lunes, 29 de septiembre de 2008

Todos los árboles

Pensando en él una vena se colapsa;
un beso que no llega crece
como la hierba del muro del que hablamos ayer
con el instante y su olor a "llévate el miedo de mis ojos".

Lo que de verdad quise decirte
era una colonia de lirios sin líneas,
el llanto de una niña en bicicleta,
la soledad en el columpio blanco
y mi papá a pocos kilómetros herido.

Él, que se iba como tú persiguiendo amaneceres,
preguntándole al minuto qué hacer con lo silbante,
con la vuelta del deseo o la primera estrella de la duda;
qué hacer para olvidar lo que nos niegan,
con la miseria del pasado y las jacarandas taciturnas;
adónde ir porque el amor nos aniquila
y toda pregunta es una nostalgia.

De cualquier manera late con lentitud el mundo
y ya no importo más que la sangre oscurenciendo
la cara de aquel hombre que leyó poesía
para el cerro azul de los cañaverales.
Ya no importo.
La vanidad no es herradura
ni la intuición del destino nos redime.

Algo termina pensando en mi padre,
algo que nos dejó afilando un sollozo
a la orilla del vacío que muere.

Pensando en ti algo le es devuelto a la cigarra.

Nueva balada del insomne

De nuevo la noche inverna en nuestro pecho
cuando más solos y más niños encallamos en la aurora.
Pensabas en el mar, cómo alejarlo,
aún con este corazón de mariposa ensangrentada
visitando la verdad de nuestra cárcel.
Pero inverna la noche, no renuncia,
nos derrota al mediodía.

La humedad de un paso repite que no he cambiado de vestido,
que dibujo el contorno de un jazmín en la palma de mi mano,
en la línea central que habla de amor
y ceniza sobre la escarcha de este sueño
de madrugada, otra vez,
salvando instantes con sabor a que esperabas
sin coleccionar insectos todavía,
sin un inverosímil limonero dando piedras de colores.
La bugambilia es invariablemente púrpura
y el calor del aire celebra al remolino.

En tanto duermes y cierro los ojos ante la libélula escarlata,
el baile del helecho y los árboles que quieres
como al tejido de la lluvia.

Eres tú el que funda un beso con blues en tarde tibia.

Este poema sueña con veleros


Para Wilbert Azcorra
La tarde sigue designando ausencias.
El dolor se duplica callando en un panal,
en el derrame dorado de la vida.
Sin claridades,
la noche fue el cuerpo extraño de esta perla
anolando el horizonte,
los oceános donde sembré junto a tus ojos.
Siempre la memoria con su herencia
mientras crece el remolino de la imagen
abriendo el camino del ardor que intriga
porque agrieta el muro del perfume
y tienes que mirar las perlas,
vuelven al mar del enunciado
donde la eternidad fue este jardín que se columpia.
Claro, basta con desear desde el minuto.
Mira, son bastantes perlas por ahora,
oscuras como el amor sin dominio a lo alto del día.
Más cuerpos extraños en el sueño,
más collares uno a uno para ti que vas volando.
Ofrendo cada joya para leer la carta del aire
y devorar el humo atajando los jazmines;
para que entiendas cuánto poder hay en lo que extrañas.
No se va nadie con la muerte.
El universo es cazador de olvido,
intenso domador de tigres con sonrisa.
Te gustan los comienzos.
No es extraño que despierte la luz cuando la invocas.

martes, 23 de septiembre de 2008

Posesión por pérdida

Si al último él no la besaba, ella habría seguido triste con el abrigo rosa y la sombrilla transparente estancándose como su tiempo. Pero la había comprendido desde que la encontró joven y perdida en el ascensor de ese hotel en Tokio. Ella se enamoró por razones idénticas. El presente de ambos no era ninguna definción de plenitud. Sin embargo hay soledades que con otra soledad consiguen aclararse. La unión que logra este par rebasa el intercambio de dos epidermis o el apego. No es pasión ni asombro. Lo que ellos se daban era compañía en un país extraño como entonces era todo el mundo. Pudo haber sido Japón, Noruega, Chile o Australia. En cualquier ciudad seguirían solos. La jovencita de Nueva York con un amante dejándola por otra actriz sin chiste. El actor venido a menos con un matrimonio insoportable, pero hijos por los que no cambió de casa. La depresión como bandera y el aburrimiento rodeándolos. Será porque la vida es puro silencio en una habitación de hotel a solas. Porque vale la pena abrir el alma ante el interior de un extraño que en pocos días se transforma en presencia inolvidable, que nos devuelve los contornos. "Otoi que j´eusse aimée", así lo define y titula Jose Emilio Pacheco en estas líneas:
Ahora una digresión consideremos
esa variante del amor que nunca
puede llamarse amor
Son aislados instantes sin futuro
en la ciudad donde estaré tres días
nos encontramos
hablamos cien palabras
sin motivo ni causa uno supone
que llegó pronto o tarde
y se duele
("no habernos conocido")
E involuntariamente ocupas tu fiel nicho
en un célibe harén de sombra y humo
intocable
incorruptible al yugo del amor
viva en lo que llamó De Rougemont
la posesión por pérdida
Los personajes de Lost in traslation, como los de este poema, están de paso. Por lo que aprenden a quererse con el tiempo en contra, a buscarse, recuperarse y despedirse.
Yo sé qué es eso.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Para irme a dormir

