sábado, 28 de junio de 2008

Hay un momento en que lo decides

Cenamos en Casa Azul, un precioso hotel escondido en el centro de Cuernavaca. Todos con mochilas, todos jóvenes, rodeándolo. Fue alumno de Rulfo quien le hacía pedazos sus cuentos. Pero a Daniel Sada eso no le importó. Una tarde, en uno de aquellos Denny´s de la capital, decidió que sólo le quedaban dos caminos: abandonar la literatura para siempre o lograr que sus historias le gustaran al autor de Pedro Páramo. Medio año después de taller semanal en el Centro Méxicano de Escritores, el maestro por fin le dio un veredicto satisfactorio. Desde entonces ha salido a cazar solo, sin nadie que lo defienda si la pluma se atora, en las sabanas literarias.
Hablamos de novelas. Nos reímos. Descubre que sí puede conversar con esta chica. No toma alcohol ni fuma. Hace poco casi muere porque una vena del cerebro se le tapó. Así que odia a los fumadores, "me he convertido en un fundamentalista, no soporto ni el humo". Sobre vida, muerte y escritores sigue lanzando anécdotas. Lo sigo. Es rápido, pero alcanzo a leer lo que escribe con los ojos y debajo de su chispa, de su humor craneal por filoso y esos ademanes norteños, en suma, entiendo y disfruto su pasión.
Pregunta, al final, mi apellido. Ya se dio cuenta de que no se me escapa un subtexto. Le hablo de la poesía, de que no soy narradora. No sé si me crea. Daniel Sada es brillante, tanto, que luego de inquietar, incomoda. Ha de sentir curiosidad por mis cuentitos. Alguno leerá, pero si no le gusta, yo no sé si me empeñe.

viernes, 27 de junio de 2008

Apuntes

No hay que saber, sino sentir. Lo primero le estorba a la escritura.
*

Mejor que cuentos y poemas se desdoblen por sus brincos, que vuelen y tengan juegos ciertos no de palabras, de emociones.
*

Las cosas tienen que suceder. Que ocurran.
*

Ser narradores carismáticos. Sin teorías. No más. Rulfo tenía razón, hay que escribir para la gente, para los otros, para que lo sepan.
*

El arte no puede explicar nada de nada. El arte es un enigma total.
*

Pessoa tenía razón: "El que ama no sabe lo que ama ni por qué lo ama ni lo sabe amar".
*

Una novela pueder ser la memoria de lo que nunca ocurrió.
*

El narrador imaginativo, al que se le ocurre de todo, el que lo siente todo, ese prevalecerá.

miércoles, 25 de junio de 2008

Lo gris contra lo gris

Hoy estuve en el taller de narrativa de Daniel Sada. He aprendido mejor lo que estaba olvidando. El tipo es fenomenal. De él hablaba hace años con un amigo en los encuentros del Fonca. Nunca imaginé que en Cuernavaca lo conocería. Vaya que sabe enseñar. Es claro y ameno. Me cayó bien, tanto, que cuando descubrí un goteo de sangre debajo de la mesa donde hablaba, me alarmé. Increíble, el tipo ni con una hemorragia podía dejar de hablar de un poema de José Watanabe. Está enfermísimo. Pero pálido y todo, revelándonos todas sus recetas de gran narrador, hace reír a mansalva.

