domingo, 31 de agosto de 2008

Ausencia es presencia

*No concibo un artista sin fuerza.
*No entiendo a un país que no se une. Por eso ayer, como pocas veces, logré sentirme mexicana. En toda esta república la gente marchó para exigir seguridad. Marché. Escribí una crónica.
*No creo en los escritores que no entregan absolutamente todo.
*Detesto a los músicos superficiales.
*Creo que antes de morir tenemos que amar y ser amados. Asimismo deben rompernos el corazón y nosotros debemos quebrar, aunque nos duela o sin que lo sepamos, alguno.
*Me gusta mucho estar sola.
*Quiero bailar salsa en Cali.
*Necesito reencontrarme con una amiga ecuatoriana.
*Es urgente escribir lo que hace falta, lo importante, lo secreto.
*Volvería a querer a todos los niños caprichudos, disfrazados de hombres, que he besado.
*Es un hecho que adoro el mar por la tarde, los granos de azúcar dorada, la nieve de coco, las novelas francesas, los árboles con flores que saben describir los orientales, las estrellas de mar, las conchas, los caracoles, el desayuno frente a las montañas de Bogotá, el Parque del Oeste de Madrid, el cafecito de Jojutla donde escribo, la Alameda del DF (donde Bolaño esperaba que abrieran las librerías), las mujeres que trabajan y sonríen, los niños jugando, el tequila, el ron, el café en todas sus modalidades, el diálogo, los viajes a Centroamérica, las natillas, el picadillo con almedras de mi madre, los jardines escondidos, las lámparas, las aceitunas negras, el bosque, la lluvia plateada sobre los cañaverales, los bolillos que venden en el mercado, la pintura, los papalotes en el cielo de Tepito, los arco iris, la luna llena, las luciérnagas, la mirada de un hombre al que le gusto, las nuces de la India, el Malecón de Cuba, el periódico, los restaurantes italianos, el sabor granate del tinto en la boca, la inteligencia, la librerías de viejo, una canción de Sabina, otra de Fito, el Día de Muertos, Navidad, mi cumpleaños, octubre con sus flores amarillas interpelando a los caminos, la cerveza con limón y sal, la Generación del 27, las palomitas, el cine europeo, los románticos, el mariachi, la marimba, los pueblos con niebla, los cantantes de Colombia, los músicos de Cuba, la poesía alemana, las personas que dicen lo que piensan, el sentido del humor, amanecer dando besos, dormir cansada por hacer ejercicio, el chocolate derretido sobre rodajas de banano, pensar, caminar sin rumbo, perderme por primera vez en una ciudad soñada, escribir para ahuyentar la rabia, escribir para ganarme un lugar en este mundo, escribir para amar, para olvidar, para comer, para viajar, dar clases y saber que emociono a los estudiantes, decir lo que no me parece, entregarme sin importar que no me den lo mismo, defender a los demás cuando sufren abusos, los frijoles, el queso, las tortillas con salsa verde, las galletas, el teatro, hacer listas de lo que me gusta y lo que odio que cambian cada año porque es cierto que nada me impide, ni me ha impedido, ser feliz.
*Recordar también me gusta. Nadie se me va del todo y como los ausentes siempre se equivocan, me las arreglo para estar presente. Me resulta.

jueves, 28 de agosto de 2008

La gran traición

Para Raúl Zurita y Bolaño



Porque el amor son las cosas que pasan
y mueren al volver
heme aquí decidida a responderles
porque la tripulación del día es paradoja
noche escarlata sin eslabón de nube
ni ojos blancos para escapar
heme aquí
una lengua deja en mi ombligo
memorias de desierto y mar con Leviatanes
hora y dolor del alba sin luz para preguntas
así es como respondo
lo digo y cae nieve azulada
y las formas que los poetas aniquilan
ya no mueren
poetas hombres viajando por el mundo
durmiendo en hoteles perfumados
bebiendo whisky en la noche de canela
ahí donde te dicen cuáles son palabras y cuáles son aullidos
todas las metáforas con paracaídas tienen fauces
la transustación de una mirada ya no va
responderles con el eco de los perros
al medio día de un fracaso
alejada del brillo de la duela
del Parque México
y esos árboles de África
cuyas flores siempre hacen llorar
es mala idea
como cavar mi tumba en la sonrisa de un muchacho
con sus versos sin larvas ni hongos acerbos
como el fruto de un dios sacrificado
para la gloria de tan pocos
poetas muertos
poetas solos con el hígado verde
y sus tigres de uñas rotas
y sus mantos y coronas apocadas
por la prostitución del aire
heme aquí con mi primera persona
es dura la verdad de un trueno
cicatriza el pantano para llegar al paraíso
donde nadie me censura
"qué cosas escribes"
"esto es un aquelarre de concretos y de abstractos"
qué mas da hace mucho en el mar se hudían sus restos
jóvenes latinoamericanos todos
juntando sus mejillas con la muerte
desde entonces ya no hay más poesía
aplaudimos por el bien de simulacros
por el show de las serpientes
los paisajes la historia
el intercambio de dos epidermis tan narcisas
y los senos de las Evas
y los falos como única ventura
el móvil era simple, Robertito,
acabar con ellos y la abuela de todas las batallas
su utopía
porque esa palabra era un capullo gigantesco
con miles y miles de mariposas
que pudieron mutar hasta volverse hombres
y mujeres con poemas
sólo así cambiaríamos de mundo
pero masacraron a los chicos
y los países se quedaron
perduran las banderas de la peste
la hambruna de los televisores
el dinero matándonos a todos
porque el amor son las cosas que pasan
porque en Tlatelolco algo queda de ese amor
del sonido de las mariposas amarillas
de la nada de estos jóvenes defecando versos cortos
siguiendo a los desencantados
poetas huyendo como pueden
para ellos el continente es una rata
no hay jaguar eterno en nuestras selvas
no hay poesía
sólo la memoria de los barbudos ingenuos
de una guerrilla delirante inútil
el recuerdo de la gran traición
su estaca en el pecho de nuetros poetas
que hablan de la India
de la vanguardia como bacanal de principiantes
de la química pura
y el sueño cuando lo demás ya no importaba
sólo el sueño
y el país inexistente
y la belleza en el cielo de colores fáusticos
"no eres poeta"
dirán para cubrir la plata en lo que digo
el almendro elevándose en mi frente
donde trepo como un barón rampante
a decir que renuncio a mis herencias
no quiero la lenta ira
rechazo la piedra de sol con la que todos se masturban
es bella es insomne es una brújula irrompible
pero no es mía
tampoco de las mujeres que me enseñan
a ser escudo humano
ya no emocionan los nocturnos
de largas sombras con luciérnagas
ni el sitio de otras pieles
ya no hay más poesía
(a todos los mataron)
no más Latinoamérica
nos dieron un arca en el olvido

miércoles, 27 de agosto de 2008

Con un beso cállame

Para Agustín,
porque los humanos aman sus recuerdos
Abre el diario. Encuentra tu nombre. Piensa en el Centro Histórico: alameda, reproducción del mural de Diego y jacarandas. Retrocede diez años. Corrompe el ritmo de una vida. Lee el periódico. Estás en primera plana. Ya eres reportero "A". Sonríe. La nota es buena. Como certeros son sus pasos entre edificios del siglo XVII y XVIII que tu padre te enseñó a querer. Como de ámbar son tus ojos. Suspira. El Distrito y el país entero se derrumban. Pero ella canta. Quisiera decírtelo en persona. Por cantar entiende los poemas. Te gustaban mucho. También su conversación y tu frase para huir: "Te llamo en la semana". Siete días muy longevos, suman una década. Otros amores. Libros que no lees. Derrotas, una a una. Aunque el beso se queda, incorruptible, por lo que mencionaste se debían y nadie pagó. Le encanta deber algo tan íntimo. Abre el diario, lo cierra otra vez. Imagina que te busca. Extraña la calle de aquellas nostalgias. Entonces pena con alegría. Vuelve a caminar, a solas, por esas cuadras del Centro con palacios, columnas y balcones. Interroga al mármol cuando interpelas a un senador o reportas otro crimen. Juega a que da contigo y el azar liquida lo que a ella le debe: una mañana de museos mirando volcanes del Dr. Atl. Pasos y risas cruzando San Ildefonso. Como personas que viven en los cuentos y no se dicen, hablando, lo importante.

lunes, 25 de agosto de 2008

El mar en un cuaderno

Como una concha blanca
lejos de la arena
con la que nadie adorna
el alféizar de este sueño
mi virtud de navegar sin agua
revuelve colores de pantano
y ya no se reflejan
las nubes y las lunas

Como una ostra estoy diciendo
que yo olvido
la perla cuelga de mi vida
en un minuto lento

No podrá morir sin cada ola
recordando la marea

Nudo

Este verso
hilo de aire
una hebra
sin dirección
apenas barro
copa que rompe
otra luz
en otro añico
todo comienza
si da la hora
tu clepsidra
y el mundo
se derrama
otra vez
en este verso

Un latte

Los negros besan duro y huelen a la vida
dicen que las negras no paran hasta conseguirlo
los negros sonríen con la gracia de los lobos
y si quieren te llevan a su noche
a la guarida del poema exúberante

Yo que soy café con leche
sé que los negros duermen con canciones
y el miedo no los compra
(quizá un par de caramelos blancos)

Caminé con uno que besó mi rostro
le gustaba que le dijera "negro"
para él pude haber sido una mulata
una copa de ron interminable

Los negros comparten el calor de su frontera
y despertar con ellos es probar una mirada
luz que te deja muy a oscuras
en un día de nubes en el piso
hablando con tu amante cuyas pecas
no son las de los negros

