sábado 29 de noviembre de 2008

Primer obsequio

Me regalo este poema de Ángel González:

CUMPLEAÑOS

Yo lo noto: como me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

viernes 28 de noviembre de 2008

&

No lo cuento. No.
Aire violeta que sopla
si baja un demonio
y me le escapo.
Pero llegan más
y cierro el ojo.
Pesadillas.
Sin poema.
Versos de cal.
Un vidrio azul.
Un mendigo obeso.
La calle esbelta.
El ritmo negado
y más aire,
más incapacidad.
Una palabra sin ella,
frases con complejo y lupus.
Un mundo bonito, a lo lejos.
Montañas,
la casa y el orgasmo.
La violencia a las nueve
y esa taza vacía
y la sangre
y el hijo que no llegó.
Todo fue una raíz arrancada
y el chile en polvo,
con limón, de la tierra sola,
de la jícama en pedazos.
No lo cuento, no.

No me gusta que mañana sea mi cumpleaños

Debería mentirme y hacer como que no pasa nada, que no desayunaré con mi madre ni comeré con un amigo, que no estaré esperando ese telefonema ni lucharé en contra de mi necesidad de más zapatos, de muchas horas en una librería llevándome, sin parar, todos los títulos que se me antojan. Comprar literatura y joyas de mar, hermosa manera de ir dilapidando los recursos sin pulir ninguna esperanza. Sé que no encontraré sentido en la cultura ni todas las libras que he bajado, tampoco al fondo de una botella de mezcal ni en los restaurantes costosos; entiendo que una blusa nueva no suple esta hambre de palabras, esta tristeza inaudita porque voy a morir sin haber leído todo lo importante, sin escribir lo que espero, sin cumplir años en calma, sintiendo que sí soy de este lugar, que esos otros son los míos y que no hay por qué mentirles, que ante sus abrazos no hacen falta los escudos.

Últimos 32

Último día con 32. En otro tiempo escribiría un poema. En otro país me sentiría más sola. Con otro cuerpo sospecharía que me usan. Con otro color de cabello nada iba a ser distinto. La gente falla, pero no los versos. Las personas dicen que vendrán y se fugan. Todos tenemos un látigo por presente: trabajo, exigencias, cansancios, preocupaciones y mentiras que se nos amontonan como caspa o mugre, como esa grasa de la sartén que no se va, como las promesas que teníamos de niños y ahora nos parecen naves de ternura. Sí quería ser esto de niña, esta mujer que escribe para nadie y para todos, un ramo de futuras historias y más, muchos más libros rodeándome, son lo único que permanece, lo que en realidad siempre se queda.

jueves 27 de noviembre de 2008

Afinidades electivas

*
Cuando nos volvamos telépatas no habrá más distancia y estaremos juntos con nuestros pensamientos que jamás van a herir al otro. Muy cerca estaremos sin necesitar de los aviones, los autobuses, sin depender de la energía y el combustible. No hará falta que escriba tanto y sin retorno, que pase días enteros sola, tratando de recoger de cualquier rincón del recuerdo lo que tenía que decirte y no pude porque interrupías con tu miedo, con tu amor por el dominio y la luz que no quema, con toda esa maldad de fondo que tiene el mundo donde las mujeres son Evas arrastradas al dolor cotidiano. No quiero eso ni tengo que elegir entre perderme y extraviarte. Seremos telépatas en otra vida, en otro tiempo donde el que escriba serás tú y yo, en una ciudad que me acoja como vagabundo, volveré a pensar con nostalgia por la mujer que nunca conocí.
*
Chatea con las dos al mismo tiempo. A ella le dice que sólo le gustaba su cuerpo voluptuoso, que nunca fueron amigos. A mí me recuerda que como amantes pudimos ser dichosos. Nunca lo besé. Está en París, pero en Lima y en Buenos Aires al mismo tiempo. En este instante lo regaño, no es bueno que torture a la peruana. Afirma que es sólo la cuestión del cuerpo, que no es fácil encontrar un buen polvo rápido. No puedo corresponder a su carcajada. Un cómplice así deja de gustarme pronto. Pero cita a Goethe y el acoplamiento de los cuerpos. Todo es piel en su conversación, todo es un elegir lo que es afín a uno y olvidar lo que no, lo que dura más de dos años y medio, lo que dura cinco si hay frutos de carne. No cree en el amor, por eso es mi amigo y no mi amante.
*
Esto podría ser otro país. Esto es el latido rápido de una obra que comienza. Lloro, ya está aquí esa señora con una tonelada de frases que se abren como hadas con perfumes insólitos. Son tantas que tienen vocación de plaga y me asusto. Todo estaba bien así, en silencio, en la incomodidad de quien bloqueado espera un libro, no este milagro oscuro.