martes, 24 de junio de 2008

Helena y las llamas de San Telmo

La encontré mirando como Emma Zunz las astromelias que Alberto le compró. Olía a yuppie antes de las ocho: afeitada impecable y loción costosa. Mi amigo de la infancia acababa de irse. Yo también tuve el mal tino de ir por margaritas, rosas y orquídeas para ella que seguía mirando extrañamente los pétalos del primer arreglo floral. Aquel era un cuarto de señora elegante con posters de Tápies y ventanal frente al jardín de ficus bien podados. La puerta de madera brillaba y el estampado de las cortinas era exquisito. "Qué cursis son las flores, nada qué hacer. Tú observa bien todo, no olvides ni un detalle. Así comienza el cuento." Sonreí. La abracé fuerte y con los ojos pidió que me sentara. No tardó tres minutos en extraer del cajón uno de aquellos ceniceros de cristal que coleccionó hace años. Detesta la ceniza pero fuma si se aburre y cuando yo prendo un cigarrillo.
Esa mañana de junio Camila se había duchado antes del té y el cereal. Enseguida noté que sus jeans a la cadera le quedaban flojos, las patunflas de conejo rosa se le salían y el top lo llevaba sin sostén. Todo en conjunto, todo opaco, no le restaba magia. Ojeras, las de siempre. El cabello era un prodigio porque vivía y estaba más largo que nunca. Daban ganas de darle un beso, de llevármela, de no hacerme el loco con su muñeca izquierda vendada y esa forma de mirar. Quise hacer bromas, pero se acordó de Walser, su amigo muerto y la nieve. Le dije que no quería escuchar otro cuento oscuro. Cerró la boca y tuve miedo de que le diera una crisis, pero tenía calmantes en las venas como para sonreír sin ganas todo un mes. "Pude ser Walser, pude". No te has muerto, respondí. Sonrió y entonces tuve una erección de aquellas raras, de las que dan mucha tristeza. "Para empezar no tengo pene ni soy novelista y no sé nada de alemán". Bueno, en Berlín te pudiste mover. "Claro que no. Es que no me quedó de otra cuando te fuiste por ahí con la italiana, casi no la libro". Celosa, aún me quieres. "Ya no".
Era mentira, uno más de todos los embustes. Nunca habíamos estado en Alemania. Sólo conmigo jugaba a llevar lo más lejos posible esa imaginación que ya le había merecido dos premios internacionales. De los reconocimientos, ignorados, nunca hablaba. Su realidad con alumnos que seguían llamando después de lo que la tía nombró "el accidente" era un plano paralelo a nuestro mundo. Dos universos distintos a lo Cortázar o Elena Garro, la reina de los cronotopos. Un día dijo que tal vez le pasaba como a Nietzsche. Estábamos en un motel a las afueras de Toluca bebiendo la segunda cerveza cada uno. Me reí de su frase y le arranqué la sábana para comenzar de nuevo. Después de terminar, ya en el coche, Camila confesó: "Yo sé que tú sí me escuchas y que sabes que no estoy bien, que se me van las cabras." Por loca te quiero."No, tú sí sabes que un día me voy a poner bien mal". Enloquecemos juntos entonces. "Imposible, tú sí estás cuerdo, aterrizado, quiero decir". Pues mirá, hace diez minutos sí volaba. "Gracias por decirme todo esto, gracias".
La enfermera, a quien ahí le llaman asistente del reposo, entró a recordarle a mi amiga su sesión de las once con el Dr. Tabucchi. "Nada más vino para ver si no estábamos tirando". Por mí, adelante. "No me busques. Tal vez de todos los sitios este sea el que se lleve la de oro, por encima de esa noche en una callecita de Vallarta, ¿te acuerdas de mi vestidito negro, sin nada debajo?" No lo olvidaré jamás.
Por poco y me derrumbo, sin embargo me contuve. Ella cambió el tema. Quizá porque se percató de que confundía las situaciones. Siguió hablando de sus clases, los chicos a los que les llevaba tan pocos años, las charlas por teléfono con el rector ahora que tenía toda la calma para escribir y descansar. Me preguntó, claro, por mi libro de crónicas interminables, por la novela y Daniel, mi hijo de año y medio. Me enserié cuando insistió en que le contara sobre el cuento. Le repetí que no volvería a hablar de literatura con ella. "Porque te hago sentir tonto y eso que has leído como un endemoniado". No es cuánto hemos leído, Camila, sino para qué. "Es que yo estoy loca, te lo dije desde que te conocí en el festival de poesía de Perú". Hace ya mucho, casi 6 años. "Qué tormentón el de esa noche y qué fácil fuiste". Caí redondito, con vos no quedaba otro remedio. "No, la seducida sigue siendo la que habla". La voy a contradecir, si me permite. "No me hables de usted, por favor". Como querás. "No tendrías ni que hablarme". A mí se me olvida todo, te consta. "Pero a mí todavía me duele". Lo siento. "Pídeme algo que pueda hacer". Mirá, falta más de media hora para tu cita con el Dr. Tabucchi, ¿salimos al jardín?