Pétalo y leyenda

Para contar la historia del trueno hundiéndose en tu casa
debes tapar espejos y la jaula del canario
quitarte la ropa y respirar dos veces
luego mirar cómo la tarde resucita
a pesar de este noviembre sepia
que en realidad es tan agosto
tan de humo en el paladar de los secretos
con armas de eternos colibríes
con lluvia nominal marcando primaveras
cuando besaste de verdad
el dolor de las ventanas
y hacía frío
tu abrazo quería acurrucarse
tu lengua descansar de sus naufragios
las almendras dulces de tu cuerpo
caer sin hora ni medida
pero las llamas no caen bien en ningún sitio
entonces
he aquí tu reino de alambradas
de nubes y canícula reptante
de juramentos como dientes de león
de la derrota con olor a triunfo para el monte
tu niñez fue parecida a la del trueno
él lo sabe
elige hoy tu casa
entre todos los tejados
entre todas las mujeres
con poemas visibles e invisibles
con manos diminutas
con el mismo amor por ese trueno
que a ti no te destruye
sabes diseñar un arca
hablar con la marea
irte al fin del mundo con tus brazos
cortar la vida o darla con las piernas

entiendes cómo se inventa un arco iris
y cuál es el color que nadie ha visto
con la tormenta en casa que muere
y deja a la madre del silencio sola
puedes hablar de aquella lenta furia
dibujando ochos en el suelo
hablando de golfos y mañanas libres
de nombres donde debían
de la complicidad de un gigante que te dijo
cómo olvidar al trueno







Equívocos de los poetas

*Creen que la poesía es un ramo de premios y amigos que en realidad te buscan en nombre de aquellos reconocimientos.
*Juran que la poesía es una beca con la cual pagas el alquiler.
*Aseguran que se puede vivir de la poesía y que además es válido.
*Se agrupan, esos poetas, creyendo que son responsables de toda una generación.
*A la usanza de: "El que se mueve no sale en la foto", los poetas no abandonan sus guetos de poder. Es más, se organizan para calificar a los más jóvenes.
*No se dan cuenta, pero los poetas son políticos del alma.
*Viven cazando su propio nombre en antologías.
*Publican blogs con sus fotos inmensas.
*Impostan la voz.
*Se visten de negro.
*Coleccionan amores desgraciados.
*Subrayan Los detectives salvajes.
*Hablan mal de las poetas. Son misóginos.
*Se emborrachan para "agarrar valor".
*Cuidan, aunque lo nieguen, su imagen pública.
*Desprecian, en secreto, a Mario Santiago.
*Como no han perdido, no saben ganar en serio.
*Se abren paso a patadas.
*Como todos los seres humanos mienten, pero más en sus poemas.
*Van entregándose de a pocos.
*A muchos les gusta herir en manada.
*Creen que la poesía nunca habrá de abandonarlos.
*Son más inteligentes que sensibles.
*Viven muy, muy bien. Entre premios, becas y cátedras de lujo, se transforman en niños consentidos.
*Si son mexicanos, no les interesa realmente América Latina. Citan a Neruda y Vallejo. Entrevistan a unos cuantos, pero su complejo imperial los traiciona cuando menos se lo esperan.
*Lo diferente no les agrada. Ellos son los "especiales".
*El poder los seduce. Toman el dinero que viene desde muy arriba.
*Con tres premios ya son inalcanzables.
*Como una bestia que se alimenta de lisonja, si no van por ahí sintiéndose estrellas de rock, se deprimen y se lastiman lastimando.
*Para ellos es una realidad que el pez chico está destinado a mantener contento al grande.
*Como dicen que les gusta el honor, también les da por las mafias con códigos de ética.
*Pero se prestan a las y los amantes.
*Luego lloran. La resaca emocional les durá hasta mueren.
*Algunos son muy ingenuos y creen en las revistas literarias. Si les dices que Emily Dickinson nunca necesitó de una, afirman que eres una persona con prejuicios.
*Aunque los valide la fama, les cuesta ser poetas de verdad.
*En el retiro se mueren. En la miseria se hunden.
*Jamás escribirán como Pessoa.
*Alguno me dijo que Silvia Plath le daba lástima.
*Otro pensó que por artista no podría negarme la oportunidad de relacionarme con él.
*Su deporte favorito es hablar de la locura de los otros.
*Creen en la bandera de su país y en conferencias condenan el nacionalismo.
*Viajan a costas del Estado.
*Comen gracias a la admiración de las "personas normales".
*Los poetas de hoy, nacidos desde finales de los sesenta para acá, no saben nada del exilio.
*Todos se parecen. Escriben igualito. Todos quieren ganar el Adonáis, los Florales de Quetzaltenango o el Aguascalientes de México. Otros no dejan de pensar en el Nobel o en una beca gringa.
*Luego de que alcancen cada meta, ¿qué les quedará?, ¿la gloria?, ¿eso es lo que buscaban?
*Escribo esto porque, con todo, quiero mucho a los poetas. Monsiváis dijo: "El mejor apoyo es la crítica".

domingo, 24 de agosto de 2008

...

Los domingos me gustan más a solas

sábado, 23 de agosto de 2008

Lontananza

Chocabas supiros como piedras
hasta ver saltar esquirlas
que antes de rojear fueron azules
cielo perdido en la hora triste
de tus huesos
sólo era cuestión de sembrar
sonrisa en los jardines
en esa mancha anaranjada
de flores mudas e insomnes
mirándote llorar dormida
porque el sueño es realidad
para verdugos
y peces olvidados por los dioses
a pesar de lo que sigue
"uno se puede quedar sin nada y dar buen mate"
las blancas resisten todavía
pero el alfil negro no renuncia
una mano juega con la reina
cuando olvidas enjambres de colores
y el filo del absurdo en el tablero
soñaste con liberar a cada árbol
mintras matabas mariposas
poniéndolas a hervir
en la saliva de esta tarde
alta era la hoguera
en la aurora de tu corazón
nevaba para colmo
del único azul turquesa en la memoria
caían hielos del porvenir
sentenciaban la belleza
de un molusco en tus cuadernos
con el primer nunca escarlata
estancándote en la esquina

jueves, 21 de agosto de 2008

Tragos

No sólo lloverá cuando termine este poema
las palabras quedarán más frágiles
su invierno crecerá cuando le des la espalda
y puedas igualarte a sus caminos
mientras el viento quema tu perfume
aquello tan fértil en lodo renovado
en la fuente con cadávares verduscos
en otra noche cobijando tréboles
para olvidar la muerte decapitando
amapolas y coyotes

No sólo lloverá cuando termine este poema
también iré mitigando el dolor de las magnolias
con un jarabe de abrazos que no ocurren todavía
con el cardumen de frases que me debes
porque a ti gusta quemar barcos
con esos ojos de lumbre púrpura
que vi en un sueño
cuando la ciudad volvió a ser lago

Esta es la primera gota
se la traga sin culpa la banqueta
a las dos con cuarenta de la madrugada
la hora del insomnio
del vaso de sangre en el invierno

"Quitad del amor el amor propio y no quedará gran cosa..."

Para Claudia Navas,
en agradecimiento
Ayer volví a La tumba sin sosiego, un libro que le presté a dos personas muy queridas, admiradas y a la postre, ¿cómo escapar?, amadas. El retorno a esos párrafos subrayados, con manchas de café y lipstick, fue agridulce. La idea era localizar un frase de Cyril Connolly sobre la amistad, pero cosas del destino o de los duendes locos, tropecé (literalmente) con esta idea del crítico inglés:
El principal encanto del matrimonio, lo que en realidad lo hace irresistible a aquellos que una vez lo probaron, es el diálogo, la conversación permanente de dos seres que hablan de todo y de todos hasta que la muerte rompe el disco. Esto es lo que, a la larga, hace la igualdad recíproca más embriagadora que cualquier forma de dominio o servidumbre. Para el artista, sin embargo, puede resultar peligrosa; pues el artista es uno de esos seres que tienen que mirar a solas por la ventana, y para él entrar en el diálogo, en el espectáculo continuado de una vida entera, es una especie de disipación exquisita que, pese al placer de una comprensión conjunta de la comedia humana, con su alto nivel de intuición y su aroma perenne, es capaz de privarle de aquellos momentos mucho más singulares que son exclusivamente suyos...
Esa ventana, claro. La facultad de dialogar consigo que las y los artistas deben pulir hasta el extremo. Quien habla mucho con los demás tiene que guardarme algo para sí y las páginas. Primero fue la oralidad, sí. Pero sólo la escritura ayuda a burlar la muerte. Ni los hijos garantizan la trascendencia que buscamos. El matrimonio es irresistible, pero también una trampa bella, dulcísima. De mucho sirve morder el anzuelo. De más partir cuando es la hora.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Hospital, página en blanco

Creo en la literatura, pero más en la justicia poética. Sé que a cada uno le llegará su hora y nos subiremos todos juntos al podium de la tranquilidad merecida. Con o sin reconocimiento, convoco a Stevenson: "En el arte, el salario es el trabajo". La clave, ciertamente, es la actitud. No podemos dejar de leer ni de escribir. Si nos alcanza para eso hay que olvidarnos de la literatura. Uno escribe porque piensa que es lo mejor que puede hacer. Pero no sabemos si es verdad. Sobre todo si nunca hemos intentado dedicarnos a otro oficio con la misma entrega. Porque miren que la escritura agota, no siempre es sencillo andar soltando versos. Los poemas son muy caprichosos y se desenamoran muy rápido, con la misma velocidad con que las metáforas seducen. Todo es peligrar en este reino. Pase lo que pase, siempre estaremos a la intemperie como poetas y no impostores. Aunque pienso que nadie es un impostor si ama la poesía. Al final ella se queda con quien la adora y no con quien le escupe.
Después de muchos años las palabras aprenden lecciones y aunque Paz les haya dicho putas, ellas recuperan dignidad por sí mismas. Puede ser que eso busquen los versos, sentirse merecedores de ser, de que los seres humanos los dejen vivir en ese hospital que es la página en blanco. La necesidad de escribir es un mal, o mejor dicho, una convalecencia. Uno se cura cuando sale del texto que nace sano o no, pero llega al mundo y eso, en esta cultura de la muerte del poema, ya es mucho decir. Borges afirmó que no hay un sólo día en que no estemos en el paraíso. Posiblemente. Ni un solo día, no lo olviden. Aunque a diario nos disfracemos de empleados en quienes los jefes pueden confiar. Aunque perdamos oportunidades y la derrota sea nuestra casa. El paraíso no es un jardín sin flores carnívoras. Las noches siempre caen en el edén.

lunes, 18 de agosto de 2008

Una isla

Estrellas de mar caminan
en la costa de tu nombre
van escondiéndose de madrugada
con seis pedazos de luz
en cada punta
por eso brilla la caja musical
con bailarinas rotas
y resplandece aquella lágrima
(perla amarilleando hasta
volver levante
la ilusión de niebla)

Hay cielos que ahogan
te lo dije
y todo el mar se pone lívido
evaporándose en tu beso

Algo le pasa al mundo
si puede concebir como hipocampo
a las aves con branquias
a mi espera anfibia
en el iris que llama a la sangre
de este insomnio
sin ostras
sin hienas
riéndose de mí en el muelle
porque alguien
con cuerpo de relámpago
intuye las estrellas de tu nombre

Elena Isinbaeva

Vi a una mujer rusa volando. Algo decía con sus dedos de uñas rojas con anillos. Manos y labios repitiendo un mantra inexorable. Los ojos atados a esa magia. Mirada verde puntiaguda. Concentración infinita antes de correr. Porque miren que corrió como si el aire le debiera un último minuto. Luego clavó su herramienta en el suelo y logró volar gracias a la ley de la palanca. Destrozó sus propios límites. Récord mundial y olímpico.

