Es un paisaje apocalíptico. Familias enteras con tapabocas en las calles. Empleados en todos los establecimientos con esa horrible tela azul que no les deja ver la nariz. El rostro escondido, el miedo a flor de palabra que no se entiende. La gente con la cara medio cubierta debe alzar la voz, pero ni así su discurso se limpia. Paranoia, eso es todo, en la ciudad más poblada del mundo donde el virus mutante de los cerdos alcanza a varios humanos.
Mucho que pensar y sentir, ¿en qué orden? Estoy en el café desierto de un centro comercial en Jojutla. Un cliente regaña a la dependienta porque no se ha lavado las manos antes de entregarle una moneda. La discusión sube. El señor está tan enojado que amenaza con llamar a salubridad. En tanto el calor sube y el virus nos derrota sin estar presente.
1 comentarios:
No sera tiempo para preguntarse ¿qué es lo que hay debajo de ese pedazo de tela?
¿Estaremos pues en un baile de mascaras festejando al fin el fin?
Publicar un comentario en la entrada