¿Cómo sería el poema de "Los alevosos"?
A ver, poetas, escríbanlo.

Aislado instante sin futuro

No sé por qué no aprendo a despedirme
si leo con ojos blandos
de tanto mirar lo merecido:
las distancias de cuerpos que se acercan;
el día roto en un país de mudos.
No hay lenguajes para el cielo
sólo un paso silente en las ciudades.

Puedo entender a las palomas,
a vagabundos buscando lo mismo:
el talismán para seguir comiendo
o una moneda que olvidaron.

Me le escondo al adiós,
diseño la frase inmerecida
en un café si llueve afuera,
si tengo que cuidar mi bolsa;
si quieren seguir bebiendo
y ya no hay vino.

Dejo que me lean la mano, el agua sucia,
los caracoles en mis piernas,
la mirada tibia, la única que tengo,
y la espalda si me doy cuando amanece.

Todo le cuento a los segundos, a esta duda,
al constante abrir la nuez de otro poema,
al aire del sube y baja de los viajes
porque aprendo a despertar en julio.

Si tan sólo la memoria fuera un bosque,
dejaría de escribir cavando mi escondite,
pero nunca iba a borrar la niebla,
ni el color de un beso dulce.

Yo quiero que el adiós a mí me quiera
durmiendo con él toda la vida.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Alejar la lluvia

Dicen, los que creen en la luna de los lobos y las ninfas de las fuentes, que hay dos formas de espantar la lluvia:
1. Que una bruja orine en los campos.
2. Que se entierre un cuchillo en la tierra.
Lo segundo sigue siendo una práctica común en muchas poblaciones. Hay quien jura por su madre y por dios mismo que funciona.

Aquí nadie enterrará un cuchillo

Tréboles nacen de soslayo
en la inquietud donde me oyes.
Con hojas húmedas de verte,
el instante vuela en el columpio.

Tréboles de aquí a la lluvia
por su nostalgia del granizo
si vuelve a remojarnos con palabras
la flor abierta de tu vida.

También yo quise nubes en mis manos.
No hay luz en mi amor por la tormenta;
pero podría cantar para la lluvia
o escuchar cómo nace otra caricia.

Tréboles mueren de soslayo.
Camino entre las aves de este paraíso.
Me miras sin saber del amuleto
para lloverte cuando escampa.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Misterios totales

Aunque los poemas puedan ser borrados por la lluvia, dentro de ellos se construye la memoria. Dolores Castro dijo una vez que escribir poesía es salvar el instante. Puede que el poeta ande por ahí con una red de agua para cazar mariposas como la muerte misma en un poema de Cernuda. O tal vez sólo sea superstición afirmar que los versos ya se escribieron desde antes. El que los escribe nada tiene que hacer, vienen solos como en solitario se manifiesta lo divino. Yo no sé si diseñar un recuerdo y echarlo a andar hasta que el tiempo nos alcance sea magia pura. Me consta que hay misterios totales en la poesía imposible de ser revelados a pesar de que vengan de la carne y por ella se cumplan. Debe ser muy poderosas las palabras porque hacen cuanto se les antoja con la muerte y juegan con las ruedas del olvido.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Para alborotar mi casa

El mundo cabe en este pueblo con garzas en los arrozales si no llueve. Todos los días el mundo se cuela en mis vestidos. No converso con él, tan sólo voy sintiéndolo con la alegría de un nido que abandonan. No suelo hablar para que me entregue leyendas más lejanas. De sus combates vuelve ensangrentado. Otras veces dice que descubrió una isla inolvidable. Entre mis piernas va este mundo y se me sube al pecho, la boca, los ojos y la frente. Baja otra vez. Un día me atreví a confundirlo con el aire o un camaleón de luz mordiendo. No tardé en descubrir que no llegaría a ninguna lado viviendo con el mundo. Pero me alcanzó en este pueblo con urracas a las seis y cuarto de la tarde.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Verdad

Mi país está en las últimas. Nos duele.