¿Vila?

¿Y qué más da si el Mal de Montano se traduce en espejismos?, ¿si no libera en realidad? De cualquier forma vamos a morir un día. Así que ni se les ocurra abandonar la pluma, soltar esta bella tabla con salitre, algas y conchas rojas que es el teclado. Hay que aferrarnos a ella porque el silencio pudre. Sigan frescos. Para más mal o ningún bien, escriban. Pierdan todo lo que tengan que perder. Desde hace mucho ya no queda nada. Mejor esta libertad, este opio que marea. Mejor salir al mundo con un puñado de párrafos silvestres en la boca, con ese alambre de púas en los dedos; que callar, que ser infelices sin novelas.

De la resignación y mi jaqueca

La mayoría de las veces no siento culpa por ser una mala escritora. A mí también me han dicho que como poeta no valgo mucho. La verdad es que no necesito buenos ni malos consejos por el bien de la literatura ni el mío. Como decía Arreola, "puedo equivocarme solo". Si mi equivocación es infinita, la única que seguirá pagándolo soy yo. Escribo porque de lo contrario me enfermo, sí, me duele todo. El mal inicia con jaquecas, luego las articulaciones, el insomnio, el mal humor. Para colmo odio tomar desinflamantes, analgésicos o infusiones que llamen al olvido. Cuando eso ocurre es hora de escribir como sea, a partir de lo que duele y hasta donde el cuerpo me lo exija. La culpa entonces queda muy lejos.
Roberto Bolaño aseguró que en contra de todo y a favor de nada, uno sabe cuando la escritura es su destino. Alguien o algo nos los grita adentro y nada se puede hacer. El viernes, hablando con Rodolfo Hinostroza, él me miró muy seriamente e hizo esta pregunta terrible: "¿Quién te dice que eres poeta?" No le pude responder, no me atreví. No hizo falta, el peruano respondió: "Te lo dices tú mismo, nadie más. Por lo regular uno lo sabe y lo que opinen los otros ya no importa".
Así que venga, por mí que los demás opinen o no; que me cuelguen o me exilien de todos los parnasos. Mientras esté viva y algo me duela, voy a escribir versos. Mientras dude también.

domingo, 17 de agosto de 2008

Mi viernes de vates

Como de cuento: ocho poetas, sola una noche con lluvia brava. Mexicanos casi todos hablando de dioses. Uno que fuma y bebe, afirma que la poesía en este país es tradicional, que no arriesga. El único bardo mayor, de Perú, coincide. Yo digo que nos da temor atrevernos, dialogar con propuestas distintas. Mucho contemporáneos, mucho Bonifaz, bastante Lizalde. Está bien, pero ¿hacia dónde vamos los nacidos después de los sesenta?, ¿qué clase de tradición eligiremos?, ¿seguiremos vomitando sobre lo que quedó de las vanguardias?, ¿cuál es la ruta que más nos conviene? Tengo preguntas como para rellenar un túnel. No estoy segura, como poeta, que mis contemporáneos deseen ver la luz. Lo que sí me queda claro es que aquella fue la noche con lluvia de versos sobre la mesa con platos de pozole, cervezas pequeñitas, humo y poemas en el aire tibio ya sin relámpagos. Fue una noche que desde hacía mucho esperaba por nosotros entre carcajadas e idiomas de otros mundos. Y es que hablaron de gigantes, anillos y Coatlicues: Rodolfo Hinostroza, Mario Borjorquez, Jair Cortés, Ricardo Venegas, Afhit Hernández, Alejandro Campos, Elizabeth Delgado y Alma Karla Sandoval.

jueves, 14 de agosto de 2008

Blogonautas del Centro

Para Sergio Ramírez,
por su confianza
Son los jóvenes narradores, poetas y cronistas centroamericanos quienes llevan la delantera en el bloguisferio de nuestro continente. Escribo "bloguisferio" y la palabra tiene cara de enfermedad bovina, lo sé. Qué más da. Para algunos es mejor decir "blogósfera" porque nos referimos a una especie de república virtual donde cada blog como isla o país, exhibe la personalidad de un creador o creadora que publica lo que le da su regalada gana. Esta última frase resulta esencial para entender qué demonios es un blog, para qué sirve.
Arma de párvulos, desperdicio, pérdida irrecuperable de tiempo y neuronas, intento de sentirte escritor porque no lo eres en realidad: "Tienen un blog los que no pueden escribir en serio, publicar como es debido", aseguran los más apocalípticos entre los apocalípticos (Umberto Eco, 1964); aquellos que desprecian el encantamiento de las nuevas tecnologías, que tardarán en intergrarse.
En cambio, los que asisten puntualmente a la cita con su post como pan de cada día, piensan que un blog es el medio y el mensaje, la panacea para curar infecciones del alma intelectual, imaginativa, creadora. Sin intermediarios o dictámenes, sin tiempo que pasa y pudre el ánimo de ser, ese texto tuyo está al alcance de los demás en un clic que ya emula nuestro parpadeo. Conclusión: no se necesitan editoriales, papel, premios ni suerte para ser leídos en cualquier lugar del mundo, a cualquier hora. Visto así podríamos afirmar que el blog democratiza y promueve la apertura de universos literarios en todos los idiomas y acentos. Con los bemoles, cómo no, que esto conlleva.
Para quienes no paramos de hablar, ni de leer, ni de escribir, un blog es La tentación de San Antonio. Te da y tal vez mucho te arranca. Para empezar, es gratis. Para terminar, basta con pertenecer a un clan de amigas o amigos, cada uno con su blog, que te visitan y escriben en el tuyo algún comentario que se traduce por lo general a saludos bonitos, celebración de la escritura y, ¿por qué no?, también en ocasión de mofas, agravios y dicterios. No obstante, sin esas "agradecidas" opiniones, el blog muere. No hay blogonauta que no respire aliviado cuando por fin aparece una nota como prueba de que alguien más busca sus palabras. Y si a uno termina fascinándole ese feed-back (me escribes, te respondo, me respondes, te contesto) contrae un nuevo vicio, "blogosferitis". Las adicciones, como sabemos, quitan aire, consumen.
Pero no me atrevo a decir que los jóvenes centroamericanos, sobre todo los guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses (la mayoría nacidos en los setenta y ochenta) pierden el tiempo escribiendo blogs donde, de cuando en cuando, se pueden encontrar textos brillantes. Creo que es al revés. El blog amenaza con mutar, definitivamente, en la herramienta más poderosa y por ello socorrida que tienen estos creadores cuyas posibilidades de publicación, difusión y reconocimiento -dada la pobreza, violencia, corrupción e indiferencia cultural de los gobiernos de sus países- son muy pocas.
Así que en principio, los blogs de estas generaciones son rebeldía y autoafirmación de búsquedas literarias, de encuentro y pérdida, de frases accidentales y crónicas que ensayan con el presente; de entradas que juegan con el porvenir: vida de letra que deja la tinta y consigue colarse en monitores. Derribamiento del límite geopolítico, escritura nómade que emigrando se salva y vence al silencio, a la desmemoria a la que parece estar condenada Latinoamérica. No es nada casual que el movimiento más fuerte de blognautas lo ubiquemos en países donde la guerra y el exterminio, la desigualdad y la violencia imperarán todavía. El mundo que estos escritores de blogs tocan afuera está sucio, cada vez más podrido y más farmacodependiente. Los muros brotan, el narco manda. Por eso el otro mundo, el de adentro, de espacios íntimos: la recámara, la oficina, el estudio, en fin, el topos donde se da cuenta de aquello que es privado, pero que clama por volverse público, es decir, la blogósfera, triunfa.
En el siglo XX, el intercambio cultural se daba en las revistas, esas hojas enormes amarillentas y poco prácticas para nosotros en este tiempo. Escritores iban y venían de La Habana, México o Buenos Aires a sus lugares de origen con ejemplares de distintas publicaciones. Una vez que terminaban de expurgarlas, hacían suyos esos poemas, cuentos, crónicas o ensayos que debían conocer sus compatriotas. No existían más plataformas para saber en qué andaban los otros, qué estaban leyendo, con qué gozaban, de qué estaban escapando, cuáles eran los materiales de sus experimentos artísticos. En esta época, el blog permite que sepamos de todo. Bien informados sobre la vida de los demás, somos capaces de seguir sus trayectorias, de intuir, como críticos, las rutas de la nuevas literaturas latinoamericanas.
Esto no es una exageración porque basta con un poco de inteligencia cultural para saber, por citar un ejemplo, dónde estuvieron, qué hicieron y hasta cómo iban vestidos -no olvidar que también en los blogs se suben fotografías- un grupo de escritores chapines la noche del viernes pasado. También es posible saber dónde estarán el sábado próximo puesto que de blog en blog circulan invitaciones a cocteles, exposiciones, presentaciones, etc. Además, ellos mismos hacen la crónica de sus eventos. Y callando, omitiendo informaciones, dicen mucho, mucho más de lo que revelan. Nadie escapa. No existe apocalíptico que burle la confesionalidad de un blog. Pregúntele a los chicos de "Genérica", un espacio lleno de links donde los salvadoreños intercambian artículos con jóvenes de otras latitudes; o a Javier Payeras y Juan Pablo Darón cuyos blogs se han transformado en portales para ponernos a tono con la dinámica cultural de Guatemala.
Miremos entonces cómo se dan la mano las y los creadores de Centroamérica. La forma en que validan sus discursos poniéndolos a disposición del que entre a sus bitácoras. Parece que juegan, que sólo se pasan chismes, que redactan nada más para entrenerse, para comprobar que no están solos. La realidad es que escriben, atestiguan, denuncian sin denunciar, son profundos cuando más superficiales. Emociona ver ese crecimiento literario en conjunto, ese sentimiento de pertenencia a una promoción o tradición (aunque lo nieguen, incluso he dicho que merecen ser llamados "La generación sin nada") que como la historia de la literatura ha demostrado, recupera lo mejor de algunos talentos.
John Donne expresó que ningún hombre es una isla, sino un continente. La hermosa paradoja del bloguisferio es que todas las islas, todos los blogs, se conectan por sí mismos.

