martes 9 de junio de 2009

Para decolorar momentos no hace falta abandonar los libros.

Con una palabra tierna, pero venenosa, es suficiente.
También con una cuchara girando compasiva como el mundo
en la taza de café que bautiza con sepias el instante.

Deberíamos entender el fondo de la página.
Deberíamos cruzarnos de brazos en su espuma.
Deberíamos callar porque es albino todo requiem.

Pero un poco de jardín nos interpela.
Es el silencio de las flores que callan,
el ritmo nocturno cuando sube el perfume
y las aves escondidas pronuncian deseos.

Entonces la escritura en atáud,
el soliloquio de un abrazo
y esa bolsa de fábulas con ánimo
de romper hambrientas sus capullos.

Para volar es necesario comprender
que todo termina en la página incluso la realidad
donde el camino de la sangre se desborda.

1 comentarios:

Coyota dijo...

Ahí vengo, a sentarme de nuevo al filito de tus palabras.