miércoles, 31 de diciembre de 2008

¿Es la muerte voluntaria el único modo de hacer el bien?

Terminar el año leyendo. Ahora Liquidación, de Imre Kertész. Un maestro en la Javeriana nos había leído la carta de despedida del personaje principal. Recuerdo que desde entonces tenía ganas de hincarle el diente a esta novela. No fue hasta hoy que el plazo de este año se extingue como una llama azul, diminuta y suicida, igual que el escritor de este libro incapaz de soportar el peso de Auschwitz en sus venas; que me atrevo y constato los materiales de la literatura de verdad: tensión entre eros y tánatos; desesperación, angustia y vacío.
Aún me siento mareada por la prosa y el cruce de voces, así como el juego entre géneros literarios que el narrador húngaro sugiere. No sé si leí una pieza, un relato largo o un intento fallido de noveleta amarga. La verdad radica en la inspiración irritante del subtexto. No es sólo decir que todo apesta, que después de Auzhwitz no ya no hay más poesía (Adorno dixit), sino en el porqué de la aseveración. Kertész lo revela y al cerrar sus libros temblamos desde el fondo del sueño de una vida sin angustia. Una ilusión por la que agradece aquel suicida.

martes, 30 de diciembre de 2008

Colombofilia

He vuelto para ver que llego tarde a la vida del otro.
Es una alabanza estúpida,
un canto de guerra perdida en lo alto del mundo.
Lo sé por sus ojos en los ojos de un hijo que no parí,
que no conoceré más allá del nombre que se me fue escamoteado
como una limosna que dan de mala gana
o ese martillo para romper los cristales en caso de incendio.
Nadie lo usa.
A la hora de la verdad la gente grita, corre, se empuja.
Por lo regular no estoy para quejarme.
Me voy con estos pantalones oscuros
y algunas flores en la maleta.
Año con año es la misma paloma
la que muere en una jaula invisible.
La que lanzo al abismo con versos y regresa
convertida en un fantasma de vuelo húmedo.
No debería volver a esa esclavitud de lo que parte,
de lo que se entume y duerme para siempre,
de lo que dicen es el pasado con su recuerdo animoso.
No se me va el ayer.
Mi realidad es un poema sin tiempo.
Acumulo y escondo el amor en nuevas metáforas
esperando que alguien descifre el mensaje.
Pero los demás se angustian con mis llaves de niebla,
con esta rabia no controlada
y la espuma que los amantes nunca toleran.
Ellos necesitan el volante.
Conducen a toda velocidad por si las dudas.
Y meto las manos. Y hundo el pie en el freno.
Y del impacto salimos vivos, pero no así la belleza
que estrujamos en una capital europea,
un lago, una casa embrujada
o un hotel con todas las constelaciones
sólo para confirmar que el paraíso se repite.
Nos rodea. No decepciona.
No se pone a dudar con libros y luciérnagas
en un pueblo donde siempre es de noche.
Digan lo que digan,
no me acostumbro a ver el día en los cañaverales.
No entiendo el sino de mi infancia donde llueve tizne.
Me asomo al balcón.
Doy cientos de vueltas a la manzana en bicicleta.
"Vagabundo" era el nombre de ese vehículo.
Estoy gorda y mi cabello es horrible.
Tengo doce y ya me llegó el periodo.
Me he enamorado de un pianista
con el que he dormiré mucho más tarde.
Sigo sola, recorriendo el pequeño barrio con polvo y calor,
escribiéndole discursos a la luna.
Hay algo que no le he podido decir a la palmera de enfrente.
Tal vez su verdadera historia.
Quizá la razón de este encierro
o mi debilidad ante la seducción de los otros.
Sueño que cumpliré todos los viajes.
Reviso mi pasaporte y es cierto.
Imagino que él niño más codiciado dirá que me ama.
Releo sus versos y ahí sigue esa línea.
Aspiro a escribir por encima de todo
y sólo las teclas me acompañan ahora.
He vuelto al mismo punto, al nido donde empollo la ruta.
Soy yo la paloma con un mensaje tardío.

Corte de caja

Versos que se incrustan y nos siguen. Una estrella de luces que van y vienen en el balcón de mi casa. Conecto el cable, se enciende el símbolo con picos que afirma las fiestas por el año que termina. Contemplado el juego de colores, regreso a los poemas de personas cuyas imágenes son caminos. Las canciones que aprendí parecen hogueras. Nombres es lo que sobra. También los títulos, inagotables. Desde una línea de Wilde pasando por una metáfora de Homero o Dickinson. Imposible deshacerme de mi Pessoa de tocador y Cendrars con su tren cruzando Europa. No puedo silenciar a Brahms ni a todos los pianos de Mozart. Me muero si me obligan a renunciar a una de mis óperas favoritas con flauta dulce.
Todo esto se queda como el recuerdo de unos meses con estaciones insólitas. Muchos viajes, neblinas insospechadas y mares, cielos a los que nunca imaginé llegar. Poetas, todas y todos. Subrayo los apellidos de los que se ganaron un lugar en mi mente y algunos, muy pocos, en mi cuerpo. Un año rodeada de artistas y de jóvenes de los que terminé siendo alumna. Tragos amargos: el ataque a mi padre, las amenazas que escuché en mi celular, los amores perdidos, los tiempos a contravía como una esperanza agónica. Pero siempre la resistencia. No sé vivir alejada del disenso ni de la luchas que le dan sentido a ese lado de vereda donde me siento franca. Alguien tiene razón cuando convoca al optimismo. Alguien más asume que el amor está en todos los rostros y ninguno. Olas con crestas y valles. Aromas como versos dándole la vuelta al continente. Eso es, viajera, peregrina de una nada que tiene en común con el saber todo el tedio del paraíso y a las chispas del infierno. Vale la pena un minuto de dolor si a cambio vendrá la calma sempiterna. Moriré y morirás sin más plazos, sin otra oportundidad que se llama primero de enero y que se repite porque el azar sabe hacer muy bien las cosas.
La estrella se sale con la suya: en la calle dos niños se detienen a mirarla. Están sucios como la jovencita que come chocolates en el gran poema del fracaso y que no me atrevo a citar. La pobreza de los párvulos nada tiene que ver con su sonrisa. Por eso el dinero no vale lo que pensamos. Será una crisis más, como todas, como el hundimiento de siempre cuando el tiempo avanza y las lecciones no se pueden aprender porque no sabemos el lenguaje de la vida. Leemos en clave de la muerte y la disfrazamos de valores imposibles. No comprendemos las bondades del equilibrio ni mucho menos la triste condición de nuestra especie que aún es prehistórica. Vendrán otros futuros. De nuestra desesperación no quedará más que un poema o algunos autores que recordándose darán fe de la ingratitud y el amor áspero con que fuimos resistiendo.
Al final, no nos parecerá rara nuestra historia por sus elementos comunes con los siglos pasados. En resumen, un aleph de causas perdidas es el origen de todo. Y eso que desconfío de los solipsistas, de los creyentes, pero también de los materialistas románticos o ateos. Es la duda lo que me hace sonreír porque sabe nutrirme de la ironía necesaria para no rendirme ante la misantropía o el veneno del pesimismo integral en un tiempo donde el arte se desmorona. Pero siempre hemos vivido fragmentados, insatisfechos, intentando reconstruirnos con buenos propósitos cuando algo inicia. Ciclos, no más. De igual forma llegará el 30 de diciembre y nos sentiremos sanos, serenos, y alguna poeta dirá que más vale seguir soñando, que una vez perdido el tiempo, el espacio debe conquistarse.