No quiso ponerse el suéter. Salió tal como estaba, con las patunflas, el top, el cabello recogido en una cola y su mano delgada, de dedos agujientos ("ya sé que esa palabra no existe, pero puedo inventar lo que se me pegue la gana, tengo, como tú, ese poder") buscando mi puño. Mientras caminábamos parecía más pequeña, más joven. Sentados frente a la piscina volví a sentirme alterado y confuso. Era un hecho que no la olvidaba a pesar de sus gritos en el aeropuerto de San José, del café hirviendo que le aventó en la cara a mi novia de Madrid, de los silencios con los que jugaba para herirme, de todos mis amigos con los que durmió para vengarse. Dejé de llamarla. Yo también me le perdí.
Antes lo único raro es que dormía muy poco. Esperaba mis ronquidos para lanzar poemas como dardos en su computadora. Una mañana, en su apartamento, mientras terminaba de hacer el desayuno, me mostró 32 páginas escritas en una sóla noche. Me ensucié los dedos con la tinta fresca de la impresora. "Dicen que así le pasaba a Ricardo Reis". Con todo respeto, estos no se parecen ni a los del pastor amoroso. "Por supuesto que no, yo no tengo personalidades múltiples". Los poemas eran jodidamente brillantes y no se me ocurría otra cosa más que decir.
Quería y no quería que dieran las once. Deseaba deshacerme de cada sentimiento, de sus ojos colosales, desus oraciones melodiosas y aquel acento indistinguible. "Es que nunca sabrás, a ciencia cierta, dónde nací y crecí". No me importa, te lo dije en Lima, te lo digo hoy aunque no haya conocido tu país ni a tus padres, no me importa. "A veces siento que sigues acá sólo porque quieres saberlo, porque necesitas averiguarlo todo sobre mí y ya". Te equivocas. No tengo intenciones de saber donde es acá (con mi índice hice lo mismo que ella con el suyo, me lo acomodé en el pecho). "Donde naces vos es acá. No puedo creer que lo olvidaras, tú, el de la memoria asesina".
Dos viejos pasaron junto a nosotros. Él en silla de ruedas que conducía una señora de cabello blanco. Los señalé y le dije que eso nos iba a pasar si no me olvidaba. "Primero tendría que perdonarte". Ya empezamos mal. "Te llamé, Alfredo, te llamé 449 veces en un día a tu celular, que no se te olvide". De eso ya hablamos mucho, Camila. "Es que nunca me dijiste que..." Bueno, pero ahora encontraste el amor de verdad, un hombre que te ha dado toda la atención. "Y llevo medio año de casada y ya me quise matar". No hables así. "Contigo siempre me he expresado como quiero". Conmigo has podido destrozarte y torturarme como quieres. Mirá, fue muy mala idea venir. "Quién sabe porque pensando en tu novela y en la mía le encuentro sentido a todo". Pero, por favor, hay otras cosas, está la realidad, por decir algo. "Me voy adivorciar cuando salga de aquí". No tomes decisiones apresuradas. "Alfredo, si pones esta línea en el cuento, se te cae" No me interesa el cuento. "A mí sí". Claro, para ti hasta la moral es literatura. "Menos el amor y las llamas de San Telmo". De eso dijimos que tampoco íbamos a volver a hablar. "No puedo creer que sigas vetándome temas de conversación. De seguro dirás que por mi bien". Por el mío, Camila, por el mío. "Ah sí, que la locura se pega. Si esto también lo escribes te va a salir un cuentito a lo Isabel Allende y ya sabes a quién sí hay que imitar." Ya estamos grandes para querer ser perros románticos. "Adultos o no, cómo te quise; lamiéndote y ladrándote cuánto te quise". Yo sé. "Y leyendo a Onetti tampoco te olvidaba". Esos sueños realizados los viví con vos.
La misma mujer con uniforme de hace unos minutos salió del edificio beige. Cuando la tuve a pocos metros comprendí que otro miércoles había acabado. Me esperaba la oficina y lo que es peor, una junta con los supervisores. Pero antes unos minutos para pensar sentado en el escritorio. En mi computadora encontré una foto de Camila Fonsi. Su imagen y no la del hijo que me había inventado. Un bebé con otra mujer ficiticia que la animó a casarse con Alberto, sus millones y la paciencia que a juzgar por las flores baratas ya no es la de antes. Los presenté en un concierto. Me gustaba ser el confidente y nada más porque así la reinventaba con más fuerza, con más mentiras que todas las que perpetró. Nunca llegamos a conocernos tan bien.