Otra vocación

Pasaré todo el día en pijama, escribiendo. Tengo que pensar en los chapines y sus bitácoras. Inauguraré, luego entonces, un nuevo género: la crítica de blogs.

miércoles 26 de noviembre de 2008

El lecho injusto o breves notas del último encuentro al que asistí

De este lado me crecen los recuerdos de las poetas que conocí en Oaxaca. De este otro, una flor con espinas que es decir la imagen de la que debe ponerse a escribir un poema y retrasa dicho orgasmo, me oprime, pero juego a la rebelde. Me quedo, entonces, con la primera ubicación y los acentos extravagantes, las voces enrarecidas de mujeres comeaños y las que esconden su verdad en textos no tan profundos. No sé si en realidad había sólo diez poetas en el último encuentro de Mujeres en el País de las Nubes. No me importa si coincido o no con los secretos enterrados a gritos. Lo que importa es que me subí de nuevo a esas naves de leprosos y leprosas espirituales que son las y los poetas.
Reincidí en un encuentro por varias razones, para empezar porque sólo con quienes persiguen versos e imágenes me siento segura. Sólo estos seres logran entender mi búsqueda y sus errores se parecen mucho a las tragedias que arrastro. Me gusta, además, escucharlas, ver su inocencia y el modo en el que disimulan lo peor de sí mismas porque subiendo y bajando de ese autobús sabemos perfectamento que nadie se muestra en realidad como es. Ni la anarácnida que en realidad lucha en contra de su corazón de pollo ni la tica que no puede parar de ingerir antojitos. Nadie dice que le duele la poesía. Tal vez fingen, tal vez no. Lo cierto es que para casi todas la poesía es una medalla o un sino del que se enorgullecen. No les creo.
Puedo apostar que por debajo de ese viaje a leer sus poemas en la mixteca hay deudas y pleitos con amantes, familiares. El disfraz de poeta sale caro. Esos rebozos, collares con piedras raras, esas blusas mexicanoides, esos sombreros, esas bolsas que vienen de cuentos lamentables y los zapatos de otro mundo no son cualquier cosa. Hay que agregar los libros que se cargan o los folletos con poemas que con antelación se corrigieron, hay que pensar en los caminos de llanto y golpes, de autoconmiseración y berriches porque siempre existe alguien o algo que no nos deja escribir. Con todo, ellas van y vienen, creen en sus palabras y las leen como si en ello se les fuera el futuro. Pero siento mucho opinar que la poesía es una puta cruel o una dama caprichosa a veces con mal gusto. Se da a quien no lo merece, se deja toquetear por el más abyecto, por el desalmado, por quien no la quiere en realidad o no la aprecia en todas dimensiones. La poesía, misteriosa, duerme en camas que no debe.