Con los jóvenes griegos

Descendientes de Sócrates y Platón, de todos esos poetas que nos dicen cómo hablar de los colores del mar y la almendra del mundo, estos chicos lanzan, ante la muerte de Alexis Grigoropoulos, su manifiesto:
  • No nos critiquen antes de entendernos.
  • No nos apunten antes de vernos.
  • No nos maten antes de de dejarnos vivir.
  • Somos sus hijos y nietos, sus vecinos o amigos.
  • Somos la sociedad que han creado.
  • Somos el resultado de las generaciones de indiferencia, de no creer en nada, de la apatía.
  • Ahora queremos quemamos para que no nos quememos.
  • Rompemos para que no nos rompan.
  • Nos rebelamos porque ya estamos hartas y hartos de este mundo.
  • Estamos con ustedes.
  • Estas noches son de Alexis.
  • Han que cambiar el mundo, si no lo conseguimos al menos lo habremos intentado.
  • Que se extienda la revuelta.
  • Desde Grecia un fuerte saludo libertario.
  • Queremos un mundo mejor, ¡ayúdenos! No somos terroristas, "encapuchados" . Somos sus hijos. Esos conocidos deconocidos.
  • Queremos soñar, no nos maten los sueños.
  • Tenemos pasión, no nos paren.
  • Acuérdense, hace tiempo que ustedes eran jóvenes también. Ahora están persiguiendo el dinero, sólo les interesa la fachada de las cosas. Se hicieron gordos y calvos.
  • Olvidaron. Esperábamos que nos apoyaran, que tuvieran un poco de interés, que nosotroas por una vez nos enorgulleciésemos de ustedes.
  • Pero ustedes viven vidas falsas. Tienen la cabeza inclinada, los pantalonesa bajo y están esperando el día en que se van a morir.
  • No tienen imaginación, no se enamoran, no creen en nada. Sólo venden y compran.
  • Todo es material -amor por ninguna parte- verdad por ninguna parte.
  • ¿Dónde están los padres?, ¿dónde los artistas?, ¿por qué no salen a las calles para protegernos?
  • Nos están matando, ¡ayúdenos!

lunes, 29 de diciembre de 2008

Un cartero

Acabo de leer Cartas a un joven disidente de Christopher Hitchens. Lamento la mala traducción, algo apresurada, pero aplaudo ante la veintena de espístolas con las que este inglés periodista y medio filósofo e historiador, consuela a todos los que entendemos que el mejor camino es criticar pensando a nuestro aire. En este libro, Hitchens dialoga con Hegel en Contribución a la crítica de la filosofía del derecho: "La crítica ha arrancado las flores imaginarias de la cadena ni para que el hombre la lleve sin fantasía ni consuelo alguno, sino para que se libere de la cadena y escoja la flor viva".
Como chispeante y nada muerta es la discusión, el no estar de acuerdo aunque nos llamen conflictivos, arrogantes, airados, elitistas. Por eso disfrute esta lectura, no sólo porque mi identificación fue brutal, sino porque me reí pensando en la cara que pondrán mis alumnos cuando los haga leer el libro entero. A continuación algunos trozos:
*En la vida progresamos por medio del conflicto, y en la vida mental, mediante la discusión y la disputa. Puede que la dialéctica haya sido desacreditada en parte por su defensores , pero esto no nos permite repudiarla. Tiene que haber confrontación y oposición par que salten chispas.
*Los hombres luchan y pierden la batalla, y aquello por lo que han luchando llega a pesar de la derrota, y cuando llega no es lo que ellos querían, y otros hombres tienen que luchar por lo mismo con otro nombre. (citando a Willam Norris en Un sueño de John Ball)
*Busca una vida vivida más que una carreta. Refúgiate en el buen gusto. La libertad vivida te compensará de unas cuantas pérdidas... Si no te gusta el estilo ajeno, cultiva el tuyo. Llega a conocer las mañas de la reproducción, sé tu propio editor incluso cuando conversas, y el placer del trabajo llenará tus días.

Nacimos en el año del Conejo

Nos gusta seducir por hobbie.
Vamos a escapar.
Por amor nos abrirán todas las jaulas.

Somos los que nunca han de caer.
El deseo nos eleva
con aire dorado enrareciendo el mundo.

Estamos disueltos en noches sin olvido,
en la caliente sensación de morir
por un abrazo que de beso en beso se hace agua.

No sabemos la furia ni el combate.
Contra nosotros sólo diábolos
o balas perdidas como versos.

A todos, por nada,
les asusta lo que ayer vivimos,
la espinosa hierba que comimos del pasado.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Que lo entienda

En par no, pero sí con mundo abierto
a mi lealtad por sus lunares.
Asimétricos, los dos,
tampoco.

Sí cuando dudamos y se esconde.
También cuando sonríe
para intimidar el plenilunio.

No si pregunta
lo que ya no puedo responder
porque ayer fui erizo
y ahora un ciervo.

Sí en el pecho de su calma.
No en el odio con gusanos.
Sí por el lenguaje variopinto.
No si acaricia una cadena.

Sí en la cama, en el baño,
la cocina, la calle,
los cines diurnos,
la terraza, el corredor,
el recuerdo, la cantina,
la novela y un tren
en todos los países
a los que nunca llegamos.

Sí y no.
Mientras perdure.

sábado, 27 de diciembre de 2008

De otros labios también púrpuras

Ellos juegan dominó y su infancia es el talismán de Sísifo.
Perderán un poco más de vida cuando muy alta esté la luna
y otro verso sin color se expanda.
(hasta el viento deja en mis manos polvos púrpuras,
ésa es la contradicción que hay en tu nombre)

Ellos no saben que la comadreja del ahora nos persigue;
que hay una calle sin final y el minotauro
cuando nos rompen la inocencia.

Pero el juego no se ensucia en el amor
si sobre el río queda un alga limpia.
Después todo es ciudad y el humo canta.
Otros ritmos nos ayudan y el aire
aprende a rimar con la derrota.

Ellos juegan y el pequeño pierde.
Estoy a su derecha con el útero vacío.


Para Jorge, Áxel, Manuel y Mario.
Navidad 2008.