miércoles, 13 de agosto de 2008

El cumpleaños de un poema

Me da miedo fechar los poemas que escribo. Muchas veces la poesía nos ayuda a espantar recuerdos. No ignoro que también se escribe para que la memoria no muera. Sin embargo Freud afirmaba, "recordar es olvidar". Muchos compañeros poetas coinciden con eso. Lo que duele, porque es tan pesado, necesita del poema para aligerar angustias. De ahí que sienta miedo al fechar las páginas. Sólo los valientes lo hacen.
Uno de ellos es Marco Antonio Flores (Guatemala, 1937), poeta, narrador, periodista, conferencista, catedrático, ensayista y, por si fuera poco, excelente director de talleres literarios. Tuve la fortuna, inmensa, de conocerlo como tal en uno de esos días acuosos y extremadamente formativos que viví en la FILGUA. Creo que conecté de inmediato con Marco Antonio porque esa pasión bien educada que siente por la literatura. Ya hasta tenemos pendiente otra entrevista cuando él regrese a México, por ahí de octubre. Debo decir que todo lo que me habían dicho sobre este personaje se hizo nada al conversar con él. Menos aún al leerme de golpe, como quien apura su vaso ron de flores de la caña, esa preciosa Antología personal (1960-2000) que el Fondo de Cultura Económica le ha publicado.
Y ahora que reviso algunos de los textos que más gustan de ese volumen, advierto con estupor que mañana cumple 22 años este poema. Buen pretexto para homenajear de El "Bolo" Flores:
METAMORFOSIS
Éstas no son mis manos,
me las cambiaron en algún
sueño negro de un alquimista ciego.
Mis manos eran tersas,
arrogantes,
de un brillante metal;
solían apresar con energía
y acariciar melosas;
se movían violentas
a mis gritos;
reptaban entre bellas, alacranes,
piernas, coños,
fraguas, ángeles.
Y vino ese cabrón alquimista
con su fogón pudriente
y convirtió mis manos en cenizas,
las arrugó
transformó sus donaires,
sus movimientos míticos.
Ahora son dos ratas grises en un rincón,
temblando.
14 de agosto de 1986

martes, 12 de agosto de 2008

La seducción de Salinas

Cuando dices: "Me quieren
los tigres o las sombras"
es que estuviste en selvas
o en noches, paseando
tu gran ansia de amar.
No sirves para amada;
tú siempre ganarás,
queriendo, al que te quiera.
De La voz a ti debida
Como buen sagitariano (nació el 27 de noviembre de 1891), Pedro Salinas viajó por todo el mundo. Si bien es cierto que nunca olvidó Madrid, murió en Boston el 4 de diciembre de 1951. Miembro de la Generación del 27 o 25, donde se encuentran ni más ni menos que Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Alexaindre, Luis Cernuda y otros; Salinas destaca por su aguda penetración en las cosas o en la sentimientos que exigía mayor rigor, mayor insistencia. De ahí que sus versos nos parezcan insólitamente naturales, pero al mismo tiempo reposados en la magia del sentido que sólo la poesía aporta.
Creo que Salinas es el poeta más sobrio de su generación. No llega a navegar en tierra como Alberti o a facturar imágenes tan seductoras que dan escalofríos y enternecen al mismo tiempo como las de Alexaindre. Salinas tampoco maneja el deseo con la tónica apasionada de Cernuda ni se deja arrastrar por el ritmo ciertamente atronador de Lorca. Estamos frente a un poeta de la experiencia total. Sencillez, claridades, versos cortos, ritmo único y elegancia sin discusión, son elementos con que escribe Salinas. A él no le urge la pirotecnia del lenguaje ni necesita asociar campos semánticos diversos. Enemigo de la hipérbole o el oxímoron, este poeta opta por la verdad de lo que el alma le revela.
Debido a lo anterior nos conquista. Su mirada que va hasta el fondo derrite. Por eso esta retórica abandona trajes confusos y retoma la belleza primigenia del significado limpio. Por si fuera poco, su actitud dialogante imprime resonancias íntimas que hace de este lirismo todo un banquete:
Tú vives siempre en tus actos.
Con la punta de tus dedos
pulsas el mundo, le arrancas
auroras, triunfos, colores,
alegrías: es tu música.
la vida es lo que tú tocas.
O que tal estos ya famosos versos:
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
A mí me encantan también los que siguen:
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con que digo cosas
nos sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
Pedro Salinas nos induce al sueño amoroso. Su poesía es un elixir de sensualidades bien cortadas, de sobriedad y tino. Una lección de verdad acompañada de imágenes perfectas.
Qué lástima si no lo conocen todavía.

lunes, 11 de agosto de 2008

Otra poeta morelense -Claudia M. Sánchez Cadena-

La conocí en Tlaxcala. Visitamos esa bella ciudad -que una alumna gringa calificó como "una Puebla chiquita"- hace casi un año. Claudia y yo fuimos las dos únicas mujeres que asistimos a un encuentro de escritores. Compartimos el cuarto y ahí encontré a una joven poeta entregada a la formación de su arte y a una amiga respetuosa. Ha publicado en revistas, asistido a festivales y fue miembro del taller de Javier Sicilia. Algo o mucho hace bien este poeta anclado en Morelos porque alumnas como Claudia pueden escribir así:
*
En la blancura
con el aliento entrecortado
en velo de nieve
que cubre todo espacio
en el frío
sin despedirse de nadie
ni de los lirios
ni de las palomas
sin entender la muerte
-porque la muerte no es nada-
como cuando se es muy niño
o muy viejo
y no recordamos
que estamos perdidos en el sueño.
*
Los pájaros huyen del tiempo y de la madrugda,
las palabras se desvanecen en la lluvia,
a lo lejos se escucha una melodía:
las notas de un solo de saxofón.
Te esperaba en una esquina
y acaso te espero charlano con una nube
anhelando las letras inexistentes de aquella melodía.
Te regalaré la lluvia para que me puedas ver.
Claudia M. Sánchez Cadena
*
Agradezco a esta poeta por los textos, por ser tan entusiasta y, sobre todo, por seguir trabajando culturalmente por la poesía. Estoy segura que pronto sabremos mucho más de ella.

sábado, 9 de agosto de 2008

El amor de los poetas

En el verano de 1926, Borís Pasternak inició el juego de una pasión irrealizable entre Marina Tsvietáieva y Rainer Maria Rilke. La arena dramática donde estos amores tripartitos se desencadenaron era la correspondencia de aquel tiempo. Cartas inflamadísimas de angustia, nostalgia, amor agónico e ilusiones mortuorias. El flujo fue el que sigue: Tsvietáieva declara su amor a Rilke, proponiendo incluso que excluyan de su correspondencia a Pasternak; Rilke la rehúye. Pasternak quiere dejar a su mujer para reunirse con Marina; ésta elude el encuentro. Y es que, como ella misma dice en su última carta a Rilke -que quedó sin respuesta-, "el amor vive en las palabras y muere las acciones"; al menos, el amor de los poetas.
A continuación un fragmento de cierta carta, de mis favoritas, que la rusa le escribe al alemán:
Una frase de tu carta: "...si repentinamente dejase de informarte qué sucede conmigo, tú, de cualquier manera, deberás escribirme siempre que..."
Al leerla comprendí inmediatamente: esta frase es una súplica de sosiego. Llegó la inquietud. (¿Ahora te encuentras un poco más tranquilo?)
¿Sabes qué significa todo esto: quietud, inquietud, súplica, cumplimiento, etcétera? Escúchame, creo saberlo exactamente.
Antes de la vida somos siempre y todo, en la vida somos algo y ahora. (Somos -nosotros mismos, poseemos- ¡no importa qué!)
Mi amor hacia ti se desmenuzó en días y cartas, en horas y renglones. De ahí la inquietud. (¡Por eso tú me has solicitado quietud!) Una carta hoy, una carta mañana. Tú vives, yo quiero verte. Una traducción del Siempre al Ahora. De ahí -el tormento, la cuenta de los días, la depreciación de cada hora, la hora es únicamente un escalón hacia la carta. Ser en alguien o con alguien (o desear ser, en general -desear ¡es lo mismo!). Lo he advertido y me he mantenido en silencio.
Ahora ya ha pasado. Suelo superar rápido mis deseos. ¿Qué quería de ti? Nada. Probablemente estar cerca de ti. O quizá, únicamente ir hacia ti. Sin una carta era como estar sin ti. Y más mientras más tiempo pasara. Sin una carta -sin ti, con una carta- sin ti, contigo -sin ti. ¡En ti! Si no se puede... ¡Entonces morir!
Así soy yo. Así es el amor -en el tiempo. Ingrato, auto-destructivo. No amo ni respeto el amor.
V vielikoi nízosti liubvi (en la gran bajeza del amor), escribí alguna vez: la grande bassesse de l´amour, o bien, aún mejor: la bassesse supreme de l´amour.
Entonces, Rainer, esto ya pasó. No quiero ir a verte. No quiero querer.
Quizá algún día, con Borís (desde muy lejos sin una línea de parte mía, él lo "olfatea" todo. ¡Él tiene oído de poeta!), pero cómo, cuándo... ¡No va a darnos prisa!
Y para que no me consideres mezquina: mi silencio hasta ahora no se debía al tormento sino a la monstruosidad de este tormento.
Ahora ha quedado atrás. Ahora te escribo.
Marina
Cada vez que leo este libro muchas preguntas que no logro detener me duelen:
1. ¿Seremos capaces de correspondencias extraordinarias, amorosas, poéticas, a camino entre el diario íntimo y la novela epistolar?
2. ¿El e-mail es una herramienta que nos ayuda verdaderamente?
3. ¿Por qué dejamos de escribirnos?
4. ¿Por qué nos enemistamos con la distancia que ya no es tal con msn, blogs, etc?
5. ¿Nos podemos desenamorar de las palabras y los ojos de quienes por momentos nos detestan?
6. ¿Es cierto, como decía Paz y muchos otros que finalmente "decir es un hacer"?
7. ¿Cuánto estaríamos dispuestos a seguir perdiendo para yo no extraviar a destinatarios como Rilke?
8. ¿Hasta cuándo seguiremos soñando encuentros que no se dan sino para des-encontrar lo que soñamos?
9. ¿Entenderán que así es como dialogo y borrando lo dicho que hiere tanto y hondamente, nos protejo de los demás y hasta de nosotros?
10. ¿Creerán que perdono casi cualquier cosa?, ¿que lo comprendo: "El mejor apoyo es la crítica"?, ¿que también me puedo dejar encontrar aunque a veces actúe, como todos los seres humanos, por impulso?
Mi reino, que es mi resto, por alguien con quien escribir sin lastimarnos.