lunes, 23 de junio de 2008

La doble

Una niña rica, de treinta años, va de compras. Vestidos, botines, aretes, collares, ensaladas y la Cosmo. Una mujer de negro escribe poemas. Vidrios, rasguños, imágenes sin bisturí cortadas con los dientes, el llanto, la rabia mojándose en un caballito de mezcal.
La niña con el cabello teñido, "caoba elegante". La mujer también, pero castaño simplemente. Nadie toca a la primera. Un monstruo besó a la última. La del cabello sin nombre en el color siente pena y rabia por la niña que compra y compra. Ella no iba a creer, si le contaran, lo qué le hicieron a la trigueña de ojos inflamados.
Equistantes, eso es así, pero unidas por una joven que menstrua aferrándose al cuaderno.

Automatic

Asco de la luna
de cada fondo
en la tarde
y un hueco en el cristal
del choque
sin bolsas de agua
ni cinturones benignos
con lumbre
para el légamo
el limo
las miasmas
el asco otra vez
lo que el pantano lame
arena movediza
alergia a lo pasado
barcos de nubes de pólvora
y lo que dijo
su mirada
mi mirada
nuestra mirada
tu mirada
los ojos podridos
de tanto ver misterios
y vísceras de la ternura
y lágrimas en el rincón airado
por donde la suciedad
de más ciclones
niebla al centro
de un carruaje
y escalinatas
de mármol
resbalosas
atardece
en ocres
húmedos
ascos
golpes
vino

sábado, 21 de junio de 2008

De lejos

Para Ofelia

La distancia es el lazo más hermoso,
te lo juro, brilla en el aire lo que amo
e intento que ate y no dura
e intento que lo imposible sea el vestido
para casarme con el rumbo de una nube.

De lejos porque abajo no conozco el río
ni logro cerrar zanjas al Oriente
y cada adiós, cada uno,
es una montaña,
una convención de árboles
enjaulando la belleza,
un bosque que atrae felinos
y cantos armoniosos,
rivales de la música solitaria
que persigo de lejos
y a tientas con este dolor
en lo ordinario, en la enfermedad
de una recámara y un bote,
una terminal, una estación de tren,
una pista donde la pasión derrapa.

No arraigo y protestas.

Me voy para volver de súbito.
Mi verdadero amor es con el viento.