Muñequitas

Es una bolsa de plástico, de tamaño pequeño. Al interior hay un una muñeca tan grande como un meñique. Está vestida con un refajo rojo. Es una Kitapenas, según el pedazo de papel con instrucciones: "Cuéntale tu pena, ponla debajo de tu almohada, duerme tranquilo, al día siguiente tu pena ya no estará. (Tradición maya)". El problema es que yo no necesito sólo una, sino todo un ejército. La bronca es que dejaría de dormir contándole como odalisca un cuentro tras otro. No sé si mis penas sean historias de terror o sultanes que a las mujeres les arrancan sus vestidos de plumas. Lo que sí, me volvería vampira por dejar el sueño y hablar sin pausa. Sobre todo ahora, con un puñado de poemas que no salen.

martes, 23 de diciembre de 2008

Un poema de ISAURA LEONARDO*

Carnívoros
Después de todo venimos a salvarnos.
Lo cierto que nunca me he sentido
tan perdida y eso que mirar el fondo
y encontrar un reino de palabras
es un don carnívoro.
Alma Karla Sandoval, "El universo boxea"



Los rastros de los amorosos
son pocos,
y sus huellas densas.
(algo dijo ya un poeta)

Para las madrugadas
se sacan el traje del ritual
y caminan sobre sí mismos,
borran toda marca, todo signo.

-Somos animales- dijiste,
y ese delicado aliento tuyo
de animal herido penetró lo cerrado
cuando evocaste el nombre
que llevó este Sol.

Se desabrochan el primer aroma
y el hermetismo,
escondidos a flor de huesos...
escindidos en la ruptura,
sin pretextos ni posfacios.

-Pero eres artista
y vas a sacrificarte, tibia- dijiste,
antes de clavarme la mordida
en los párpados
y beberte la tibieza
en el lago de mis piernas.

Los rastros de los carnívoros
asestan golpes precisos.
Muerden los músculos
sin abrir la piel.

-No se puede vivir una vida de papel,
pero escribe un cuento después- dijiste,
mientras el controlado pulso de tu pecho
pumpumpum, el miedo a los espejos.

Efímeros los carnívoros
mastican nostalgias,
desiertos y estepas
en recuerdos tímidos
de un porvenir soñado.

-Pero eres artista..- dijiste.

* Ciudad de México, 1984. Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. En 2007 obtuvo la Medalla al Mérito Universitario que otorga esa casa de estudios. Toda su obra poética es inédita. Se desempeña como correctora de estilo.

Darse cuenta de que hacen daño los caminos,
desfloran horizontes con sus búsquedas
porque no vuelve el atardecer con cicatrices
y todo mito cae
-cuerpo de Dios desde lo alto-.

Serpentinas solamente.
Un rastro de leche y miel como vestido
a la misma hora del deceso del artista.

Vivir entonces con la venda ensangrentada,
debajo de otro mundo con sueños de hormiguero
donde se va almacenando una mentira
de la que todo el mundo come.

En otro tiempo quise ser paisaje
y olvidar la única palabra que vive
sin morir de sed en la memoria,
en aquel recuerdo mitad ilusión,
mitad ciudad y algún placer lejano

Ahora la vida y tú sobre el camino.
Doble código de entrega
debilitando profecías.
Abrir los ojos en la niebla y escuchar.
Perder la calma.
Toda blancura es sinónimo de muerte.
Llorar porque sigues sin bufanda en el territorio de los cuentos tristes.
Callar y seguir las notas del pájaro que mide la dimensión de esta celda.
Frío, el suficiente. Una laguna de llantos olvidados, tibios.
Más niebla en el combate.
Entonces la caricia.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Alguien vino a quemar la cuerda floja.
El silencio se enroscaba como abrazo
y cerraba su capullo esta dolencia.
Hacia atrás,
milenariamente,
sobre una ola del cuerpo que es palabra
y quietud, párrafo corto.
Un instante de verdor y brújula en descanso.
Unos ojos hacia dentro que nos siguen.

domingo, 21 de diciembre de 2008

*
Y si tu boca es una nube,
el universo se derrite en su tormenta.
Y si algo hay que agregar
cuando el amanecer canta emplumando tu pecho,
es que puede volver la pirinola
reordenando risas en la infancia
o dibujando el edén nunca compartido
donde habitó, fresca, la promesa del cielo
que con humo y abandono, nos quitaron.
Los buitres en el aire eran invisibles.
La maldad del mundo no se terminaba.
Pero hoy tu boca es una nube
y si algo que decir es me disgrego.

*
Estar ciertos: quedarse es un país sin adiostarras,
ese lugar donde hieren la existencia
al despertar el cobre.
Tenue, húmedo espacio deja del que se va.
Todo su camino es el derrame de una lágrima
y en cada adiós definitivo renace
el germen sonoro de la bienvenida.







jueves, 18 de diciembre de 2008

La tierra es un barco demasiado grande

Qué diferencia, qué tranquilidad leer a Alesandro Baricco después de que una se siente tonta chutándose una novela light. Lo bueno es que Novecento limpia la mente y ahora que termine de leer otra novela de Hamsun, me encontraré de nuevo junto a los escritores de verdad. Y es que la caída de la novela durante el siglo XX fue rotunda. Con razón muchos lanzaron coronas sobre ella. Lo malo es que la orfandad de géneros no conduce a ningún sitio. Habrá que aprender a resistir como hicieron otros tantos. Habrá que armarnos de valor y escribir el libro que nos ilusione porque es un hecho que con todo y los clásicos universales, la novela soñada la llevamos dentro.
Ya por último, lean a Baricco, el príncipe de la dulzura y el carisma inteligente.

¿Alzar el vuelo?

Como en la resaca, repito: "No lo vuelvo a hacer, no lo vuelvo a hacer". 15 horas leyendo sin parar, sólo para dormir y el desayuno, una novela de Tomas Eloy Martínez. De inmediato me sonó hueca, pero algo ahí, que se agradece, me mantuvo hasta el final. El vuelo de la reina me habría encantado a los 21. Ahora desconfío de una prosa demasiado leve y el origen del libro. Se trata de una novela por encargo de una editorial brasileña que ganó en 2002 el Premio Alfaguara. Ni duda cabe que el autor, un argentino avecinado Nueva Jersey, hizo su agosto en 350 páginas. Por eso la novela es una lección de lo que no debe hacerse y eso es transigir, acomodar detalles que sirvan para todos los países de habla hispana y conmueva a más de uno. Vender, pues. Y lo peor, saber escribir porque es verdad que en Argentina hasta los que escriben mal saben hacerlo. En fin, que a pesar del amargo sabor en mi lengua y el dolor de mis ojitos, aprendí bastante de esta lectura. Por ejemplo, que no hay atajos para llegar a sentirnos a gusto con quien somos, que el periodismo en la actualidad es una farsa y un cochinero (aunque ya lo sabía) y que es mejor que no nos amen si a cambio nos destrozan.