Nocturnos


En la noche jugábamos con besos a que ya no besaríamos.
En la muerte de la noche el polen nos hizo estornudar.
Para la vida arrancamos un capullo de septiembre
y algo dolió como mentira que el tiempo repite.
Amaneció y otros murieron.
Nos rodeaba la luz, su brama dulce.
Mi boca mordía un collar caliente y el vestido sedoso por la luna.
Me le escapaba a la memoria,
al milagro que dijeron soy porque me rondan las luciérnagas.
Habíamos visto crisantemos en lo alto,
el ritmo de la pólvora y las llagas del silencio.
Habíamos reído para olvidar una metáfora.
Ya era la aurora con su poder de ave,
también el día de las constelaciones
y el alfabeto de verdad en los poemas.
Mis ojos dieron con un mapa de melancolías,
por ello recordé la balada del futuro.
Después los gallos cantando como siempre
la letra de la infancia donde renace lo perdido.

martes, 16 de septiembre de 2008

Anginas

Yo le tenía miedo al duende del amate.
Mi corazón se apagaba con la luz de los relámpagos.
No sabía escuchar al viento ni caminar pueblos sin nombre.

Mi padre habló de la niebla y señaló las nubes.
Querían comerse la copa del ciruelo,
devorar el paisaje silencioso:
la autopista y mi madre sin sus labios,
mi hermana aburrida de tanto mar escupiendo conchas rotas.
Soportábamos una vacación con la garganta enferma.
Le tenía miedo a la altura de los trampolines.
Alguien tenía que tomar mi mano,
ayudarme a saltar, a olvidarme de la herida
en el sol de cada lunes.

Desde entonces he callado lo importante.
Salgo a los patios a regar mis dudas,
a darle pan a la estación más sola.
Hace calor si el duende llega.
Así que me escondo con el miedo
a reconocer este horizonte todavía.

lunes, 15 de septiembre de 2008

En prisión (coda)

En la cárcel encontré poetas. Conversé sin parar sobre lo que ha significado la poesía en mi historia. Me hicieron preguntas que no pude y otras que no quise responder. Pero las chicas fueron muy amables y el tiempo se nos pasó rapidísimo. Escuché vivencias de todos colores y vi lágrimas. Por lo tanto valoré la libertad que suelo despreciar muy a menudo. Es más sencillo actuar como esclava o presa de aspiraciones feroces que asumir la conformidad con todos los privilegios que me han dado. Gran lección escuchar y asomarme a los poemas de estas mujeres con versos intensos y su amor por la luz, sus ilusiones de ave.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Genovevas

Para Espinosa


Lee para olvidar y aprobar una materia. Luego su artículo. Más tarde el cine.

Él juega a que nunca volverá a escribir.

Ella nació ese día hace treinta años. Tiene dos kilos menos y un sobretodo verde oscuro. Compra cuatro libros. El café caliente, en taza blanca. La temperatura por los suelos. La culpa es del ventanal y las hortensias. También de dos montes con neblina.


El hombre tenía una amante madura y dos de su edad. Pero siempre acababa escondiéndose en las bilbliotecas.


Ella no se decide entre el postre con queso o la tartaleta de manzana. Dentro de un año va a echar de menos el perfume de las donas con miel de maple que hornean ahí. Periódicos. Otro libro excéntrico.


Él estudia un nuevo caso, pero en realidad se fuga. Piensa en la novela extraña que comenzó a leer. Mañana viajará de un país pequeño a otro diminuto.


Ella, que ya no tiene veintinueve, pide otro café para variar. Pero lo que cambia es la lluvia. Más gruesa, más ruidosa. Igual que ayer. Idéntica a dentro de seis meses cuándo se siente en el mismo sillón a leer y reír al mismo tiempo.


El libro avanza barroco, destellante, pendular.


El hombre olvida a otra mujer de piel oscura. Nubes, sobrecargos, cerveza fina.


La que lee ya no es la que escribe. Es la que soñará mientras degusta donas y helados. Lectora, siempre lectora.


