Por aquí dicen que el silencio es rojo,
pero lo juro, es sepia
con una campana delirante
por sus notas atándonos.
No le veo el atardecer a este mutismo.
No deja morir en paz a su memoria.
Un funeral silente huele a cielo
por la altura del adiós de cada día.
Hay fantasmas, sin embargo, al Sur
con tus pasos oblicuos.
Dejaste huellas dulces
cerca del geranio
con una llave de niebla y laguna,
como las frases que no alcanzan
o la muerte reuniéndonos.
Te escucho otra vez,
te hospedo junto a la alegría.
El conjuro del silencio está en tus ojos.
lunes 6 de julio de 2009
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