Para cenar a solas

Ya no hay país, cierto. Pero los botones de oro alumbran Bogotá y de este lado del mundo las mujeres hablan consigo. A los hombres se les va en la cuenta del dolor como un canto de muertos de 10 en 20 y 10 en 30.
`
De este lado hay luces. Hablan el lenguaje de las cosas porque en ellas crece el verso y el corte de otro día. No hay país. El aire se quedó sin bailarines a las nueve en punto de una cena. Salsa de mango, nueces, carne, aceitunas y el pavo coqueto. Una larga lista de palabras desdibujándose en las mesas. Tratamos de comer la paz que ya no masticaremos.

Y allá, en otra nación con sus natillas, alguien sabe que el honor ya no vuelve a explorar el cielo solo. Se deja iluminar por la bengala de lo que nunca enciende cuando es hora.

martes, 16 de diciembre de 2008

El karma europeo

Tabucchi salva Nocturno hindú. Lo digo porque me estaba aburriendo la novelita con su ritmo débil, desdibujado. No podía encontrar a uno de mis escritores favoritos, no le veía forma al argumento. Casi me deciopno y arrojo el libro a la basura porque luedo de Sostiene Pereira no se puede volver a escribir. Por fortuna allá por la página 68, cuando se habla de un poema de Pessoa, el libro se pone interesante. Se trata de un hombre que va a la India en busca de otro que es él mismo. Así que el juego con la idea del doble no es tan malo. Se agradecen, también, las descripciones y rápidos retratos de personajes arquetípicos, sí, pero con historias imaginativas.
Lo que no disfruté fue esta mirada occidental que a todas luces comprende muy poco la cultura de aquel país donde los dioses y las castas son lo único. Por momentos sentí el mismo rechazo con fronteras que impone Lowry en Bajo en volcán cuando describe a los indios. Sé que son visiones realistas y sinceras, que así se relaciona el europeo con lo que le parece extraño. Lamentablemente se trata de un desencuentro con el otro que sin querer impone su sentir imperial. Estos escritores no resuelven, porque lo llevan en su memoria genética, la bronca de nos impide encontrar a los demás con los brazos abiertos y la cabeza en alto, al nivel de quien lo recibe. El cónsul de Lowry está perdido. También el personaje misterioso de Tabucchi.

Saturno en ti

Esta llamada se parece al dolor de la ballena. Nos irá dejando sordos cuando se hunda un archipiélago, ese libro con islas que nadie destruyó. Por lo tanto en cada página renacerá el silencio con red y sus arpones.

Palabras como peces.
Delfines que son párrafos.
Muerte por agua, al final.

De ahí la nube de lotos que flota compitiendo con las velas, llamas en miniatura, pequeño infierno cuando todo acabe y digan que estuvo bien perderte, dejarte ir en la nave de leprosos con tu sentir de polizonte y capitán de la desgracia.

Me habré salvado entonces como en un cuento de sirenas.
Pero ya no querré olas ni metáforas de oro porque hablarán otra lengua mis pezones y en cada palabra un poro vivirá para el invierno.

La llamada cambia de color.
verdepurpurazulnaranja.
Este universo es un diagnóstico
de brevedad y muerte.

A lo lejos un planeta con anillos se ríe de la melancolía que provoca, de la paranoia de este mar y la duda infectando todas las mareas cuyos versos lamen la longitud del alma.

Lenta es la piel que se cae desde la mente.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Posdatas

Antes de que termine este día:

1. No lo viví en vano porque leí Historia abreviada de la literatura portátil y lloré, como siempre, con los finales de Vila-Matas.
2. Aproveché para lanzarle al mundo un ensayo que aquí se encuentra.
3. Tengo pendiente la segunda conversación con ese catalán.
4. Mañana me leo otra novelita de Tabucchi.
5. Estoy pensando mucho en qué clase de autora seré.