Ni idea

Si quieren saber cómo se escribe un poema van a perder su tiempo. Mejor leer a los antiguos y no averiguar demasiado. Los poemas asesinan y reviven. Te dejan pobre, te arrinconan, te delatan y asustan a los demás que huyen despavoridos sin decirte que huyen. Algunos son alérgicos al ritmo y las imágenes; otros ignoran cómo responder. A veces lo intentan, con otro poema. Pero no te enteras porque ya te has ido desde antes. Y antes es una palabra contradictoria. Los poemas no tienen tiempo. Pueden arruinar la vida de uno inmortalizádola, si tienes suerte. Pero la suerte es una puta caprichosa y nadie sabe nada sobre cómo tenerla feliz todos los días.
Si quieren saber cómo se escribe un poema, no me pregunten a mí que estoy francamente harta de ese caldo de cultivo para eternidades dolosas. Sin embargo, no puedo descansar. Les juro ue no es mi asunto. Imposible quitarme de esa fuerza, de esa contaminación metafísica que me mantiene aquí, encerrada en un café de un pueblo violento y pobre. Aquí, imaginando, por ejemplo, que otros poetas existen y quizá, algún día, alteren esta verdad: nadie sabe cómo se escribe un poema.

Álbum

Una gota de este iris
en cada recuerdo con parque.
Eran olmos dibujados en la vida,
en lienzo de distancias
para llamarte sin voz
desde un mar con olas dulces.

Es la madrugada, córtala.
La punta del pasado,
esta ruina, el cuchillo
y colonias de pétalos al Sur.
Son palabras condenadas
al segundero en los aviones
para otra gota aquí,
donde el viaje es líquido
y rompe llamaradas
de incendios con flash,
nubes memoriosas.

El hombre que no podía
ser feliz pensando en el futuro.
Pero ahora esta dicha,
la infancia que vuelve
cuando la distancia nos une
con el hilo de lo que ya no
es posible recordar
en nombre de una banca sepia.

viernes, 20 de junio de 2008

¿Por dónde?

Yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula, yo soy mi propia brújula y me pierdo.

jueves, 19 de junio de 2008

Por esta libertad de canción bajo la lluvia

Habrá que darlo todo, todo por esa canción. Ocurre que esta autonomía conoce bien la ruta de los perros despreciados por Octavio Paz y Alfonso Reyes. Hay que ser poeta para asegurarnos de un ladrido. No se puede sentir el corazón si no se observan sus heridas. Porque sí, uno se queda para siempre con los perros, románticos, además. Quedándose renuncia a crecer con más cadenas, con todas las obligaciones y pírricas ventajas. La poesía es un jamás con grilletes elásticos. Es vivir con maletas de verdad, virtuales e hipotéticas, con mochilas que nunca salen de un cuarto pero conocen todo el mundo. Andar a la intemperie y comer desesperaciones en ayunas. Saber cómo duele la jauría. Sonreír con pocos pesos en un país que no soñaste, dentro de un cuerpo que lamiste para no morir de frío, por fuera de moldes y estrategias de vida cómoda. Al poeta nunca le falla su musa aunque le pegue, aunque la viole, la amarre, le escupa y la venda a un tipo poderoso, a un mecenas conservador, a un instituto, a un trabajo normal; aunque la desnude y la convenza de enamorarse del vacío. La musa es fuerte porque nadie como ella sabe darlo todo por esa libertad.

Violencias

Dos tipos armados en la calle de mi infancia. Una camioneta roja y el auto verde. El primer vehículo se le cierra al segundo. Los pistoleros bajan con violencia al conductor del carro chico. Lo encierran en la Cherokee. Empujón, sangre y velocidad. En un minuto. El sol de este verano aún no se ponía. Mi sobrino de siete años observa todo desde la ventana. Mi madre enferma no quiso escuchar el frenón, el balazo para intimidar. Mi hermana no lo puede creer. La vecina que nos estaba visitando se pone como loca. A cuatro pasos. De la escena a nosotros sólo hay un portón de hierro, vidros y cuatro pasos. También una cortina de encaje. Sin protección. Desprotegidos en este pueblo caliente donde la violencia de adentro llegó a la vida real de afuera.

miércoles, 18 de junio de 2008

Ahora

También significas, que es decir también eres, el final de mi novela.