martes 25 de noviembre de 2008

Repentina

Una cree que puede dejar de escribir y hacerse pato. Dejar que la vida se convierta en un racimo de horas con más o menos fortuna, pero no. Una es adicta a la palabra, a la ilusión del diálogo y el enamoramiento que conlleva. Sucede que escribimos creyendo que hay otro u otra más allá del mensaje que nos seca la boca o agita eso que nombran alma y yo siempre identifico con la angustia. Da miedo no poder decir, no lograr comunicar, máxime presenciar la reproducción del silencio como plaga que envilece nuestra condición de entes sensibles o, para ser menos dramáticos, la vocación cuyos tornillos se entierran en el devenir de nuestras identidades. Lo digo porque una poeta puede jugar a ser cuentista al mismo tiempo que ensaya con el silencio que la lleva a pasear. Una piensa ser el amo, pero en realidad somos la mascota con cadenita en el parque de la inspiración fastidiosa. Él nos lleva, él se digna a darnos un poco de viento y no hay salida, no hay otra seducción más potente que la necesidad de darle fin al almacenamiento de aquel temor a dejar el lenguaje por la paz. No es que escribir implique siempre una batalla, no. Más bien se apuesta la reconciliación. Bien dicen por ahí que la escritura se da cuando se han vivido todas las derrotas cuando hablamos, todas. En la raíz de esa tragedia irrumpe la soledad que se defiende y entonces escribimos. Será que a esa hora reflexionamos también sobre lo que debió contarse, revelarse, confesarse y por eso a muy a menudo la escritura, perezosa, lenta, sin mucho valor, llega tarde al otro. Pero llega y depende del azar, de que la persona a quien iba dirigido el mensaje se vuelva para encontrar, finalmente, lo que debió decirse a tiempo. Entonces el milagro opera y la escritora sabe que no todo fue su culpa.

jueves 20 de noviembre de 2008

S.O.S.

El abismo trepa y no en vertical.
Posee razón de raíz, de patio solo.
El abismo es la geografía del beso
cuando se abren nostalgias peligrosas.
Has mirado esa flor noche tras noche
porque los pétalos van derriténdose
y no se puede decir cómo revienta el cuerpo.
Son, tan sólo, las patas del ahora, la floración,
pero la piel repta por el mundo, reloj árido.
He aquí otra verdad con sus pezuñas
y el sol creciente, sin oasis.
La carne se lleva lo mejor del espejismo.
Te maniata abismalmente.

miércoles 19 de noviembre de 2008

Preludio a las "Vocaciones malditas"

Sería interesante pedir auxilio ahora. Estoy en la terminal de autobuses de Taxqueña. Cargo esa mochila con mezcal, cosméticos, libros y basura. No suelto esa otra bolsa dizque de palma que me regalaron en una escuela marginal de Huajuapan de León. Tampoco logro desasirme de añejas confusiones. Esta ciudad me duele si voy en taxi, si la camino, si compruebo que los periodistas, tal cual me lo dijo el autor de Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, son unos verdaderos hijos de la chingada.
Me plantaron. Leí ese poema en la sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes, esos versos que escribí en Guatemala luego de saberme completa, con los míos, en el parque de Quetzaltenango entre la conversación de Ana Gabriela, Ezequiel, Alejandro Marré y Leonor Silvestri. Por eso me habría encantado que Javier Payeras y Carlos Cabrera escucharan esa pequeñita ovación. No me aplaudieron a mí, sino a lo que sentimos todos los poetas de nuestra generación por estos rumbos. "La luna estaba en Cáncer" no es un texto para Mario Mejía, más bien un diálogo con los amigos de Centroamérica que tanto me importan. De ahí que no dejo de pensar que los amores valen poco en comparación con las parejas, los tríos y las orgías emocionales en nombre de la literatura. "Parejas de lectura, de escritura, nunca de cuerpos", diría Montserrat Ordóñez. ¿Será que en esta época de crisis y viajes cada vez más negados por las mismas circunstancias, son los amigos quienes sí van a salvarnos? La verdad es que no sé a qué me refiero con eso del rescate. Probablemente lo que uno necesita es cómplices para lanzarse al abismo que significa ser poeta, narrador, cuentista, músico, pintor y todas esas vocaciones malditas.

lunes 17 de noviembre de 2008

Es cierto: soy una escritora con varias obsesiones.