Nosotras, las outsiders

Ya no ocurrió. Camino por la banqueta de la tienda de la esquina a la casa de mis padres y comprendo, finalmente, que no vendrán con sus cámaras a preguntar si acá vivía una poeta, una ensayista ácida o la narradora que no toleró este país. Tampoco entenderán cómo soporté la canícula de junio y de qué manera logré cantarle al desencanto de mi generación sin nada. No, ya no pisarán este pueblo sorprendiéndose de que Alma Karla Sandoval fuera una shandy. Y todo porque asisto a otra ilusión perdida.
Lo bueno, hay más como yo que seguirán vibrando en un cubículo, en un salón con gente joven e ignorante sin más apasionamiento que la lectura de otros que sí se doblegaron. Nosotras fuimos niñas consentidas del gobierno y nos ganamos becas. Inocentes, viajamos a costa de esa ubre y el turismo sexual nos favoreció. Conocimos muchas personas porque asistimos a encuentros donde miramos el fracaso de las poetas menopáusicas y nos callamos que sentíamos compasión por sus versos. Nos quisieron seducir y lo lograron algunos vividores del arte. Crecimos un poco y nos llevamos a la cama a veinteañeros soñadores, ésos que ni idea ternían del perro romántico en su mente. Proyectamos, por ello, libros espirituales y cuentos eróticos. No nos casamos, por supuesto. No fuimos madres y las que tuvieron muy mala suerte, a pesar de ser lesbianas, abortaron.
Un buen día rompimos con las instituciones como quien abandona a un amante cuya agresión pasiva nos enloqueció durante corto tiempo. Entonces organizamos fiestas y tratamos de dar con las de nuestra especie. Lo logramos para sentirnos más solas y mejor acompañadas. La contradicción, juntas, era un veneno nada mortal. El feminismo ayudó un poco en Centroamérica. La filosofía fue shampoo para la incomprensión porque ya éramos tránsfugas.
No lo entiendo hasta el día de hoy que acabo de reordenar mi biblioteca y noto que ya ocupa todo el segundo piso del lugar donde crecí. Ahora que vuelvo a dar con un amigo guatemalteco en la lectura de Gombrowicz: "Siempre fui un outsider, un individuo que rechazó por principio coquetear con los partidos políticos, los grupos, los cenáculos, las embajadas. A decir verdad, no era ciudadano de ningún país, ya que mi condición era la de emigrado". Igual nosotras que buscamos con desesperación la manera más fácil de abandonar México. Nos salimos con la nuestra varias veces. Nos burlamos de los Consejos para la Educación, la Cultura, los Inmigrantes, etc. Nos lanzamos en contra del dolor gratuito y del amor tanto a lo Connolly como a lo Fromm con su Cohelismo sugerente.
La verdad es que nuestras mejores amigas eran amigos con los que no nos acostábamos porque el sentimiento era otra cosa. Nos gustaban los refugiados de la creatividad, los embajadores de la luna, los suicidas, los precoces, los colegas gay, las locas que no hacían más que bailar, cantar, pintar o masturbarse. Comprendimos que en esta época los que saben, porque sí leen profundamente, se tienen que ocultar. Máxime si eres chica y con la estupidez te salen ronchas. Con más razón cuando compruebas que camuflada en otros círculos, en otros gremios que no son literarios, tampoco encajas porque te dan asco los que se dedican a ganar premios y andar en jaurías.
No somos perfectas. Nuestro ser libertario le da de comer a esa sucia pasión por la verdad que nos empuja. Lo queremos todo fresco, chorreando sangre como la cabeza de un intelectual orgánico o un becadito del Fonca. Lo necesitamos todo apuntando hacia el personaje literario en que nos hemos convertido nosotras que con veintitrés éramos musas y nos dejábamos desvestir por otros que habían leído menos, pero disimulaban mejor. No nos traicionamos. Rompimos con la tradición para honrarla de otra manera, con la única arma que vale la pena alzar: el valor drogándose con una línea de vacío. Por eso somos escritoras que nadie va a reconocer. Como dicen por ahí, "nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto". O tal vez una estudiante del futuro descubra nuestros papeles olvidados y note que fuimos piratas y antropófagas, que nos comimos el mundo y las pieles de los hombres que nos enseñaron a escapar. Probablemente descubran que no fuimos egoístas, que pasamos nuestra sabiduría de poema en poema para que sólo pudieran entender las inciadas.
Van a transcurrir muchos años antes de esto. Primero tienen que derrumbarse los prejuicios sobre la literatura escrita por mujeres. La verdad es que a mí me vale un rábano lo que opinen los demás en relación con esa misoginia. Sé que lo bueno no vende, que mi país no sabe leer y que aunque tuvierá éxito, algunos muchos seguirían explorando mis palabras con sospecha. Igual ocurre ahora que soy una total desconocida y quienes me llegan a leer dicen que mi primera persona aburre, que escribo sobre el amor, como todas, que soy estridente, descuidada, etc. Lo primero que hacen es censurar mi prosa a pedazos, pero a Vila-Matas todos lo festejan. Luego que no tengo el suficiente carisma, como si escribir consistiera sólo en agradar. Un escritor no es un Polo-Polo ni el payaso sesudo que se atreve a expresar lo que otros se guardan. Creo que el oficio ya no es serio y esto no quiere decir que los autores dejen de ser ludófilos en la forma en que cuentan y arman o desarman sus historias.
Me explico, hay moldes. Las editoriales esperan que vendamos, que todo el público nos entienda como a Pérez-Reverte o Antonio Gala. Cualquiera se moriría por representar a una Isabel Allende o a una Marcela Serrano acabaditas de publicar. También necesitan escritoras cuyo erotismo levante ánimos y penes. Ésas son las rutas. Pero me niego a andar tramando intrigas como Gioconda Belli para que nadie más muerda mi gloria. No deseo llegar a tener el Rómulo Gallego pasando los setenta. El simple hecho de venderme a una universidad gringa que me regale un doctorado y por lo cual me trate como una chacha del cuento, me hace llorar. ¿Recibir un sobre con billetes por ir a leer poesía?, ¿aguantarme las presentaciones horrendas donde se dice todo de mi trayectoria y los premios que he ganado (ninguno)?, ¿tener precio y ser la niña buena del parnaso?, jamás. El problema para esas mafias es que existimos y saben que en nuestra obra palpita la literatura de verdad, la que nace a la intemperie, la que no llaman a ningún encuentro representativo, la que va de mano en mano y boca en boca con bajo perfil e intensidad verdadera.
No somos puras, cierto, y por eso señalamos las desgracias de nuestras letras. Naturalmente nuestro trabajo no se acomoda. Sin embargo, somos portátiles, Vila. Andamos por acá y atestiguamos, Villoro. Hemos perdido gente amada como a Espinosa, R.H., Rodríguez-Bravo, Ochoa y los que vengan, los que no se pueden comprar en vida. Andamos por ahí, diseminadas, en medio de este sangrerío de narcotraficantes y políticos macabros. Somos temerarias porque tomamos un taxi después de las doce en ciudad de México o en las fronteras de este país. También salimos con narradores, poetas y periodistas a quienes no les importamos. Sólo quieren vampirizar, que les enseñemos lo que no saben: la cita perfecta, la idea por la que serán recordados o la frase para enamorar a otra. Por eso y la abulia, viajamos mucho, pero leemos más. Y aunque ya no ocurrió, ya no vendrán a conocernos, a entrevistarnos, nos quedaremos aquí como la voz del poema de un chileno que soñó y realizó. Nosotras, las outsiders, podemos describir la pesadilla.

Paisajes invernales contenidos dentro de un globo de cristal

Primera conversación con Vila

Yo quiero ser la muñeca sonriente, toda vestida de rojo, que mira nevar ahí, en esa blancura de la que habló Bolaño. No envejecer jamás y escribir. Las palabras son aquella fuente, la de los locos alquimistas. Por eso necesito encerrarme en un globo y que venga la historia de la novela española contemporánea para que pueda soportar las vacaciones. Se me está haciendo costumbre una novelita de Pérez-Reverte al terminar el año. Otra de Muñoz Molina y el recuerdo de Marsé, así como mi búsqueda de Javier Cercas. Esto, junto con los 3 poemarios inéditos y el documental de nuestro detective, ya es mucha carga. Casi no puedo respirar tranquila en un ambiente donde todo es comprar. Débil, me uno a la orgía. Adquiero más de una docena novedades literarias y soy entonces, una vez que las he leído, la muñequita que prueba un copo de nieve azul antes de comentar el mundo en solitario. El globo, lo sabes, es un campo de fuerza.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Esa blancura en la que nos reuniremos finalmente

Como dice Fresán, hay dos tipos de autores: los lectores que escriben y los escritores que leen. Como Bolaño, he decidido ser de los primeros. No me siento a gusto, que es decir creo que me falta fuerza, si no escribo acompañada de lecturas. Hoy fue un buen día. Leí la narración más hermosa de Nerval, Sylvie. Coicido con Proust y Eco en el asombro. Estamos hablando de un libro enorme que duele. Encierra la meditación en tránsito de un poeta francés que dialoga oblicuamente con Rousseau. También con ese término que después toda la banda romántica y el mismo Bachelard, así como Beguin, utilizarían para entender la ensoñación de los artistas. El argumento es simple y se agradece porque una novela que sólo se sostiene por eso no vale mucho. Lo que importa es forma y profundidad. Los capítulos de Nerval no carecen de ello. Abunda la poesía vibrante y pronunciada en el mejor de los casos con un purismo que hasta a Gombrowicz le encantaría (también leí hoy una de sus conferencias en contra de los poetas) porque no es azúcar pura servida en un plato, sino más bien jarabe sobre frutas del bosque, delicioso. Así que lean esta nouvelle y sueñen. Reflexionen en relación con todos sus amores perdidos que no son porque siempre se confunden con una imagen primera, irresoluta, triste.
Ah, por supuesto que escribí un ensayo, pero eso se guarda donde escondo lo que algún día, tal vez, será publicado en otra parte.