Valquiria

A él le gustará que tú lo cuentes:

Ya sabes cómo torturaban los vikingos y con tus pulmones afuera, como alas, vienes a contar el sueño donde no eras pájaro ni bebías sangre en el cráneo del verdugo. Ya sabes que no durará este vuelo. La eternidad nos quema y la ceniza se disuelve reverberando en tus derrotas.
Ya sabes que los vikingos amaban bien el hielo y habían mujeres de madera en esos barcos. Cielos verdes, espumas y cabellos rojos, amarillos en el aire.
A él también le gustará que no lo digas:
Comer jabalíes, hidromiel.
Entrar por una puerta del Valhalla
y darle peces de colores a un secreto.
Cualquier cosa, hasta el perdón,
ocurre en el paraíso.

martes, 17 de junio de 2008

Eran púrpuras

Para Wingston González

¿Qué haré en Islandia
cuando vengas
y todo sea oscuro
como la carne misma
hundiéndose en un barco?,
¿dónde vivirá
el naufragio y los gritos
de la mujer
con sus pócimas saladas?
No hay lugar
ni harina para el pan
de lo vivido
en aquel puente.
No encuentro
la longitud del verso
ni la constelación
de la que hablaba
el otro hombre.
Está oscuro,
no hay canto
de cigarras ni árboles
con mangos rojos
en la mente seca,
en el colapso
de su noche albina
y la muerte con furia
en cada brillo
de cada lágrima,
en cada tos
de un ser sin cabello
y la cama sola
donde escurrieron
litros de milagro
para no olvidar
que aprendiste el
ritmo de tu odio
una tarde como hoy
con ánimo de noche
y alba confusa
por la fosforescencia.
También escurre la voz,
todo el sonido
temblando, con dolores
de parto para nadie.
Prohibido enloquecer y decir
porque callar es duro,
es la condena
de comerte el látigo
hervido en la olla,
en lo más verde del arrozal
y el cerro lila.
No quiero ese paisaje
pero es lo único que tengo
y no estás con la ternura
del que ignora
el nombre del diablo
que defiendo
en la comunidad
de los pingüinos,
en la lumbre de Islandia
para escapar,
para decir que quise
y amanecí mirando
sin dolor las bugambilias.

lunes, 16 de junio de 2008

Marisma

A Carlos Cabrera

Que no, no será así
por el huracán entre mis dedos.
Tanto y tanto amor
no quemará sus naves
antes de llegar a tierra.
Lo sé, por descontado,
porque la semilla es invencible,
hace cantar al lodo,
lo enseña a latir con y sin mesura
porque no, nada se pudre.
Este oro no estalla sin motivo
y nada hay en el viento que lo apague.
Será, entonces,
la rendición del tigre
y las armas depuestas
por tanto y tanto amor
en un mundo con hidras y langostas,
con pasto celestial
por más semillas, el fruto,
mi pasión y tus ojos
entregándose en la niebla,
en lo que debí callar
para este no con piel
y laberintos uniéndonos.
No, no será así, como pensabas,
en estos mares de amor desconocidos.

Antes de un poema que habla sobre Islandia

La ficción versus realidad. El miedo que construye la ilusión de poder escribir escapatorias. La ficción como casco y flecha o necesaria copa de ajenjo.
*
Y duele. Caen todas las razones del mundo de un árbol que no es el de la ciencia. Y las balas de nuevo en una pequeña ciudad.
*
Un amigo que quiere venir a México. Otro que se casa en Francia. Una con pañoleta roja. Un amigo nuevo que no quiero que sea amigo.
*
La voz del pasado con un sentimiento raspando mis paisajes, hiriendo esta pintura que soy. No quiero sentir que la vida me prohibe de nuevo decir lo que pienso. No me interesa ser como Voltaire, nunca podría, pero la voz del pasado, con su tufo de lágrimas, con sus agujas en lo más hondo, esa voz que es alarido y todo lo destroza. La voz que no quiero escuchar y da pelea. Todo es combate.
*
Hay palabras que no puedo pronunciar ahora. Ya no lucho. Espero.