Gambito de Reina

Y admites que amas sin creer en dios porque te rompe
(de ahí la estrella polar filosa/sólo el herido está desencantado)
y no te secas tus lágrimas de risa
(una luz sin fulgor buscaba Beckett)
y no renuncias del todo
(aquel dios no lo permite)
e inventas cinco mundos por cada elemento del taoísmo
metal por el mercurio
agua por el mar y un navegante pelirrojo
tierra por el roble y la ceiba que te ayuda
viento por el cadáver de otro barrilete
fuego porque aclara
(de la ceniza toma razón el mundo)
este es el campo de tu libertad que ya no existe
la cadena que te dieron desde niña
(pero la transformaste en la cuerda que saltabas/
en el canto que reclama vida entera)
he aquí el amor que para la prosa están los diarios
(Apollinaire muchas gracias)
he aquí lo más marchito
(lo que pudriéndose revive)
y el golpe de un diálogo muerto
he aquí el brillante "pierde de mano en mano su brillo"
te besan
los besas
te olvidan
les escribes
la dama de corazones juega ajedrez consigo misma
(le regalaste un perro sepia)
y el caballero que lucha con las blancas sonríe a lo lejos
escribo (dices)
como un maestro que echaron del Nirvana
actúas
como la guillotina
caes
e intuyes que el silencio tiene cara de amor
y el odio nació mudo
no es mescalina pura en nuestra sangre
ni fuego y peste enfriando lo que dices
¿lo que sentíamos?

Horizonte de espera y espacio de experiencia

Cuando uno estudia la novela histórica (que en tiempos de resemantización se le llama comúnmente "novela transhistórica" ) se encuentra con Paul Ricoeur. Este filósofo y antropólogo francés establece dos categorías para acercarnos esas creaciones que desde Ivanhoe de Walter Scott o Salambó de Flaubert, hasta Noticias del imperio de Fernando del Paso o Santo oficio de la memoria de Mempo Giardinelli, determinan el estatuto de estas novelas en la historiografía literaria. Dichas constantes son:
a) El horizonte de espera. Se relaciona con la nación ideal que los pueblos construyen para sí mismos ya sea porque su propia historia la exige o porque su crisis los determinan. Es difícil que los pobladores de Rusia y Georgia no esperen más que el cese de las hostilidades que acaban de estallar en esa región. Por lo tanto, este horizonte está determinado por la inmediatez que es decir el aquí y el ahora. Como dirían por ahí,"nadie pueda dar lo que no tiene". Ricoeur, aclaro, no lo explica de ese modo, pero es obvio que "nadie puede esperar lo que no necesita".
b) El espacio de experiencia. Acá también se vale soñar que tradiciones, costumbres, ritos y el lugar que un país requiere para continuar con aquellas prácticas, se respete. Espacio también es tiempo y cada siglo se comprende mejor mediante el rasero de la historia. ¿Un ejemplo? Los campesinos del sur de Morelos, los que comenzaron la revolución más sangrienta de la historia mexicana, no se rebelaron porque en verdad demandaban más justicia, sino porque les tocaron las tierras donde tenían enterrados a sus muertos.
Horizonte y experiencia, ¿cómo aplicar estas categorías para y por nosotros? Pensemos que somos, cada uno, un país, o algo mejor, una novela. Ya Musil intentó inmortalizar la gran Kakania en cuatro tomos que acaban siendo, infortunadamente, una grafomanía sin atributos. Pero dejemos la crítica con pocas bases. Como República de la Escritura Libre yo sería neutral. Tomaría decisiones salomónicas que dañaran lo menos posible. Buscaría resarcir errores. Esto aunque intentaran declarar la guerra retándome al silencio que también me gusta. Así que no haría caso de apasionadas y excitantes provocaciones, de críticas que agradeceré a cada momento. Me aguantaría con todo y mi obsesión por Troya. Como novela total jamás le cerraría las puertas a intrusos inteligentes y tiernos que me gustan tanto y terminan descubriéndose en sus anagnórisis. En realidad soy pacifista. En otro tiempo hasta creí en el poder de las gladiolas, las masticaba.

Lophophora Williamsii

Este era un dios mortal, sangraba. Dicen los huicholes que de sus huellas nació ese cactus sin espinas. Empeñados en que nos doliera, lo apretábamos. Nos gustaba imaginar la pústula. Nadie nos dijo que la planta a menudo se demora 30 años en alcanzar su edad de floración. Entonces aún nos quedaba un poco de inocencia y varios gramos de olvido en la memoria. Podíamos negar la realidad en nombre de las ilusiones, de esa confusión que es la vida en el desierto. Habíamos leído a Balzac y obras como El cielo protector, El almuerzo desnudo. Recuerdo que tomaba autobuses de la capital a un municipio sucio, dando vueltas sin sentido. También buscaba sin hallar con poemas de Paul Bowles entre las manos. Siempre llegaba vuelta duna al cuarto de mi infancia. Y la planta ahí, resistiendo el sol azteca en los balcones. Y yo sangrando como aquella deidad todos los meses. Negada a esperar, negada a dejar de trasladarme. Sólo tenía que mirar el cactus. Pronunciar su verdadero nombre.

viernes, 8 de agosto de 2008

Ondea

Con cicatrices de mercurio sigue ondeando
retoma para sí su necedad de río
la canción y el alga trémula
esa noción de segundo sin espuma
recorriendo si no la misma línea
sí el péndulo que enreda el infinito
por eso ondea
y lo que calla es tiempo de la aurora
manecillas desbordadas en un lago
-derramamiento de carmín solar-
El niño lanzó piedras calizas
y las ondas tres veces
lo marcaron
el joven era mercurial y aventurero
el hombre amaba aún herido
Ondea
es más cercano al ying
por ello un loto lo busca
la maduración del lirio lo persigue
el tiempo que se alarga si le duele una cometa
hora infinita colmándose en el ocho
el pensar enmarañado
las líneas fantasmales
cuando es suya esta carta esférica

8 del 8 del 8

Infinitamente infinito infinitas infintamos. Conjugo esa palabra que no es verbo (de este modo jubilo a la ortografía y a otra señora fifí, la gramática) porque el 8 es un infinito en el lecho, casi una persona que se desnuda. Sucede que hoy es fecha de ochos satelitales con el humor de una cábala bochachona en plena inauguración de Juegos Olímpicos. Bonita la pólvora, claro que sí. Hermosos los bailes; inolvidable la música, pero medio kitsch el espectáculo chino cuando se occidentaliza. Así que vuelvo al 8 porque estoy pensando en la noción de número más allá de la idea y la verdad es que no me soporto superficial. Vuelvo al 8 si imagino los números como personas en un campo de concentración o en aquel niño con hambre que duerme en un barril; si me muerdo la lengua y me amarro los dedos para no contar lo unida y hasta felizmente atada que siento al 8; si asumo que penar con alegría -de 8 en 8- es ser éticos; si uso el freno de mano para no descalabrarme y admitirlo: esta emoción sólo la puedo expresar con un poema.

jueves, 7 de agosto de 2008

Amonitas

Pronostican entre 14 y 16 tormentas este año para el Atlántico. No te importa. No me importa. Que el mar se eleve sin aviso. Que los noticiarios griten hasta el último minuto. Quiero callar. Que las palabras se conviertan en fósiles de caracoles bellos.

Mitema

Todo queda de la mujer devora-libros, que no hombres.
Todo se fija en la memoria del que calla y bebe para escapar.
Todo con sus cuatro letras como puntos cardinales, gira.
La casa de Dorothy toca tierra en la renuncia.
No tener, no pensar, no decir, no revelar, no aparecer, no confiar, no copular, no querer.
No con alas de halcón en un pueblo olvidado.
La renuncia es una fuente apagada en el jardín mozárabe más hermoso del mundo.
Todo queda de quien lo dice.
La arena es al mar como el guiño al recuerdo que amo y no logra abandonarme. También la cuadratura de un mapa sin cruces que sólo se desdibuja en el viento como poemas de eternidad.
Sólo seguimos renunciando hasta volver a nuestros pasos fosforescentes.
Desdorados amantes hay en esa ruta. Adioses que no son palomas atadas a un pañuelo.
"Acróbatas trágicos sobre el hilo de la virgen de las ganas". Un aro de hilo en la memoria, repite.
Por ello no vuelve. Sólo renuncia. Corta, ¿le presto mis tijeras que lo saben?
Otros verbos caen y nos sostienen: perder y derramarnos para escribir. Libres, solos.
Entonces la unidad del mito que nada tiene que ver con Penélope.
Tal vez con Circe o Alma Karla a secas con esta historia de cabello negro y largo que soy.
Y ninguna escapatoria. Ningún colmillo. Sigo a salvo. Tengo el universo abierto que defiende, me lo dio. Su ternura es una buena razón para vivir.
Poseo, incluso, esta soledad donde le urge arrancarse las escamas.
Nunca desplumaría esa quimera. A mí gusta ver volar.