sábado, 13 de diciembre de 2008

La cosa está así

He decidido gastar un buen dinero en libros cortos, que pueda leer en un día o dos y encerrarme tres semanas con ellos para escribir sobre cada uno. Si lo logro, tendré un libro terminado antes del 15 de enero con más de una veintena de narraciones y ensayos breves. No ha sido una selección fácil eso de las y los autores, pero ni hablar, imposible mencionar y mucho menos comprarlos a todos. Me encuentro en la librería del Fondo de Miguel Ángel de Quevedo y me doy cuenta de que estoy deseando emprender una quijotada, esas ilusiones de joven escritora que todos tienen. Pero la quiero, la necesito. Es una ilusión para vivir. Además, algo se expresa y no para, ya no. Es la hora, sé que saldrá algo interesante. Tal vez aquel libro que vengo soñando desde Bogotá. Y es que es ahora o sigo muriéndome sin comenzar a moldearlo. Noto que harán falta títulos, pero los buscaré. En este blog iré dando cuenta de mi avance. Ya hasta tengo un cronograma con que voy a arrancar el lunes 15 de diciembre. Para ello tengo que comenzar a leer ya. Por eso con su permiso, la literatura llama.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

De lo que vi este día y lo que tal vez venga mañana

-Un niño vestido de Juan Diego. Lamenté no llevar cámara.
-Una muchacha disfrazada de virgen. Ridícula.
-Varios regalos que no me dieron. Pocos deseables.
-El campo con cazahuates que ya se despiden. Me da tristeza.
-Un café con crema y vainilla. Pequeño paraíso.
-Mucha gente me cae bien. Sonríen.
-Mucha más que no me importa. Ni modo.
-Un escritor cubano cuyo alter ego es ser maestro de física. Buena prosa, con ritmo.
-Macetas de nochebuenas preciosas. Inolvidables.
-Un plato con palomitas al natural y salsa Valentina. Mi cena.
-Mi boca con brillo. Si no se reseca.
-Mails de amigas que extraño.
-El identificador sin la llamada que quería.
-La luna más grande que recuerdo.
-Un cuento corto que escribí con las jacarandas de la colonia donde pensé que amar era posible.
-Y por encima de todo, la memoria, ese aleph pequeñito que me obliga a volver a verlo todo.
*
Cuánta luz redonda y anaranjada con un conejo de humo por dentro. Y el autobús que no llega a la casa de mi madre. Menos mal que no soy hombre ni extranjero. El plenilunio se aleja. En tres lustros no habrá otra luz así de grande con estrellas desconsoladas a los lados. Mucho tiempo para volver a sentir la angustia en la mirada que se ha ido. Pasajera eterna, de acuerdo. La voz de una amiga y todas las camas en donde ya no dormiré, ¿qué habrá sido de ellas, de esos colchones y las ventanas que nunca me correspondieron? Uno ama a los lugares y regresa en nombre del museo de la experiencia perdido. Tal vez es cierto que permanecemos de otra forma, soñando.
*
Hoy compré un par de botas y volví a esquivar el viaje a la ciudad de México. Quiero hablar con alguien que no haga preguntas. Necesito escuchar una historia totalmente distinta a estos días con luna, casi malvas, pero grises cuando la emoción se va.
*
Releía a Eliseo Alberto, sorry, pero no me parece un gran poeta.
*
Voy a zamparme, por fin, otra novela de Baricco.
*
Mañana será otro día feliz, iré a ver libros y cenar con Brenda.
*
Comeré, espero, con Marco. Pasta, vino, mmm.
*
Y sobre todo, leeré, leeré, leeré.
*
Es probable que otra persona a la que quiero se me esconda, ¿se lo perderá?
Ven a comerte un higo debajo de esta oscuridad.
Ilumina con tu engaño la derrota de un pescador
y comprende que no hay miel
en el alto círculo de plata por el que apuestas todo.
Tampoco azúcar a las cinco de la tarde
con tu sonrisa de verano y de muchachas.
Ven, sólo eso, a derramar la culpa
y a dejarte timar como el colibrí al narciso.
Conozco el bosque para vivir de otra manera.
Es blanco, fosforece. Es más profundo y dulce
si lo recorres con la boca.
De aire será el amuleto para que la razón descanse en paz.
De agua también, con un lirio valiente por delante
cuando la noche se arrepienta
y alguien queme la torre donde el loco
cambiaba su semen por mis lágrimas.
El amor era un ejército de inviernos confundidos con alondras.
El amor era la lectura del futuro.
Anticipado despiertas por la lumbre
de lo que dolerá sin haberlo comprendido.
Pero de palabra y verdor nace en tu frente el amuleto.
Sobre él escupirán las nueve brujas de mi historia.

domingo, 7 de diciembre de 2008

La cicatriz del diluvio

En cada herida de lluvia
muere la verdad y el tiempo.
No somos más que fango,
nunca el hambre de la hiena.
La luna nos somete con su luz
y un camino de leche.
Vamos todos casi muertos,
esclavos de las nubes,
de la camisa amarilla y un grito,
el de la última vanguardia.
Llueve ceniza por eso
y no nos negamos a dar pelea.
Callamos con un vaso
de ron económico y alguien habla
de la mujer que está lejos.
Esa, la del cabello negrísimo, soy yo.
Y echo a perder este poema
como quien llora sin pausa
por todas las cosas que nunca pasaron.
Acá el poeta tormenta sigue vivo.
Acá hablo sola con los suicidas
y en cada carta somos amantes
sin habernos dado la mano.
También espero
y corto mal la corriente
de mis versos nocturnos.
Me derrota la conmisceración
con flores y un rastro de rocío
y la verdad que no escapa
de las nubes hipócritas.
El tiempo se pone verde
en la eternidad que se hunde.
Un minuto de agua y sal oscura.
El llanto de la primera persona bajo un portal
para no morir entre los rayos del aguacero.
Ella, con paraguas autodestructivo,
se le esconde a un martes en París
porque los caballos renuncian
en ciudad de México, donde no estoy,
y alguien relincha, triste.
En el café La Habana nuestra historia quema.

viernes, 5 de diciembre de 2008

No iba a dejar de llorarte con este vestido atado a una membrana de adiós. No iba a liberar al pez dorado de tu huida y esa cascada que revienta en la oscuridad sin un madero poroso, sin la creciente de un instante buscando la espesura del pantano. No lo iba a lograr con estas botas prestadas de cazador, con estos aretes y un pararrayos. La derrota es un pétalo que se hunde donde la muerte responde y la sangre que busca es palabra líquida. Mejor el silencio y mis brazos extendiéndose. Son dos espinas, dos canciones delgadas que no atraviesan la cera ocre de tu oído. No iba lograrlo. Caí gracias al resplandor de la envidia y sé que la fortuna no será un cuerpo extraño y luego una perla; que el cielo es insípido y venenosa esta hora como un beso cansado. Retomo el racimo de noche que fui. Marchita sensación del sueño, desértica.

Herido de cazahuates, el mundo

Teñido de aliento y balas.
Lo bello, lo peligroso,
la cola del caimán
y otra forma de romper tu columna.