Él tiene que apagar el móvil para que nadie lo moleste en un librería a la que volvió para ya no jugar a ser lo que su padre le prohíbe.

El libro sigue en lo suyo: piratas, planetas, brujas y mares, reencarnaciones.

Él pidió café y galletas de chocolate. A la mesera le falla el tacón y el líquido tostado ensucia el sobretodo. Ella sólo alcanza a decir "tranquila, no fue nada". Él se acerca. Se disculpa con la mujer del helado de coco. Sonríe. Descubre que leían, desde hace un rato, el mismo libro: La tejedora de coronas.

Y se queda eternamente

No conocía al José Emilio Pacheco que escribe relatos. El poeta me es muy familiar, también el autor de Las batallas del desierto. Sucede que paseando por la bilbioteca del ITESM (mi verdadera oficina, sostienen algunos) un librito atrajo mi interés y más que el volumen de hojas amarillas, fue el título lo que me hizo cosquillas: Para que eternamente estés conmigo. Así que hice uso de mi licencia de profesora (consentida además de los bibliotecarios) y me llevé a casa a José Emilio. Buena elección. Si bien es verdad que estos relatos son algo antiguos, la imaginación y la agilidad, así como el carisma narrativo de este mexicano, seducen. El cuento que le da nombre al libro es quizá la última carta que John Warnock Hinckley Junior le escribe a su dorada y puberta obsesión, Jodie Foster.
Como bien recuerdan los que mucho saben de Hollywood y chismes de la farándula en los años ochenta, ese hombre intentaba llamar la atención de aquella jovencísima actriz disparándole ni más ni menos que al presidente repúblicano, gran estratega de la guerra fría, Ronald Reagan. El episodio acabó mal porque John fue capturado, pero al menos pudo decirle al mundo que como la bella rubia no respondía a sus cartas, le expresaría su amor de esa manera, dirigiendo hacia sí los reflectores del mundo mundial.
Lo que José Emilio Pacheco logra con esa anécdota es un tono hilarante, jocoso, casi verosímil. El autor nos regala a un gringo racista (qué raro) que sabe de historia y armas de fuego. Las metáforas que alcanza el narrador resultan un tanto elevadas para un loco de deseo. O quizá no. Tal vez los obsesionados con amores imposibles logran comparar las balas de un revólver con semillas de muerte o con espermatozoides que dan cuenta del estallido corporal que se traduce en una sola palabra: poder. Lo mejor del personaje es que termina agradando no por inteligente u obsesionado, sino por pretencioso. Irrita, ergo, conquista. Bien por este José Emilio con el que ahora me topé.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Miau

Era un mundo con olor a gato. También un laberinto de escaleras sucias. Mujeres gordas, morenas con walkie-talkies y rostros ríspidos. Calor, todo el que puedan imaginar de tarde. Pero ahí estábamos, hablando de poesía y poema; tratando de explicar que no son la misma cosa. Luego la lectura de textos, las narraciones culpables, los cuentos inocentes. Era un mundo con olor a paloma acongojada. El gato va detras de ella. Un gato invisible. Después más imágenes con ingredientes insólitos. Muchas alas. Poco aire. Versos mal cortados. Barrotes. Ojos dulces que fueron muy amargos. Sólo le queda miel a una mirada luego de que derramó sal hasta cansarse. Aplausos y porras. Hay poesía en todo, dijo una presa. Es sólo cuestión de estar atentas, añadió una rubia. Entonces las miré con estas córneas algo insípidas. Aquel era el mundo del aullido.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Preguntas bajo llave

Mañana voy a leer a la cárcel. Me da miedo descubrir que estoy tan presa como quienes escucharán mi poesía. Es la primera vez que visito un penal en México. Sé que no será la última. Es relativamente común que en algunos encuentros de poetas se incluyan actividades de este tipo. Pero una cosa es andar vestida de extranjera y saberte lejana; y otra, muy distinta, leer poemas sin escudos. No tengo idea de lo que les voy a decir a esas señoras, ¿que la libertad es terrible, una trampa?, ¿que en ocasiones he envidiado a las presas por todo ese tiempo que tienen para leer y escribir?, ¿que el mundo afuera y adentro está podrido?, ¿que José Alfredo tenía razón, "la vida no vale nada"?