Time held me green and dying/Though I sang in my chains like the sea

Por fin Dylan Thomas de este lado de mi cuarto oscuro. Bien esquinado en el lugar donde invoco a los fantasmas. Lee con voz ronca de dipsómano. Llora fuerte. Las flores, los helechos de su poesía se hunden en el mar que inventa. Con acento británico, el terremoto no acaba en su universo. Lo miro, lo quiero tocar. Inútil. Está hecho de bruma, pero canta encadenado. Con eso es suficiente.

Literatura bastarda

Claudio Magris está de acuerdo con Marabini y yo con ambos: no ha desaparecido la literatura bastarda que nace en el periódico. Esta forma de escribir debe medirse cara a cara con el polvo de los acontecimientos, "continuar con sus peripecias quijotescas de siempre, poniéndose, aún más, de parte de Sancho Panza", afirma el italiano. Porque sí, la literatura sólo puede nacer -cuando quien escribe posee la fuerza para hacerlo, cuando es un escritor- si no se trata de esquivar la realidad, si nos sumergimos en ella; puede nacer de un diario de viaje, de una nota de costumbres, de una reflexión política; cuando la palabra para el que escribe no es sólo un medio para designar algo, sino una metáfora que señala esa cosa, pero también que alude a algo distinto y expresa el sentido y el no-sentido del mundo.
Por eso leo periódicos y escribo en ellos. El diario es una novela por entregas que sustituye a la oración de la mañana. Encuentro horror y piedad en esas hojas. También tinta que ensucia mis uñas y mis codos. Muchas veces como Chomsky, acabo temblando después de una noticia. En otras ocasiones aplaudo la inteligencia de los reporteros. El mundo pasa por mí y yo por él sin levantarme de la silla. Este mundo azul que compartimos, que apasiona.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Noroeste

Vendrá el metal a formar agua.
Con la creciente y un respiro,
maderas nacerán para este fuego
adulto en la ceniza vuelta barro.

Luego el níquel.

No habrá ciclo entonces
que te aparte
ni palabras con alas diminutas.

Vendrá el agua, lo aseguro.
Volveré a verte, a derramar el oro
por la magia del espejo,
en nombre el dolor
que has convocado
para contemplar mi llama,
tu escritura.

Ya tinta y metales gimen.
Respondo con perfume de paisaje,
con aro de hilo en la memoria
que se queda.

martes, 5 de agosto de 2008

Partitura

Para Omar Herrera-Arizmendi,
con dolezza


No te puedo devolver ningún relámpago
sólo imaginar una tarde de noviembre
las hojas tibias en lo amarillo del aire
aquellos girasoles en mis ojos
en la mirada de lluvia estival tan sólo tuya

No te puedo devolver aquel color
ni a Chagall en cada techo
quisiera olvidar la jacaranda
el silencio en tu camino
desaparecer como una nube
que ves en los aviones
no haber tocado el mundo
con mi acento de los Andes

Fue culpa de la lámpara
de la estrella para Alberti
y tantos lazos rotos
(sí te pude devolver el azahar
con su olor mi mente enloquecía)

Ahora quemo el tiempo que transcurre
cuando el amarillo de la noche también muere
ya no eras mayo

Dejé marchitar notas musicales

lunes, 4 de agosto de 2008

Nunca las mismas

Contamos historias porque nos urge ser otros. Somos otros, pero necesitamos que los demás se enteren, esos otros/otros, por puras ganas de inventar vidas y jugar a poseerlas haciendo creer que las tenemos. La magia de la ficción recae en esa frase, "hacer creer". Pensemos en el escritor como ilusionista, en el narrador como un mentiroso que no esconde el orgullo de sus engaños. Y es que el autor lo sabe: mentir es placentero, implica además de salirnos con la nuestra, soñar con llegar ser otra u otro .
El olvido de nosotros mismos es un bien que se agradece. Estamos con nosotros a todas horas y no todos los días nos agradamos. La misma máscara, que como sabemos es decir la misma persona, siempre está ahí. Pasan los años y el antifaz se arruga. Ser los mismos aunque luchemos por la transformación y logremos cambios en nuestras conductas que ayudan a vivir más (qué feo) o a vivir menos (terrible), es lo peor que nos puede ocurrir luego de nacer. Lo más grave ocurre con nuestro primer llanto porque ya estamos acá y eso sí es inevitable. A partir de ahí todo puede ser posible, menos ser otros. Aun cuando cambiemos de sexo, la memoria no se altera. Un transexual recordará su desdicha cuando no tenía senos y si los obtiene, también recordará su alegría al tocárselos todas las noches. Uno es uno y se queda en uno. Uno está solo aunque tenga siete hijos o cambie de cónyuges. Solamente la literatura rompe con esta realidad. Uno es varios y vive en muchas partes cuando narra. Como los mejores actores que admiten el trance y se transforman, los escritores están debajo de la piel de sus personajes. Un buen novelista es el primero en llorar cuando alguien entrañable muere en sus libros. Difícil explicar este ex-trañamiento o en-trañamiento.
Se trata del misterioso devenir de la creación. Es muy raro -perdonen que no sea capaz de escribir otro adjetivo- que una persona cuente lo que le ocurre a un ser ficticio creado por él y que aun sí termine creyendo que es verdad. Reír o sufrir por lo que nunca pasó es estar loco. Por ello los escritores no pueden ser gente cuerda, logran, claro, aparentar que lo son y ser funcionales, hacer grandes aportaciones a su comunidad e incluso en convertirse en glorias de la civilización. Si en serio son inteligentes y bastante esquizofrénicos, tanto que pueden soportarse, mueren en paz con el mundo y hasta con ellos mismos.
En el primer libro de El cuarteto de Alejandría, el personaje principal dice que para escribir es necesario, en primera instancia, no tener miedo de volverse loco. Yo no entendía la seriedad de este asunto, pero una vez conversando con Ethel Krauze, ella me dio la razón: "¿Y cómo estar cuerdos todo el día?, ¡qué horror!" Luego entré en la obra de Vila-Matas y analicé a Auster. Después Jorge Galán me citó a Claribel Alegría quien afirmaba que para ser escritor hay que comenzar con algo cierto y luego mentir, mentir, mentir, mentir, mentir. Hasta hace poco yo me avergonzaba de mis invenciones. Me daba miedo notar como la realidad y yo sosteníamos serios diferendos. Me acordaba de Alonso Quijano y mejor dejaba de pensar. Ahora me lo tomo con más calma porque escribo y aunque trate de ser una persona equilibrada, aterrizada, mi otro yo se rebela y lo cierto es que estas luchas me hacen sumamente infeliz. Así que miento a diestra y siniestra en este blog y si me creen, bien, si no, también. Se que puedo ser otras y soñar que lo fui, que lo seré. Puedo, además, contarlo. Digo que he hecho viajes que nunca haré, que he amado y olvidado cuando lo segundo es mentira y también lo primero. Afirmo que todo lo narrado me ha pasado a mí, pero en verdad son los aprietos de otra. Yo sólo soy una mujer que dicta clases de comunicación y literatura en un país que la aburre con un cuerpo que podría mejorar y un salario algo injusto. Pero ella no es del todo yo. Hay varias y cambian y no las entiendo. Pero cada una, mientras más escribo (y esto sí es verdad) ya menos miedo tienen de volverse locas.

Je me forme en toit et me transforme

Acabo de releer a Tristan Tzara porque en cierta entrevista que le hacen a una de las poetas que más me gustan, Olvido García Valdés, ésta dice que ese vate de origen rumano es uno de sus maestros. Y ahora que descubro mis dedos manchados de los colores, la nieve, la noche pesada, los perros sucios, los hoteles, las auroras y la memoria en los poemas de Tzara, comprendo.
Estamos frente a un poeta del onirismo cuyos textos parecen geografías interiores:
perdido en la geografía de un recuerdo
y de una rosa oscura
vago por las angostas calles alrededor de ti
mientras tú también vagas por otras calles más grandes
alrededor de algo
Vagancia, en efecto, es el signo de la poética de Tzara. El dinamismo de sus imágenes se agrupa en trazos a lápiz, no en danza de pinceles cuyo encanto radicaría en la fuerza, no. El ritmo ocurre etéreo y también terrenal. Es como si la poesía de la experiencia y un creacionismo silente fueran intercalándose en la respiración de las voces poéticas. De ahí el encanto de Tzara, el influjo y el manto metafísico que extiende. El perfume de esta poesía también es algo muy peculiar, huele a caracol, chimeneas, noche en la playa, jardines secretos y lágrimas clandestinas. Huele a verdad, a sueño que no acaba de cumplirse, a promesa hermosa, a lo que seremos si no perdemos nuestra fe en la mañana.

domingo, 3 de agosto de 2008

Nutricia

Como, como, como, como, como, como, como pan, azúcar, nueces, frijoles, aceitunas, pastas, tortillas, huevos, quesos, carnes, embutidos, frituras y bebo agua, un café tras otro, tras otro, tras otro, un refresco oscuro de dieta, aspartame, cervezas claras, tequila, más café y leche con cereal, papaya, fresas, melón. Como, como, como, como, siguo comiendo antes de esos días, de esa semana de coágulos y nervios. Después pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo, pedaleo porque arriba de la bici no lloro y pienso en lo que como, porque así no salgo de mi talla y no me voy de verdad, me aferro a lo único importante, al sudor, a mi vida.