Las flores de un árbol,
mi odio y un juramento que humea.
Dos pares de alas inútiles,
mucho plomo: temor ácido.

Cachorro con forma de pan.
Se deshace el perro que masticas
cuando la noche llora sus llamas.

Lo secreto, el espinazo del amor
por el nunca y las bromas de más nubes.

Canta el dolor con venas en el aire.
Este es el mundo,
un niño en carrusel macabro.

martes, 2 de diciembre de 2008

Enriqueta, de pronto

Para Brenda Ríos
porque no llegué a cenar.
Para Mario Mejía
que como ayer in-forma.
La releo aunque una extraña sensación, la de no haberla conocido, me invade: uno de sus poemarios brilla en la mesa. Escribió la dedicatoria con tinta oscura y mi nombre con "C". Esos trazos cursivos, esa esperanza "de una nueva y luminosa amistad", no enfrían el cuento. Una tarde de 1999 fui al taller de Enriqueta Ochoa. Nadie me invitó. Leí en el periódico el anuncio. Tomé dos metros, caminé varios minutos y me perdí. Llegué tarde. Encontré cuatro personas. Una chica de cabello largo y lacio, morena, leía su texto donde aparecía una guitarra. No me gustó por cursi, pero la maestra lo celebró. Luego me enteré de que iba a publicarle un libro porque ya era hora después de tantos poemas.
Sufrí un poco, la verdad. Noté que mi estética nada tenía que ver con lo que Ochoa consideraba estar bien escrito, hacernos sentir. No regresé a su casa porque no era el lugar de mis versos oscuros, siempre buscando neblinas o centros rotos con decenas y decenas de imágenes extrañas: zoologizaciones sin cura, ritmos despiadados (al menos eso dijo la crítica de mis textos de veinteañera), en conclusión, nada que ver con la adoración sin límites de los talleristas por Enriqueta y las frases dulzonas que aquellos chicos convocaban.
Pero como afirmó el sabio Kurt Cobain: "La voluntad del destino es indomable". Encontré un taller donde me sentía cómoda hasta que los excesos de poesía me alejaron de ahí. Pero llegaron las becas, los viajes con el recuerdo oloroso de algunos poemas de Ochoa. Porque la leí con rigor, la imité incluso en esos textos donde la hija predilecta de Torreón baja al infierno. "Hambre de ser" es un gran momento. En ese poema María Zambrano y Enriqueta Ochoa coinciden. El punto de intersección es el orfismo.
Ambas sabían que se debe intentar el rescate de Eurídice (que no se trata de una mujer, sino de un símbolo) y después regresar para no volver a mirar el mundo con los ojos. Luego de aquella oscuridad se ve con las manos que escriben o rasgan el cuerpo de la lira. Se reconoce el mundo con la mirada de Edipo una vez que se arrancó las córneas. Es un extraño acercamiento que permite entender la muerte, "somos un bisbiseo que eclosionará al encontrar la palabra final", según palabras de esta autora nacida en 1928 que no confiaba en Dios y por eso creo que no es justo catalogarla como una poeta mística. Desconfío de esta clase de escritores, lo confieso. Enriqueta lo iba a entender: "Siempre que escribía sentía una voz que me dictaba y ella nunca me autorizó a hacer público esos dictados. La desobedecí. Yo le tenía miedo a esa voz y creía que era Dios. Después fui comprendiendo muchas cosas y me di cuenta de que tenía que hablar, crecer y vivir. Viví y sufrí mucho, más tarde".
Esta es la artista con la que me quedo, con quien sí doy al releerla. Ochoa sabía que el poeta no es un ser maravilloso dotado con dones que iluminan el mundo. Realista, muchas veces explicó que el poeta es un condenado al dolor y a la desgracia, que el canto no se le da por la ruta de la normalidad afable, que quien presta su cuerpo a la poesía nunca logra sentirse adaptado. Por eso no gustaba de la autopromoción, los festejos y los grandes homenajes aun cuando se le rindieron algunos. No compartía la idea del poeta como gestor cultural. Su aparente bajo perfil obedeció, tal vez, a un respeto inalterable por su personalísimo timbre que "buscaba la profundidad del espíritu", ¿lo ven?, poeta órfica.
Así que me duele y no que haya muerto. Deja un diccionario de imágenes de los autores que la marcaron y una obra más que decente. Marianne, su única hija, es una poeta capaz de decir que la envidia abre zanjas en el suelo. Ella también escapa de los elogios, los encuentros, los festivales. Quizá esta es la mejor forma de ser, con hambre de nacer del todo, en las aciagas hectáreas de la poesía.

Piratita mío

Rayó todos los muebles de mi cuarto con una "Z". También rompió una ventana. Dejó sus vasos con nieve de nuez en donde duermo. Fue con chismes sobre mi conducta con su abuela. Por si fuera poco, ha pegado un calcomanía de Johnny Deep en el comedor. Es mi sobrino Áxel, que juega a ser El Zorro o el amo y señor del Perla Negra.
Tampoco hoy yo me siento una heroína.

Más de 300 golpes

Este el post 301. Si le agregamos varios otros que por salud mental y protección política eliminé, resulta que he escrito más de una entrada diaria en este blog durante 2008. Y nada ha cambiado. No me he visto favorecida ni perjudicada. He tenido pocos lectores. Algunos más fieles que otros. Sé que he asustado a los demás, que les he caído gorda por soberbia, dizque sabelotodo y amargada. Comprendo que aburran los poemas. A pesar de ello recibo muy bien a los que vienen y se van: los saludo y beso cuando llegan e igualmente cuando se marchan sin decir ni pío. Eso me gusta de los blogs, que no tengo que ver a nadie a sabiendas de que es la última vez porque ya no nos queremos o porque ya nos sabemos todo lo importante. Es cómodo andar por ahí leyendo sin cadenas. También una puede ser invisible y visitar muchas veces un blog sin que nadie se entere. De mirones andamos todos, de metiches, de ojos que pecan sin conectar con los dedos para dejar un comentario. Eso somos, negligentes, y está bien. Admitimos esta nueva manera de acercanos sin tocar, sin oler, sin probar, sin oír, en suma, sin estar. Vaya nueva forma de seguir viviendo. Será que nuestro enmascaramiento bloguístico es una escafandra por más desnudos que escribamos, por más verdades que se escupan y se olviden.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Selene recuerda

Ese diálogo,
el hambre que come
de tu boca dulce
cuando atardece
sin el filo de una hoja;
sin algodón que empapa
de lluvia
lo que escondo.

Esa palabra baldía,
de mucosa cuyo color
es un secreto,
longitud de combate,
ladrido de otra época.
Otros años,
lo entiendes,
otra manera de contar
nuestras mentiras
con té de canela,
cerca de las montañas
que es decir
en otro aro de fuego.

Ese lunar de Orión,
esa comisura
finalmente inhóspita.
Ese dolor
que llevaba a tu risa
y mi carcajada
sin una gota de whisky,
sin el estimulante del viento
o la palabra
de un charlatán impotente.