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Ramo de poemas que se abren con la luna

1
París no importa
no se abre con el rayo
ni caricias del amante
no es de piel negra
París es el cigarrillo rubio
y el zumbido de la noche
peligrosamente hermosa
como la soledad
excitándose en Montmartre
y el párpado anaranjado por la luz de dios
que no guardé para este día
París no importa
la Maga se ahogó en el río
más literario del mundo
también tú
2
Ahogado vuelves
lanzas dardos elegantes
retando a las estrellas
a ver quién termina
de brillar todas las noches
rebuscando en lo perdido
la confirmación del beso
esa promiscua sensación
a la que llamo esperanza
por la que canto
por la que corro unida a otra luz
la de esta computadora sin destino
la estos ojos andaluces
mis ojos de Sherezada 2008
aún con el poder de tu saliva
de Matahari e impostora
mi mirada de Héctor
y estas tres salidas de Quijote
con senos de ámbar
3
¿Dónde está el poema que me debes?
¿sabrá a lengua de gato?
¿a llama oscura del infierno?
¿dónde diablos lo pusiste?
Lo busco
pregunto por él
en el cuarto donde crecí
y dije que roja será toda la vida
ahí donde
dibujando caracoles en los muros
abandoné Ferdydurke
Allá
donde maduran los poemas
y el árbol de nombres se deshoja
y caen tus iniciales
con el vinil de conciertos ajenos
es la voz que arropa el grito:
¿dónde diablos dejaste el poema
que me debes?
4
Todos los días
la claridad repta
en tu ventana
5
Genial es la flor para la avispa
solicitando miel y dudas
Genial es el abrazo de un enfermo
el canto del cisne que soporta la hoguera
Geniales son los demás
los del Sur
Genial es la mujer de las tortillas
su hijo Tomás cargando bolsas
Genial es la tarde reventada
y la compasión de la luna por las nubes
Tú no eres genial ni yo tampoco
puede que nunca merezcamos
la belleza turbia de este mundo
6
Me gusta mirar los precipicios
fantasear con la altura
inventarle melodías
decirle a la muerte
hoy no
tal vez mañana
salto
7
Bella
guapa
linda
sexi
cachonda
inteligente
apasionada
arrojada
valiente
culta
"la más culta de México"
y vencida
tan bella
tan sexi
8
No mires lo que hay dentro de la jaula
date la vuelta
o te tumban los colmillos
9
Soñé que un gigante me quería violar
10
Este es mi oficio
estas mis manitas de mapache
y mis ojeras (no te gustaban)
este es el reflejo de la artista
a la que no le ganas a subir una pirámide
ni a rimar sin tino
ni a llorar para aclarar la avenida polvosa y sucia
donde la poeta toma el autobús
y un hombre le mira las nalgas
otro hombre
pero este es mi oficio
y así es como escapo del dolor de la memoria
Cuando tus ojos llegan a los míos
ya no duermo
11
Malos números
(sonreirías si leyeras)
malas cifras
para nuestro devenir vagabundo
pero bien plachando
de jóvenes y socios de la aventura
de un gimnasio donde fortalecer el cinismo
adictos a la huida
en nombre de todo lo perdido
un jardín para empezar
un ramo de poemas que se abren con la luna
el don de trocar en oro el juramento
pero malos números
(callarías si volvieras)
12
No me alegra esa carta
dice que volveré a verte
por ello rechazó el tarot de mi abuela
escupo sobre el porvenir
quererte será peor
de mañana en mañana
una hecatombe a la vez
una sucesión de fichas derrumbándose
hilera de ayeres ardiendo
mientras llega el día
de volverte a ver
y decir lo secreto
o lo que es peor
repetir lo que hicimos
con nosotros
13
Involucré a la tierra
al fuego
al agua
al aire
involucré a todos los dioses
Urano me apoyaba
Kali tiró a matar
y me quedé junto a Coatlicue
con su collar de corazones
con esta falda de serpientes
hambrientas de ti
14
Hoy no cumplo años
el sol se desangra en la ventana
como dice un poeta infeliz
y yo peco en mis delirios
me bebí toda la botella
no resistía esa instrucción
"bébeme"
y bebí
En el horóscopo chino soy conejo
y sin sus labios
me disfrazo de manzana
me da sed
15
Dejaré el ramo de poemas
sobre la tumba de este idilio
asistiré a los funerales
de mi último tango en Madrid
Vivo dos duelos
y tengo sólo un ramo
Mejor soñar que soy la novia
arrojando el bouquet
(lo atrapa una señorita decente)
Dos duelos
dos bodas en la misma primavera
bígama
y sólo un ramo
uno
dos
16
Venga el poema curativo
reparen los diques
vuelvan palabras precisas
las mejores frases del parnaso
en nombre de las hienas
que van a comprar libros
de todos los cantos a mí misma
de todos los espejos convexos
de los piratas amados
17
Nos rodeaban burbujas en el parque
no me viste comprar el frasco azul
y soplar con esta arritmia
para olvidar agosto
Sin saberlo
también había un niño en ti
persiguiendo esas burbujas
18
Ya Storni pidió que la llamaran loca
19
Ahora sí
este poema te va a encantar
no es aro de fuego
ni súplica
es un adiós de flores
que se comen los venados
cuando persiste la lluvia
en el pueblo de mi infancia
y septiembre es una nuez de vidrio
rómpela
20
No escribo un testamento
más bien
la fe de bautismo
de una ilusión con espinas
no planeo morir para el otro
entonces
recojo mi sombra de fantasma
es líquida
una película de llanto dulce
mi sombra
como esta brújula
21
Habitar poéticamente
escribir cartas sin dueño
salir al mundo
con un siete de diamantes
en la mano y perder
sólo ganar una carretera
con flores amarillas tristes
callar por ellas
por las mujeres de mi vida
ya sin polen
sin una olla para poner a hervir su corazón
y beberse toda el agua toda
para no ceder ante el relámpago
para habitar poéticamente
la tierra de los sordos
22
Ese disco es un plato
con él le das carne a la bestia
brilla mucho
y por más que buscas al conejo
se te esconde
imagínate el tamaño del animal
la luna sirve para alimentarlo.
24
Te agotaste por andar cazando
copos de nieve
con cara de palomas
25
Yo quería lanzar el ramo
deshacerme de su espalda
de la calle donde vi al amor
pedir limosna