Esta derrota

Porque tal vez sólo pongo letras donde nadie mira,
en esa corriente de agua memorizando el camino de lo que la mañana esconde,
ese recuerdo con jacarandas y café en una ciudad que existió para la duda,
por ella y nadie más, por ella y mi vientre de centauro que se escapa
porque vine a recorrer el monte entre el maíz
de las flores con su fuerza de india;
porque vi a la Virgen de la Soledad con su rebozo
y probé lo que la tierra masculla mientras olvidé la proa de un beso.
Uno besa y cree en la cosmovisión del papalote,
en todo lo que sabe irse porque necesita hundirse en arco iris con hijos,
todo aquello con amatistas y cantera verde,
aquello atravesado como el aullido de un animal de pelambre naranja,
de instinto creciente en el rincón más turbio del mal que sabemos tejer por miedo,
por este aire en nombre de la mentira que caerá color granate.
También nos perdemos y la tierra se vuelve surco amarillo
y hay montaña suficiente para morir,
desmembrarnos mientras el espejo repite que seguimos completos.
Sólo la manzana de Adán estaba entera antes de la costilla que no soy,
que no fui porque la mujer y la dueña para resecar el ánimo en la jaula sigue en trance
apesar del comején de Luvina, del caballo y el ave, de aquel hombre escarbando
en el lomo del mundo para dejarme ir
y las nubes, esas vendas que no curaron ninguna herida,
ningún canto de barro, de las cuales nunca llueve resignación.
Quise ser pirata y dejarte sin perlas, sin amor para renunciar a la isla,
quise dejarte en blanco e irme con esta maleta sucia
y el ritmo de un aquelarre a las ocho en punto
con los tacones bien limpios en el trabajo.
Pero aquí estoy, andaluzamente te recuerdo,
y lo indígena que me contiene obliga a escribirte,
endulza el veneno y su perfume. Bebélo serenamente,
como si fuera chocolate, como el sudor en la cama donde estuve sola
para perder esto que dije.
Lo que dije, lo que dije, lo que arrabata el viento gris y la tierra levantada;
yo no soy la que lo dijo las líneas de alla arriba.
Tampoco una bestia con pezuñas, menos la de la falda con serpientes
a pesar de mi sangre puntual,
de mis turquesas y sus corazones bien labrados;
lo que dije es la muerte de todas la puertas del laberinto rosa
de esta piel. Te perderás. Y al encontrarte el toro y un león
podrán decir lo que no supe:
que habitamos un muro de agua,
que me até al hilo de oro de la verdad de mi cuerpo,
que intenté borrar el aura de tu celda.

domingo 16 de noviembre de 2008

Para los que leen y nunca dejan comentarios

En Oaxaca, sin mezcal, digo que hace mucho viento y me compré un rebozo. Necesitaba algo negro para entender lo que afirma en un poema Yamilé Paz Paredes, "la razón es un zorra estéril". Algo negro, claro, para calmar mi ansia de aretes luminosos, dorados, de esa india que llevo en el alma y escondo, pero siempre se me sale cuando protesto y digo, como ahora, que en Oaxaca, sin mezcal, me compré el tiempo de escribirles con rebozo.

viernes 14 de noviembre de 2008

Mirando al Señor de los Corazones

Cómo lograr que te quedes por encima del deseo y el augurio de la realidad cerrando puertas.
Cómo dejarte bendito con este sudor de aro de fuego y el llanto por el cobre de la vida.
Cómo evitar que se borre otro tatuaje con el sabor de tu lengua que me sigue.
Cómo renunciar a los trapecios, a los pasos del semental, a este mundo de gracia dolorosa
y la risa cuyo filo es de la obsidiana que vive en el silencio.
No lo sé.
Hoy leí poemas con mujeres y vampiros.
Hoy lo supe mirando un arete de jade y las esmeraldas que llevo en la memoria.
Hoy regresé a la tierra clara con tus flores, a tu ritmo atolondrado,
a la bohemia sensación en una ciudad que ya no existe.
Y mira, me pregunto, cómo deshacerme de la herida que te haré cuando me vaya
para no leer aquella brújula ni sentir tu látigo,
para reír con tu discurso,
con el aire roto en mi labio que te busca
en este instante mixteco mientras una avispa vuelve a sus orígenes
y te pienso frente al plato con las sobras de lo que hemos sido:
no una carta, nunca un papalote
Sólo dos que vuelven a la hoguera, al viejo círculo de sangre.

jueves 13 de noviembre de 2008

De agua es tu signo

Así que esta es la montaña donde sembrar lo que no dije,
por ejemplo, que los amantes vuelven a la piel querida
como racimos de cazahuates a la boca del venado,
como la estación que cada década repite
el vuelo de las aves en mi horóscopo,
la carta del tarot uniéndonos
y esta migración con tu beso abriendo el mundo.
Me consuela la estación salvaje que convocas.
Todo muta en la complicidad del tiempo de nosotros:
la luna arde en nuestro aullido.

