda palabra proviene de extraños materiales. No es solamente sonido, saliva, tinta o reflejo. Desconocemos el verdadero fondo del lenguaje.
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Nunca acabaremos de preguntarnos por el amor o la muerte. Jamás tendremos esas nociones dominadas. Suele ocurrir (nótese el verbo) que el lenguaje nos constriñe.
*
Somos acertijos cuando amamos o bien, llamas efímeras. Nadie puede dialogar con nosotros una vez muertos. Rulfo lo logró, pero esa es otra historia.
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Otro alumno me citó. Tragué saliva. Cualquiera se pierde en un laberinto con espejos.