Después de un espasmo

Suena de fondo "La incondicional" de Luis Miguel en el cafecito donde vengo a escribir y soñar. Ya tengo la presión normalizada -ayer me bajó a 60/30-, "como de muerto dijo el doctor". Mientras él me examinaba en la escuela donde doy clases y ya no puede dar la que sigue, deseaba responderle que no es que me quiera morir, sino que uno de esos cólicos fue más pertinaz que nunca en septiembre. Por algo será. Este mes acostumbra arrancarme viento. Pero de eso hablaré en otra ocasión.
Sigamos con ese personaje al que le canta Luis Miguel, "la que no espera nada", "la que no supe amar". Hermoso. La desesperanza en el amor siempre es heroica. No lo comprende el amado porque su posición confortable le impide asimilar la incomodidad del otro. Porque hay algo en el estoicismo del amante a quien no pueden corresponder que le otorga grandeza. No es el sacrificio. Es la elección. "No me despiertes, ¿no ves que así yo soy feliz?", se aclara en la canción de Juan Gabriel (terrible y acertado filósofo). Lo anterior significa que el no correspondido construye un sueño que defiende en contra del amado, de la realidad que lo invalidará para darle otra dirección a la historia.
Siempre hay un cuento que contar cuando hay uno que no ama y otro que se entrega. Siempre. En un mundo como el que soportamos ahora, el desencuentro se traduce en un penar con alegría que luego de ser superado se observa a distancia con placer: "Cuánto la quise", "qué no hice por él", "lo amaba", "aprendí tanto", son frases con los que la educación sentimental del ser se curte. A veces el dolor deja cicatrices en la piel del alma y en el cuerpo mismo, heridas de guerra, me cuenta un amigo. Medallas de honor, le respondo. Hay que ser valientes para extrañar y para admitir la derrota y, sobre todo, para amar el fracaso, esa no correspondencia. Después, si tenemos más valor todavía, y un poquito de talento, sólo un poco, vendrá el cuento o la historia que comienza a contarse sola o, ¿por qué no?, un ramo de poemas que se abren con la luna.
Ya se acabó la canción de Luis Miguel. Esa, a la que no supo amar, lo amó. Perdía ganando.

