Cargo libros, duermo junto a ellos, los ensucio con café, los acaricio cuando aún no me pertencen, les arranco con pasión el plástico, me los llevo al pecho ilusionada y controlo el deseo de la mordida que se merece una moneda que se cree falsa. Poemarios, novelas, ensayos, cuentos que dejo caer porque soy torpe, pero luego los beso y otra vez los dejo marcados con brillo labial en oferta.
Cargo libros, eso soy con mi mochila oscura de un lado a otro cuando la vida se me va en hacer tiempo para querer mucho esas páginas dándoles lo que tal vez a mí nadie me dará: tiempo para entender cada letra, horas sin nadie donde nada lastime gracias a los capítulos de cada historia. Me gusta, porque también me es absolutamente necesario, ser una mujer con periódicos y libros que se muerde las uñas y bebe té o expresos. Mi felicidad resiste cuando puedo apagar el mundo para leer a una persona viva al otro lado de la hoja.
2 comentarios:
Olerlos es mejor que cualquier cosa, y aunque cotidiano el texto es estimulante, dan ganas de comprar un libro.
Llega un momento en el que los libros se convierten en una extensión del cuerpo, algunos nos duelen y otros nos ofrecen un placer casi infinito; hay otros que, de tanto estar ahí, ya ni nos percatamos de ellos, pero todos ahí están, presentes, tan vivos como nosotros, convirtiéndonos en seres de papel y letras que se entretejen haciendo de su historia, nuestra historia.
Un beso
P.D. Y de las fotos... ¡WOOOOOOOW! Definitivamente sigues siendo y serás una de las mujeres más hermosas que he conocido, por los siglos de los siglos y amén.
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