Notita de Mixteca

Estoy en Huajuapan, invadida de monte y luna. Pinta bien este encuentro de poetas.

domingo 9 de noviembre de 2008

Shhh

Un abrazo sin importar la pesadilla de cruces en el desierto.
Dos horas para dormir y el campo verde.
Una palabra en el oído, tibia, segura.
Una mano de madrugada que saca a bailar al cocuyo.
La risa con lluvia. El frío sin disfraz. Amanece.
Y todos los poemas que caben en la palma del paisaje.
Y el silencio sin azúcar con soledad, que nada en el capuchino.
Y el crimen que nos rodea.
Y la necesidad con su caricia.
También hoy lo que piensas está escrito en el periódico.
Y un cuadro de Remedios Varo, una canción secreta.
La cama, al final, sigue creciendo.

Vivas se las llevaron y vivas las quieren de regreso

Bajo Juárez es un documental de donde mana mucho llanto. Algunos van a indignarse cuando se enteren del manejo foxista de los feminicidios de Chihuahua. Otros reirán cuando escuchen a una ex fiscal decir que Juana de Arco fue la primera mujer que "vendada, fue a la universidad cuando sólo iban los hombres" . Lo que sí, la cinta vuelve a demandar nuestra atención frente a la impunidad. A cientos de mujeres las violaron, estrangularon, mutilaron y no se ha dado con los verdaderos culpables. Se han fabricado asesinos y se han encerrado hombres que luchaban por el esclarecimiento de las muertes de sus familiares. Sólo burla, sólo defensa y encubrimiento de personajes tan oscuros como poderosos de la mano de la incapacidad para seguir el hilo de las investigaciones periodísticas que señalan no a uno, sino a varios asesinos donde está involucrado el narco que es decir las grandes cúpulas del poder en México.

jueves 6 de noviembre de 2008

A las ocho

Si te hubieras subido a ese automóvil
no habría nacido este poema.
Nada como una estrella para abandonar tus ojos.
Los árboles comienzan a crecer en la tierra azul marino.
Noviembre es todo sombra para el cielo
de mi lágrima a escondidas.
Nada como el camino para sepultar
lo que el campo nos revela,
lo que algún cocuyo pronuncia alrededor del cuerpo,
de tu voz de resplandores en lo oscuro,
de la mirada sedienta de otra luz.
Nadie como el dolor para beber de lo que digo.

martes 4 de noviembre de 2008

De último momento

Una nave se desploma en la ciudad de México. Dentro de ella viajaba el Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y un ex Subprocurador, ambos y otras 6 personas perdieron la vida. Macabro y raro. Esto es la realidad y sus verdades que superan, como siempre, las mentiritas ciertas de la ficción.

Las Doce Verdades del Cielo

Una vecina se asoma a la ventana en el pueblo donde vivo. Saluda y después comienza a preguntar por mi padre. No demora en decir que le rece a este santo o a este otro. No sé qué responder, soy atea. Pero la señora que vive a dos calles y en un tiempo vendió pozole, me pide una mano y reza. Asegura que Santiago Apóstol obra milagros y que con su manto rojo nos cuida, nos protege. Las palabras salen con luz y velocidad de su boca. Frases que ennumeran doce verdades divinas, desde las dos tablas de Moisés hasta las 11 mil vírgenes y los 12 apóstoles. Al terminar la oración relata que La Magnífica (para mí no es una oración sino un poema) es capaz de curar a cualquier enfermo, de hacer realidad prodigios. Entiendo poco las razones de mi vecina para pensar que busco algún milagro.

Sin querer, ¿queriendo?