sábado, 2 de agosto de 2008

Una vieja amiga - cuento de Andrés Mauricio Muñoz

Su padre es filólogo. Él, ingeniero. Se convirtió en un profesional que nada tenía que ver con la literatura tratando de ser diferente o, quizá, para salvarse de estos destinos algo trágicos. Fue inútil, pero nada triste. Andrés es una de las personas más comprometidas con el oficio literario que conozco. Asegura que se levanta tempranísimo para escribir. Le creo. Tiene una curiosidad inmensa. Lee lo que la crítica está ponderando y también lo que le pega la gana. Siempre asiste a ferias y a festivales donde los grandes se concitan. Él sabe que puede llegar a ser uno de ellos. Mi aprecio por este joven colombiano no se relaciona con la gratitud. Miren que en Bogotá él y su cónyuge fueron no sólo amigos y paños de lágrimas para quien esto escribe, no. Andrés es un cuentista que ha ganado premios y cuyos trabajos se encuentran en antologías importantes.
Me siento profundamente orgullosa de conocerlo, de hablar de literatura siempre que nos encontramos, de tener la fortuna de apoyarlo cuando haga falta y, sobre todo, de leer su narrativa. Me lo presentó Johann en una de las tertulias de cuento que él organizaba. Este dato es crucial porque hay herencias más brillantes que otras. Los cuentos de Andrés son para mi vida uno de tantos legados de oro que el amigo finado dejó.
Hace algunas semanas, con motivo de las cien entradas de este blog que ya va por la 168, les pedí a todos mis cuates algún texto. La historia que sigue me la acaba de enviar Andrés y le agradezco infinitamente. Qué alegría presentarlo y compartirlo con amistades de otras latitutes.
Un vieja amiga
Hace unos días tuve la oportunidad de reencontrarme con una vieja amiga. Mi esposa, mientras mirábamos unos viejos álbumes, me preguntó que por qué yo siempre hacía el mismo gesto; de inmediato supe a qué se refería, el lado derecho de mis labios se desplazaba hacia un lado y sonreía, el izquierdo, permanecía inmóvil. Sin embargo contesté que no entendía y pedí un poco más de explicación. Sí, mira, me dijo, y comenzó a pasar las páginas y a mostrarme una por una todas las fotos en las que mi sonrisa ladeada era una réplica constante. No había caído en cuenta, me dijo, pero tú siempre sonríes así. No quise entrar en detalles en ese momento; levanté mis hombros para indicar que no tenía idea y miré a la pantalla del televisor. Un rato después entré al baño y ensayé mi sonrisa, vieja amiga, una y otra vez.
Soy muelón. Siempre he sido muelón. Aunque ahora, que me he engordado los cachetes, se disimula un poco. No soy muelón de nacimientio; es decir, no desde que mis primeros dientes asomaron. Soy muelón no desde que un odontólogo novato llegó a Popayán a hacerse pasar por experimientado ortodoncista e inauguró su clientela con mi boca en un esfuerzo por tratar de hacer que mis dos dientes frontales asomaran. Desde hacía varios meses, donde antes lucía los de leche, había dos orificios en la encía en espera de los nuevos. Fue una época tortuosa. De aquel tiempo recuerdo dolor, mucho dolor; encías sangrando; lloriqueos; pesadillas; helados, muchos helados que mamá compraba después de cada cita. Al final el tipo lo logró; aunque los dientes, por lo rudimientario de la técnica, aparecieron con una considerable desviación que él mismo después no pudo corregir. Al principio, aunque no faltaba quién me molestara en el colegio, mis dos paletas inclinadas en el centro de la boca no representaron para mí problema alguno. Mi martirio comenzó, unos años después, cuando me empezaron a gustar las niñas. Un día, después de varios años de tratar a las mujeres, me descubrí cubriendo mi boca con mi mano izquierda para hablarles. Parecía tonto, decía mi papá. Yo, de todas formas, ante la inevitable elección, prefería parecerlo.
Por esa época el barrio era un barrio alegre donde había muchos niños y niñas de mi edad; jugábamos todo el días los juegos habituales pero, en la noche, a escondidas de los mayores, habíamos introducido en nuestro repertorio el famoso juego de pico de botella, así como otros en cierta forma parecidos como escondite americano o la verdad o se atreve. Por esos mismos días, mientras todos descubrían las ventajas de estos nuevos juegos, yo, a la par también iba descubriendo mi problema con las niñas. La cuestión era que yo, en ese tipo de juegos, no tenía cabida. En cierta forma me sentía rechazado. En escondite americano la idea era que si los niñas contaban, los niños se escondían; y si éstas lograban encontrar a alguno, lo catigaban con un beso y éste quedaba eliminado. Yo, por lento y porque siempre he sido propenso a la competitividad, me escondía en sitios donde jamás pudieran encontrarme. Siempre ganaba. Un día mi amigo Fabián me explicó el verdadero objetivo del juego; cambié entonces mi estrategia aunque no sirvió de mucho. Mis "amigas", por alguna razón que en ese entonces me resultaba muy extraña, no me encontraban así yo a propósito hiciera algún ruido con el pie o asomara ligeramente mi cabeza. Seguí ganando el juego por mucho tiempo más. Hacerlo no me disgustaba, pero aumentaba mi ansiedad. La revelación completa me llegó un día cuando Viviana, una de las más lindas del barrio, se encontró de frente conmigo cuando yo, cansado de esperar, salía de atrás de unos arbustos. Nos asustamos. Ella más que yo. Lo primero que hizo fue hacerse la loca y seguir de largo; ¡Ahhh, me encontraste!, le dije agitado mientras sentía que me circulaban hormiguitas por la panza. ¡No te preocupes, fresco, que yo no le digo a nadie y te dejo ganar!, me dijo guiñándome el ojo y se echó a correr. Esa tarde me sentí muy mal. De igual manera sucedía en la verdad o se atreve, pues a ninguna le importaba responder las preguntas más jodidas, putamente jodidas, con tal de no atraverse cuando la botella orientaba alguno de sus extremos hacia mí. Me entregué por completo a estudiar el origen de esta fea situación. Cambié, con la ayuda de Fabián y Raúl, mi forma de vestir: descubrí entonces que yo era una güeva para combinar. Mejoré considerablemente mi problema de tartamudez (sí, es cierto, yo estaba jodido). Finalmente comprendí que todo el origen de mis males anidaba en mi boca; esas dos feas paletas que se insinuaban cuando hablaba, y por las que en casa me decían conejo con mucha dosis de ternura, eran las culpables. Ese día comenzó mi mano izquierda a tapar mi boca cuando hablaba o reía.
Fueron muchas las veces en que frente al espejo practiqué muchas sonrisas, muchas formas de hablar sin poner en evidencia mi problema. Las primeras aproximaciones me mostraron hablando al mejor estilo de Carlos Donoso, avezado en el arte de la ventriloquia. Luego, después de extensas jornadas de trabajo riguroso, la cosa mejoró. Más adelante vino el diseño de sonrisa; debía buscar una en que, para no lucir mueco, entreabriera un poco los labios dejando al descubierto sólo una parte de los dientes. Aunque la cosa era mucho más especializada, también tenía que, en perfecta sincronía, desplazar mi maxilar inferior ligeramente hacia adelante y alinear así mis dientes de abajo y de arriba. La sonrisa ganadora derivó entronces de un proceso largo y complejo. El resultado, una sonrisa "genuina" en la que se flexionan más los músculos del extremo derecho de la boca. Los resultados, sin embargo, se hicieron esperar por muchos años. Durante este tiempo mis amigos, poco a poco, fueron viviendo sus primeras experiencias sexuales. Mientras tanto yo seguía entregado con fervor a la depuración de mis técnicas. De esta forma acumulé por mucho tiempo inseguridades frente a las mujeres. Al final, como la erupción de un volcán que se creía apagado, terminé siendo un promiscuo en la universidad. Algo en mí cambió y esto me propulsó hacia los dominios femeninos dotado de una seguridad brutal. Cada una de las niñas que me tiré después de los dieciocho, tenía su correspondencia directa con cada uno de los días que pasé frente al espejo y también con aquellas oportunidades en que, jugando, y con el derecho adquirido, nadie me besó.
Estando frente al espejo escuché la voz de mi esposa que preguntaba qué tanto era que hacía en el baño. Salí. Me acosté boca arriba y le conté. No pudo evitar reírse. La miré y sonreí con la única forma que tengo de hacerlo. Luego la abracé y vimos televisión hsata que nos quedamos dormidos.
Mayo 06 de 2008