domingo, 7 de septiembre de 2008

La prosa de los poetas: una mitología de la identidad

Carlos Fuentes ha comentado que Susan Sontag (1933-2004) era excepcionalmente brillante. Hija de judíos avecinados en Nueva York, esta filosófa, crítica literaria y escritora es una de las ensayistas que al igual que Claudio Magris, más disfruto leer. Sobre todo si el italiano y la estadounidense hablan sobre literatura. A los dos les creo. Es un par que piensa y cautiva con el fulgor de sus inteligencias desbordadas, pero elegantes, siempre cohesionadas por una pasión sin ornamentos.
Hoy comencé a leer Cuestión de énfasis, una recopilación de ensayos de la Sontag y ya no sé por dónde empezar. Basta con decir que uno de esos textos se titula "La prosa de los poetas" y me arrancó risas, uno que otro llanto y la inevitable decisión de llegar aquí, a esta pantalla donde escribo, para atesorarlas, algunas frases que nos pueden ser muy útiles:
* La prosa es a la poesía, afirmó Valéry, lo que el andar a la danza: la supuesta superioridad ineherente de la poesía en los románticos apenas se limita a los grandes poetas rusos.
* Siempre es una caída, sostiene Brodsky, que un poeta elija la prosa.
* Ser poeta es definirse, y persistir en seguir siendo (a pesar de todo), sólo poeta.
* La prosa del poeta no sólo tiene un fervor, densidad, velocidad y carácter singulares. Trata un asunto que la distingue: el desarrollo de la vocación poética.
* En general adopta la forma de dos modalidades narativas. Una es fracamente autobiográfica. La otra, también en el molde de las memorias, es el retrato de otra persona, bien de un escritor o de un pariente querido.
* El homenaje a los demás complementa las evocaciones personales: el poeta se libra del vulgar egoísmo mediante el vigor y la pureza de sus admiradores. Al rendir homenaje a los modelos importantes y al evocar los encuentros decisivos, tanto en la vida real como en la literatura, el escritor enuncia los criterios con lo que se ha de juzgar su esencia.
* La prosa del poeta trata casi siempre de la condición de poeta. Y escribir tal autobiografía, como definirse poeta, precisa de una mitología de la identidad.
* El ser del poeta es la verdadera esencia, el otro es el vehículo; y cuando muere el ser del poeta, muere la persona.
* La mayor pate de la prosa de los poetas -sobre todo la de forma memorística- está dedicada a la crónica de la triunfal manifestación del yo poético. (En el diario o dietario, el otro género mayor de la prosa del poeta, la atención se dirige a la grieta entre la identidad poética y la cotidiana y a las frecuentes transacciones frustradas entre ambos. Los diarios -por ejemplo, los de Baudelaire o lo de Blok- abundan en reglas para proteger al ser del poeta; desesperadas máximas de aliento; relatos de los peligros, decepciones y derrotas.)
* La prosa de los poetas suele ser elegiaca, retrospectiva. Como si el tema evocado se remontase, por definición, a un pasado desaparecido.
*En la prosa, el poeta siempre está lamentado un Edén perdido; rogándole a la memoria que hable, o que solloce.
* La prosa de un poeta es la autobiografía del ardor.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Últimas palabras

Muchos años después de haber estado en Cuba, mi epitafio todavía es el que sigue:


Ténía el alma con la rienda suelta

viernes, 5 de septiembre de 2008

Una silla

Hoy me volvieron a ceder el lugar en el autobús. Lo tomé. Hasta hace poco me negaba debido a malas experiencias. Una década en el Distrito Federal fue suficiente para hacer de mí una mujer desconfiada, recelosa. Viví de todo en esa megalópolis. No fueron pocas las veces en las que un pasajero intentó propasarse por cederme su silla.
En Morelos es diferente. Los señores o muchachos que toman ese autobús parece que sí están educados. Se sienten muy mal si rechazas sus atenciones. Un campesino de huaraches, piel curtida (como el arriero Abundio de Pedro Páramo) y sombrero, me comentó: "Qué bueno, muchacha, que la dejaron sentarse. Menos mal que a estos cabrones algo les enseñó su mamá". Sonreí. El viejo venía a mi lado. Olía a tierra, portaba un machete sin punta. No tenía tres dientes, pero hablaba del campo, de cómo se cultiva el arroz y la caña. Me hizo reír. Le dije que soy maestra. Entonces abrió mucho los ojos y expresó:"¿A poco?, si se ve muy distinguida, usted no es de los maestros que están en huelga, ¿verdad?" Le respondí que no, que doy clases en una licenciatura del Tecnológico de Monterrey. "¿Y por qué anda en camiones?", dijo. "Porque me encanta hablar con gente como usted". No me creyó.