Ese diálogo
sin que mi lengua cantara
cuando la noche
y cuando dios
si caía la estrella
del destino;
si había que dibujar un mapa
para encontrar la salida
de tu alcoba
al mundo que detesto.

Chistera de maga

Ser joven, cargar un corazón pulverizado.
Olerlo después de cuatro días,
al salir con rumbo a una prisión.
La escuela, su látigo de números
y de nuevo el corazón hecho polvo
en la banqueta de los lunes
y el domingo abierto a las heridas negras
porque eres joven. Avanzas con la música de Calle 13
y catorce veces perderás la compostura
en la esquina de una desesperanza sin condón,
quieres morirte de verdad.
Eres joven y esas píldoras son bellas,
ventanas que traen el arco iris,
caminos amarillos de los que nadie te echará.
Ahí tu corazón no puede agrietarse,
ahí nunca revienta el granizo de junio
tampoco el fuego de un jet.
Hablo de un corazón invencible que no entra
como droga en la nariz del otro, ahí,
en el abrazo de un loco desnudo,
con la verdad de los vampiros de traje y tarjetas.
Todo es digital, la carne, la mañana,
el amor en recipientes y la sangre del excusado.
Perfume de tacos de canasta,
perfume de balacera y más vidrios.
Tu ciudad, atolón de injuria.
Tan joven y débil.
Tan hermosa y podrida:
pierdes las clases y el honor.
Trabajas en la oscuridad de un cine.
Soportas el odio y sus capullos de hogar.
Toleras la bofetada del sueño.
Yo sigo el dolor de tu mochila,
se mueve como la paloma enferma
que va muriendo en mi bolsa de piel falsa.

Romper cadena

Ayer recibí una llamada, luego de que mi cumpleaños fue una calamidad de ausencias, promesas rotas, golpes bajos de mi hermanita y engaños de chocolate, que me orilló a pensar muy seriamente en abandonar este país. México está más podrido que nunca. Hoy me levanté con la novedad de que en Tijuana aparecieron otros 7 decapitados y al sur, en la frontera con Guatemala, más de una docena de muertos. Lo de siempre, enfrentamientos entre narcotraficantes. De punta a punta esto es violento. Antes de dormir miraba un reportaje sobre las violaciones que se perpetran cada minuto, sobre esa descarnada, pero invisible violencia en contra de la mujer. Las estadísticas son alarmantes y yo, como todas, participo de ellas. Acá, en el país del mariachi, 7 de cada 10 mujeres afirman haber sido maltratadas ya sea un un espacio público o privado; por sus jefes, padres, novios, esposos, hermanos, desconocidos, vecinos, hijos, amigos, etc. Todo es violento, lo escribo otra vez, todo, hasta el aire de este primero de diciembre con crisis económicas. Y si lo de afuera acusa putrefacción, lo de adentro no se queda atrás.
Tener amistades en México es muy riesgoso. En Morelos no se diga. Está nación, como buen territorio latinoamericano, se nutre de la cultura de la simulación que atraviesa nuestras palabras y actos. Los mexicanos decimos que sí, pero en realidad es no. Mentimos. La deshonestidad, aunada a la hipocresía que conlleva es una enfermedad con la que se tiene que aprender a vivir. Si no lo logras una buena noche te entran ganas de morirte, de ser valiente y de plano tomar veneno o reventarte la cabeza. Los mexicanos juegan al "yo no fui", los amigos no son lo que parecen y las traiciones siempre están a la orden del día. Por más que una o uno se fije con quien se asocia, en qué persona elige para confiar en ella, todo intento y precaución sale sobrando. La gente dice que pasará a verte y no cumple. Ya son míticas las tres mentiras del mexicano que ilustran muy bien esto que digo:
1. "No más la puntita"
2. "Mañana te pago"
3. "La última y nos vamos"
A las que podemos agregar muchas, muchas otras a todos niveles desde el "eres la única", hasta el "yo no sé nada". Corrupción, ignorancia, pobreza y violencia han hecho de nosotros estas frases y este estilo de vida donde sólo importa cuánto tienes, qué carro conduces, cómo te vistes, dónde trabajas, qué pareja traes. Sociedad podrida. Y la clase media es lo peor entre lo peor. Todos queriendo irse a Estados Unidos, hablar inglés, ser rubios a toda costa. Hay que verlos para sentir lo que es la lástima y luego, al comprobar que no demuestran culpa, lo que es odio por tus compatriotas a quienes les urge tener y tener.
Los miro llegar en diciembre en sus camionetones con placas gringas. Su ropa parece nueva, pero en realidad la adquirieron por libra en algún remate o si en verdad no es usada, se nota qu caminaron por más de 20 malls buscando la oferta. Ahí van, con la música a todo volumen, desparramando su spanglish de cuarta; tapándose la naríz cuando atraviesan el río de Jojutla, quejándose de tanto atraso y de cómo se conduce la gente "jodida". Ellos no. Ellos se autoseleccionaron para dejar de ser como los demás y su superioridad no se discute gracias a la cadena de oro grueso, la melena dorada que cae sobre una piel oscurísima y los dólares que se les hacen muchos pesos que gastan en cervezas, regalos de plástico y paseos por toda la región.
Ya no se acuerdan de nada y comen con gusto sus tortillas cuando nadie los ve porque una hamburguesa es lo que más les gusta ahora. Y es que aprendieron a simular mejor, no a dejarlo de hacer en Estados Unidos, ese otro país donde supuestamente reina la honestidad y a los policías sí se les respeta aunque nadie se explique el porqué nunca atrapan a un narco de piel clara. El sueño americano de esta gente que viene a pasar las fiestas por acá no es otra cosa más que una "pesadillita" o un mal sueño soft de cara al infierno cotidiano que soportan en la tierra de las barras con estrellas. Trabajar y trabajar, ser un esclavo y vivir feliz de serlo. Darle gracias al nuevo dios que te presentaron los domingos de que tienes un empleo y guardas dólares para volver y construirte una casita. Mientras más trabajo, más esclavitud, hasta que un día enfermas y el cemento y la roca no sirven para nada, al menos ya no para ti.
Por eso me largo. No soporto la medianía intelectual, la medianía del alma, la poca vergüenza ni la violencia que como sereno de la aurora se le pega a una. Siento que si no escapo pronto, me convertiré en ellos y en ellas: los que ya no leen, ya no sienten, ya no piensan porque la esclavitud los ha vencido.

Otro recadito y recomendación

Keridas y keridos (con esta letra porque tiene mucho de Kakfa, de Mariana y de mi nombre):

Los invito a que visiten http://www.revistalunapark.com/ donde escribí un texto sobre los blogs de algunos amigos de Guate. Sé que esa crítica levantará ámpula. Cultiven la flor de su morbo y lean eso que también debí publicar en este espacio.

Mientras besos y abrazos a las y los que se asoman a este blog.