sábado, 14 de junio de 2008

En un mail (de Antonio Patiño)

Yo escribo con imágenes y colores, ya sabes. Sólo quiero decir que leyéndote te amo todavía más. Valió la pena contigo. A tu lado siempre ha valido la pena todo, incluso dejarte ir para que vivas en las frases.
Karloncha, ¿cuánto has aprendido del perdón?

Pasajera eterna (Ana Gabriela Padilla)

Para Alma Karla Sandoval


Encontrarse
mirando banderas en la ribera
de un parque sin país
con las faldas azules
extendidas al infinito
y cubriendo
las grietas del asfalto
con palabras rojas;
para saber
que la elección profana
de estrellarse contra el mundo
es la misma
ahogada en los atardeceres
de tus ojos
y los míos
y en esta sed desmesurada
del poema.

viernes, 13 de junio de 2008

... Feliz cienentradas pa´ti, feliz cienentradas pa´ti (De Wingston González)

No abre los ojos la fiesta
en la rabia de los tristes en el miedo de las solas
en la luz de la fiera
de la harina en el aire del yermo titilante
ni en la vista apenada
puesta en el traje limpio
de la muchacha guapa del vecindario/ /no te equivoques
ni en comarcas para bailar -me dijiste- el cuerpo
desvanece en el hijo perdido en la felicidad futura
y has sorbido tu vaso como el diablo sorbe
el último día, nuestro nombres del descuido
no te equivoques no planifiques no digas
que todo marcha a peor
que la derrota esperada en el medio de las luces
aquí, en el lugar común, el ahora
va y regresa la onda va y regresa abre los ojos
fuera del mando de los domados va y regresa lo sabes
a tientas de edificios a asidero de sonora algodón y azúcar
agua caliente y dormir tranquila
en residencias de gente feliz
que deshace su señal entre hambrientos
y después de bailar conmigo
el café es cepillo que rueda muerte entre el polvo
que purga nuestro aroma del de la muchacha de moda
que entra menesterosa a beberse
la cóllera del día que pierde medida
tómalo tranquila
piensa
que es para nosotros el resto del humo
después
de bailar conmigo
lo intangible, amor, acata las cosas de los pobres
no sigas que no
y deja la barra y el arma si vienes a dormir con este estrangulado

Un fragmento de la teoría king kong de Virgine Despentes (enviado por Leonor Silvestri)

Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable. Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, ésas a las que los hombres no les hacen regalos, ésas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, la más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que se tiran pedos, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro y no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demaasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas por que están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, las cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo, las que están desgastadas, las que no tienen nadie que las proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse al suelo, las que no saben guardar las apariencias; pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de las casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, lo que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche porque están solos.

Conjetura de Ubú (Ezequiel D´León Masis)