viernes, 1 de agosto de 2008

La confesión es un género literario: carta urgente para Julio

Te escribo ahora que no es de noche porque necesito luz para hablarle a un confidente. De esta luz que decae antes de las seis en México, de toda esta llegada que como dice Naipaul, es un enigma. Y te hablo a ti porque estoy cansada de ocultar lo importante, porque querías saber en qué terminó aquello. Es la hora, debo decirlo, pero dudo frente al teclado y los temores renacen, ¿será que me siento lúcida a lo Pessoa?, ¿te acuerdas?:
Hoy estoy vencido como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviera otra fraternidad con las cosas que una despedida...
Pues bien, que me sigue el éter del que habla Hölderlin, los griegos y los dioses; que tengo miedo de que del dolor no ayude a pensar sino a sentir cada vez con más desesperanza y a enloquecer sin motivo. Sucede que intento escapar de la memoria, pero tratando un poema tras otro me golpea y no logro detenerme, al menos hoy no. Entonces pienso en la Wolf y respiro. Ya no lucho. Dejándome llevar no voy tan rápido. Esto ya no es cosa mía. Para colmo se me cruza todo Heidegger, María Zambrano y Gadamer.
De tal suerte que depongo las armas, me someto a lo que el corazón exige aunque esto ya no importe, a pesar de que la hermenéutica en el alma de tu amigo no encontró valor. Sí, hay que ser valiente para extrañar e ir hasta el fondo de lo que el otro dice en silencio, de lo que la otra escribe para esconderse o revelarse. Tal vez sí sea mejor callar, de acuerdo, mi unión con el mundo, con las cosas que hoy miro y me miran, no es más que la de un adiós semejante a una ladera sin colores. Los perros ven a blanco y negro. No soy una mascota. Soy una mujer y ya, un ser humano de alta tensión, lo admito. No obstante, mi queja no tiene que ver con esos oscuros poderes.
Es más, frente a la ventana de tu cuarto lo supe: nadie tiene la fortuna de sentir así y de contar, sus sentimientos, con un cómplice. Una fortuna casi destinal, Julio, como si desde San Salvador tuvieras que estar ahí para contarlo todo después, para atestiguar a mi favor en la corte de los amores perdidos o las pasiones destructivas. Yo lo haría por ti porque recordaré siempre las patatas en ese lugar donde venden comida de plástico.
Sí, recuerdo. Lo peor es que ya he ido registrando todo, cada palabra, cada una de tus muecas. Tú sí te podías confesar y yo no. Resulta que entonces ya palpaba lo absurdo de mi osadía, de eso que aún no me atrevo a nombrar. Sólo me inclinaba para oler y probar mi llanto que supo a venenos, a copa pasada. Cómo decírtelo, no pude. No lo hice aunque limpio y grande era tu espejo.
De ahí estos párrafos, su origen en la noche del tequila, en la noche del mundo, según Heidegger. Tú, nadie más que tú, se atrevió a pronunciar la frase y yo ebria, pero no lo suficiente como para revelar los materiales de mi verdadero corazón, callé. Me arrepiento. Pero si hubiera dicho lo que ahora voy a confesar te habría asustado y a tu amigo también. Ahora asumo que no podía seguir junto a una persona con quien tenía que controlar mi pasión por lo leído, mis libertades. No me atrevo a decir "mi inteligencia", tan sólo este frenesí por la literatura o lo pasado: mi devenir, estos mundos y los fuegos toscos que prendo en todas partes.
Por eso no dije nada, para no parecer doctoral (aunque el lunes comienzo el segundo semestre de esos cursos) y también porque escuchaba por un lado de mi espíritu mientras el otro no se cansaba de mirar a esa persona. Ay, obsérvame, fíjate bien, no sirvo para narrar, cuánto rodeo, cuántas palabras para repetir que tu boca parafraseó con tino: "Sólo poéticamente habita el hombre en esta tierra" y añadiste, "pleno de méritos". Creo que respondí algo, pero ya lo olvidé. Sólo me queda un inmenso dolor en el plexo del alma por haberme resistido a llorar ya que estabas diciendo algo importante, escupiendo la verdad en nuestros rostros y yo disimulando, haciéndome la que no oía, y tu amigo con su discurso defensivo, sincero.
Pero tú te dabas cuenta de lo que estaba pasando. El tequila te afilaba la mente. A mí me ayudaba a fingir. Sólo un momento estuve a punto de hablar, pero era inútil. Mi interlocutor nada recordaría. No estaba sobrio. Entonces también me le escapé, no podía hacer algo más. Ya no. A lo sumo, irme poéticamente, plena de méritos. Irme, Julio, besando y diciendo adiós con la mano que araña el éter de los dioses que sólo en ese estado lo son. Fácil y noble habría sido enunciarlo, afirmar eso que la gente repite cuando ya no puede más, cuando la frase se amotina en el pecho y obtiene su liberación a pulso, a latidos; lo que la gente dice cuando ama. Qué fácil soltar esas plabras con una rebelión en mi sostén abultado, qué práctico comenzar a romperme en todos los fragmentos de un poema como ahora. Fácil e imposible, una intentona de más éter y hermenéuticas incomprendidas, de un libro que cayó frente a sus ojos y cuya frase "quita los manos de ahí" dijo entonces más que diez novelas y más que toda la sangre derramada. Coincido, siempre algo nos hiere y sangramos. Ahí estaba Ferdydurke, ahí estaba él y no lo notaba, me refiero al profesor ¿o profesora? Y yo midiéndome en mi angustia porque el fracaso era total. Pero eso no era importante si yo callaba, si a pesar de eso podía entender y soltarme.
Lo supe de inmediato, Julio, con la misma fuerza de una epifanía que me obligó a crecer en el Convento de San Idelfonso de la ciudad de México. Ahí miraba un árbol con magnolias y comprendí que esas flores gigantes eran las velas del galeón que me llevaría al departamento de Gerardo para dormir con él a destiempo y dejarlo ir porque ya me había liberado. Desde entonces tuve que aprender a no aferrarme. Yo no me aferro, no digo "te amo", lo ejecuto si me aman. Aquel novelista sí lo entendió y como el agua que recupera la docilidad de su reflejo, se alejó con pulcritud. Muy bien. Es una ley natural, se trata de la extraña lógica de las pasiones que no llegan a la tumba. Mueren viviendo. Pero regresemos a esa noche, perdona esta mala digresión. Ahí me tenían, con un collar de corazones de colores como Coatlicue cualquiera, jugando a no decir lo urgente. Conjugar el verbo significaba dejar de ser aquella diosa. Así que reía buscando la forma más aterciopelada de perder cuando todo era humillante, ya ríspido. Pero Hölderlin aplaudiría desde la torre donde jugaba a perseguir la primavera y sus barcos navegaban el presente, "Hölderlin aplaudiría", pensaba. "Esto es el destino", insistí.
Vuelvo a Heidegger quien cita a nuestro querido bardo loco, ¿Para qué poetas en tiempos de hambre? Poetas para qué, Julio, si ni retando a Dionisio podemos destruir los miedos. Tal vez desde el fondo de tu inmensa intuición eso nos quisiste enseñar. Resulta indigente nuestra propia miseria cuando evita el ámbito esencial al que pertenece: el dolor, la muerte y el amor. Ergo, patética nuestra incapacidad de desbordarnos. Permitimos que el cerebro nos rebase, que el tiempo y la prioridad de un trabajo, de una fobia a amar y a morir en el otro, a que nos duelan y dolamos, nos transforme en individuos débiles (a esta estupidez se refería Nietzsche, no a otra) o taimados, personas enfermizas, mesuradas e infelices sin marcas ni pruebas fehacientes de que se sobrevive a la hecatombe y así, intocables, protegidos, el organismo nos duele de verdad una mañana: el almacorpo protesta. No, que el intelecto no nos rebase hasta destruirnos. Aléjate de quien ama así, tramposamente, recuerda a Morábito:
Si te revuelca la ola,
procura que sea joven, ardiente, esbelta.
Te dejará el cuerpo molido, pero el corazón más grande.
Aléjate de las olas retóricas y viejas,
de las olas con prisa y la peor de todas,
la ola asesina, la ola que regresa.
Claro que es difícil, que no siempre es tan claro. Hay olas que no se van aunque sus valles parezcan de laguna; otras desde el primer momento ajustician su identidad. Lo que importa es sentir y como bien sabes, como no tengo que afirmarlo en esta carta, darle con todo. Por eso te quiero, por este infinito cuando estoy pensándote, que me consuela si te busco.
Aquella noche me preguntaron, "¿qué quieres?". Respondí que al de la voz, pero asimismo deseaba olvidar, no haber viajado a tu tierra, no colocarme como el de Belén en esa madrugada porque sabía cuánto daño y cuántos versos vendrían detrás, ejércitos de nubes y otra hipérbole. Ya era obvio lo que él demandaba. Así que invoqué a Pérez-Reverte en una noche madrileña en la que cenamos cerca de Sol y él le dijo a Ismael que el orgullo ayuda a vivir. Con todo y esta defensa, inmaculado se mantuvo mi amor por los desaires de tu amigo, por el vagabundeo y la búsqueda, el combate, Troya en todos los países. Mi profundo deseo de más noches y amaneceres idénticos, poéticamente habita el hombre en esta tierra. Y aunque todo termine y nos dañen sin querer, el canto permanece. Quedan los nombres de cada caricia extraviada, de cada ilusión como globo de helio que se aleja, de cada tigre al que capturan; quedan las canciones, esa música de lamento o victoria, esa música, la de la poesía que no sabemos, que ni Heidegger lo supo, hasta qué coordenada del abismo penetra. Y si todo eso no nos abandona, somos, finalmente, un desencanto esperanzado (quiero que esto lo sepa Javier porque a él y a ustedes los libros de literatura contemporánea los definen como la generación del desencanto después de la guerra). Mutis tenía razón cuando habló de la desesperanza en Conrand. Julio, antes de enamorarme en febrero, yo ya no esperaba nada, ya había leído en verdad y desde el fondo El corazón de las tinieblas, ya se me había muerto mucha gente y volver a sentir después de tanto luto era un milagro. Él no lo vio así, se indignaba por mi aparente falta de fe. Error, enorme. Mi esperanza siempre ha sido hambre de nacer del todo a causa de la lucidez del desencanto. Esperaba, es verdad, pero no como él creía ni como espera (qué paradoja) que no siga esperando. Antes yo ya había escuchado profundamente a Héctor J. Ayala, "una alma rota no puede perder porque sabe desde el fondo de sí misma que nunca tuvo nada". Paz sintetiza: "Todo es ganancia si todo es pérdida". Entonces, brother (no sabes con cuánto llanto escribo estas letras, con cuántas emociones) aquí no ha pasado nada. Mi interior adolorido, más grande ahora, sonríe. No es el perfume de la resignación lo que suena. Peor sería no haberlo besado, peor no perderlo para encontrar a vos. Me gusta decir vos, me gustará por siempre.

3

Escapas con un vestido de termitas
(van a aparearse y se buscan
ya te llamarán con tal deseo)
entonces
no hay que preguntar qué hacer con la colonia
qué con las súplicas del grillo
qué con la soga de llanto
qué con la mentira
y el color de la mañana
sin preguntas
tú te vas
(como la marea amaneciendo virgen)
por ello
es inútil deshojar el rumbo
el porqué de la soga se diluye
el nudo de la mentira no te alcanza
de algún modo los jardines te prometen
una canción eterna
(nadie se va del todo siempre es todavía)