Pocas palabras para tanto llanto

La violencia, otra vez. Ahora resulta que de 10 parejas de novios, en 7 de ellas las chicas son golpeadas o maltratadas psicológicamente. Cifra aterradora. Normal, dirían algunos, para ser México. Inadmisible. No se puede "normalizar" el maltrato. No nos podemos resignar a que el amor es control, dominación y/o posesión. Algo tiene cambiar. Algo, y pronto.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Varios jardines

1. El de mis vecinos, los Martiní.
Era un Edén con limoneros, rosas, alhelíes, guayabos, palmeras y tortugas. También perros: dos Poddles y un mechudo, enorme, encadenado porque ya había mordido a diez personas. No nos podíamos acercar a esa bodega donde el "Peluchín" reposaba. Mejor hablarle a "Maikol", el mono que travieso y pícaro en una jaula verde, estiraba su largo brazo para pedir comida. Al simio le gustaba morder los tulipanes y jugar con los pétalos de los girasoles. Brígida, la ama de llaves de los Martiní, adoraba a su "monito". Ella desgranaba elotes muy cerca de la jaula y los compartía con ese animal contento de tenerla al lado. Un poco de maíz para él y dos golpes a su "Marlboro". Brígida era una chimenea con arrugas y cabello de alpaca. Pero no le teníamos miedo porque también era feliz a solas, así como yo (nada más que no lo sabía), debajo de los árboles, entre el verdor y el perfume de la tierra húmeda, en medio de esa felicidad en el jardín de mis siete años.
2. El Borda, en Cuernavaca.
En ese sitio leí a Minerva Margarita Villarreal y dije que yo iba a ser poeta. Ahí fue, entre lagartijas, cuervos, helechos gigantes, golondrinas y fantasmas. El marco era, lo admito, real maravilloso. Decían, muchas cosas sobre ese lugar donde una india, muy hermosa, sedujo al emperador Maximiliano y por eso Carlota sufrió mucho. Que los zapatistas andan entre esos corredores frescos con alcatraces y jazmines. Que hay oro enterrado por ahí; y duendes y piedras que lloran. Como sea, el lago me gusta. Así que ahí les va un secreto: en el corredor de los geranios hay un poco de mi alma.
3. El de Borges.
Porque se bifurca y es, sin serlo, un laberinto. Porque contiene todos los futuros posibles, paralelos. En uno de tantos el que no me ama muere por mí. En otro todas estas ilusiones son una realidad por hora. En alguno más tengo el poder de recordar cada palabra que ha pronunciado el universo, pero también el temor de que las letras escapen de los libros. El jardín era un talismán, ahora entiendo a Borges. O puede que asimismo una cábala de árboles donde que adivinan las estrellas.
4. El de Kosinski.
Porque desde el viernes vengo preguntándoles a 20 alumnos, "¿qué simboliza el jardín en la novela que estudiamos? "Ninguna respuesta me satisfizo. Aprobé a todos porque en efecto leyeron y estaban nerviosos por hablar conmigo (el examen fue oral), pero no llegaron a decir lo que esperaba. Más que refugio o remanso, el jardín era el cuerpo de Chance, su única biografía y geografía. Un ir y venir de estaciones, florecimientos y raíces que muertas regresaban. Un cilo de vida-muerte-vida que en esa novela consoló a todo el mundo.
5. El de las delicias.
Él sabía que si de pronto no me encontraba vagando por el Parque del Oeste, era muy seguro que estuviera mirando, por énesima ocasión, aquel cuadro del Bosco. Cinco veces dio conmigo en esa sala del Museo del Prado sin cita de por medio. La primera vez sonrió porque se me acababan las palabras y dejaba de prestarle atención. Después se preocupaba. Al último sentía celos de esas figuras concupiscentes. "Es que siempre le encuentro algo distinto", le decía. "La verdad da miedo como no te cansas de estar aquí. Hay otros cuadros, ¿no te gusta más Velazquez?" Pero no. Ese era mi jardín de cuerpos y locura.
6. El de Bioy.
Porque es una miscelánea de escritos-follajes, de colmenas en sus diarios, de citas que nunca llegaba a recordar, de mujeres que lo volvían loco, de otros jardines a los que él polinizaba. Un abejorro grandote Bioy, un seductor seducido por las flores.
7. El de Vivaldi.
Con su primavera que alude a un jardín del que nadie ha hablado. Ese pelirrojo quien además era filántropo y enseñaba a todos las niñas y niños que encontraba a tocar el violín, tuvo el poder de crear no sólo uno, sino varios jardines con las notas de aquella melodía en floración constante.
8. El secreto.
Que no se trata del rincón de una película. No. Es el jardín donde nacen, crecen y mueren mis poemas.