No me atrevo a escribir, menos ahora que alguien del pasado está leyendo.
*
Daniel Sada se alzó con el Herralde. Y pensar que estuve hasta la medianoche hablando con él de en junio.
*
Obama será presidente, si no es que algo trama el destino negro, perdón, blanco.
*
Una distopía, 1984, me deja sin fuerzas para ir al gimnasio.
*
Hablar, soñar, pensar. Bonitos verbos.
*
Viene un viaje y una dieta.
*
Miren, para no escribir me escondo en poemas ajenos.
*
Me gustan los demás y el cereal con fresas. Las demás y el silencio. Los demás y la luna. Los demás y nadie. Las demas con sonrisa.
*
Canadá, Canadá, quiere atarme esa palabra.

sábado 1 de noviembre de 2008

Ofrenda

No deja que se extinga el rito que es juego y memoria. Vaya contradicción del mexicano: no quiere que la muerte muera. La necesita para saborear el azúcar de la calaca, el chocolate con pan; para oler las flores amarillas o el terciopelo de otras con desparpajo púrpura. Y es que la muerte está viva como en un collar de corazones palpitantes de la Coatlicue, como en la lágrima del que canta "Amor eterno" mientras entierra a los suyos. Al mexicano le gusta la eternidad, la colorea, la pule, la entiende a golpe de melodramas y rancheras donde el antifaz no es arrancado, se encarna, y entonces el verdadero ser se confunde.
Los muertos están sudan y hablan fuerte. Se les coloca esta noche una camino de sal y veladoras para que no se pierdan en este infierno tibio. Pura estética, opinará el extrajero, "un espectáculo gastronómico con perfumes ciertamente exuberantes". Qué ganas de agradecerle a la naturaleza que morimos, que un día lejano o no, la luz se pondrá muy negra, tanto como la noche oscura de un alma que tal vez sí fue inmortal sin pedirle nada a cambio a los instantes.

Cantan ahora mismo todos disfrazados

La calavera tiene hambre, pero de aventura.
Sí tenemos un taquito por ahí, pero de ojos que nunca vieron.
Les dejo la mitad, pero de esta angustia cuando el año se termina.
Y sí, pan, pan, pan, para la calavera.
Y no, que no, la tierra grita fuerte que estás muerto.

Brujas y muertas de este día

Atalanta

Con el arco y la virtud derrotaste al mundo. Pero Afrodita sembró en el oro una manzana y te dejaste vencer cuando otro hombre llevó ante tus ojos esa fruta. Enamorada, ya no virgen para Artemisa, copulaste en otra cueva y Zeus torno en furia. Tu amante y tú fueron convertidos en leones condenados a mover la arrogancia de Cibeles. Ay, Atalanta, y pensar que fuiste la única mujer de aquella nave con Orfeo, Jason , Pólux y más héroes.
Eloísa
Si leyeras Piedra sol correrías por papel para otra carta. El poeta te defiende no porque te dejaste someter. De acuerdo, Abelardo también cantaba sus poemas y era más guapo que Lanzelote. Con todo, Ocatvio Paz te inmortaliza:
Amar es desnudarse de los nombres.
"Déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, más el cedió a las leyes,
la tomó como esposa y como premio,
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto,
de los dos hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio...
Mejor pensar en ti, abadesa del siglo XII, con esa pasión que no podía dejar de quemarte bajo las faldas, con tu amor a prueba de misoginia, con tu indómito pensar. Ya lo sabemos, eras más inteligente que el amado.
Circe
¿Cómo no amarlo si Calypso por poco y lo enamora? Si la ninfa triunfaba, no lo habrías tenido cerca de tu carne. También todo era islote junto a ti. El poder oscuro de los dioses bien que supiste dominarlo. Lo embrujabas, pero el mar le ganó a todas sus mujeres. Las olas y la aventura. No era cierto que amó como a nadie a la que tejía. Ulises siempre estuvo atado a la idea del regreso porque volver le garantizaba culminar el viaje. Y eso, viajar, era el destino. Como inevitable era tu orgasmo agudo y misterioso.