Serena en lo que observa,
Dora Maar disfruta el vértigo de la idea
mucho antes que la imagen
(maldice el auge de la técnica
y el ruido de los motores
al poco de los carros).
No quiere lograr mendigos quejumbrosos
sino instantes de tormento, fijos.
Y va donde los haya.
Busca, inventa nichos de humanidad vacíos
en los que algún gato esté siendo comprimido
por la dureza de una torsión de brazos
o donde algún peón de almacen esté cargando
un maniquí en hombros.
Más todavía, ella se detiene.
Piensa que donde hay ciudad,
por ley, hay también caudillos,
reyes, señores de horca, lo que sea.
¡Hay, pues, el canon del déspota
que gusta de dictar!
Ella se abstrae del ritmo
de sus pasos sobre la acera,
vislubra al Rey Ubú, sin ropas,
de gran polichinela desollado.
(La conjetura ha pasado a ser un diseño.
El diseño, a su vez, un arquetipo).
Rey o mascota de su propia manía,
Ubú es padre de los ciudadanos.
Too él es el Estado Mismo
en en solo bloque ya encarnado:
condena,
decapita,
cobra impuestos;
cree ser un esqueleto sucesivo,
mineral y a un tiempo vivo:
-Me mantendré en el medio
como una ciudadela viviente
y vosotros gravitaréis
a mi alrededor- grita a sus esbirros.
Sí. Toca decir ahora que anochece.
pero toca a todos repetirlo;
el día, el fuego muerto, se deshace en trizas...
Yo prefiero cometer otra metáfora.
Entoces, escribo:
las palabras y las cosas
postulan el ocaso,
mientras el candil de la tarde se desploma.
Dora Maar, recluida en el laboratorio,
funda la claridad del gris contra lo blanco;
enjuaga, escurre dos,
tes láminas aún deshabitadas.
Pronto, algo empezará a asomar
sus coágulos inaugurales.
Brotará, allí, como gota de carne,
un feto de armadillo
encendido a fuerza de sol y tumefacto.
Este yacerá -larva ciega-
en el ancho centro de la vida,
asediado acaso por suburbios,
capitales, enteras periferias...

jueves, 12 de junio de 2008

ESA QUE ANDA POR AHÍ (Francesca Gargallo)

Esa que por ahí anda es un hallazgo
palabra difícil
y andar descalzo
Cuando me río juega, pero yo no tengo nada que ver
porque juega cuando lloro, cuando como, cuando la olvido
Esa que por ahí anda me dijo que ayer tuvo un sueño
Y me lo contó

Poema (Alejandro Marré)

El ciclón de tus ojos
espectadores del milagro de vernos
en una zona neutral para parir el diálogo...
Uno de bocas cerradas
y ojos que parecen rosas de plástico
en el funeral de las melancolías.

Veniste en el momento justo,
justo antes de las palabras de despedida
que no despiden a nadie.

Bienvenida con tus ojos y tus silencios,
con tus ciclones de cinco de la tarde
en la sala de recepción de esta funeraria
en donde solemos juntarnos
a celebrar que la cabrona vida
sigue vivita y jodiendo.

De largos manteles, de fiesta, celebrando la escritura. Esta es la ENTRADA 100

Podría escribir varios poemas que hablen del número cien recordando aquello de puedo escribir los versos más tristes esta noche. Sería fácil soltar un rollo lindo y no parar de dar las gracias a todas y todos los que han colaborado a que este blog crezca. Me puedo poner dulce, cínica o solemne. Pero no más de mí, por ahora.
Un poco cansada de tanto espejo, llamé a mis cómplices del alma. Sucede que ayer se prendió el foco o mejor dicho, el cuerpo de luciérnaga, e invité acompartirles mi celebración de la escritura pidiéndoles un textito. La respuesta ha sido maravillosa. Iré publicando todo lo que me llega y comentando un poco al respecto.
Y sí, claro que me gusta la palabra "gracias" y suena mejor aún cuando se dice con una sonrisa y el corazón que ahí va, tranquilo.

En un país de diamantes

Este es el cuento que mis alumnos estadounidenses del grupo de Destrezas Comunicativas III (grupo de las 2 a las 4), acaban de escribir:

Había una vez, en un país de diamantes, una niña que era la hija del rey. A ella le encantaba gritar y con cada grito un diamante se rompía. Una noche llegó al reino un joven muy guapo que la mató. El padre se puso feliz porque ya no iba a perder más diamantes. Pero se tornaba acongojado con el paso del tiempo. De noche, terribles sueños los asaltaban. En una de ellos, la princesa no dejaba de gritar. Grito a grito, diamante a diamante, hasta que se suicidó.

miércoles, 11 de junio de 2008

Con las manos en alto

Cierto, las primeras personas llegan a ser muy, muy aburridas.
*
El lirio amarillo que vemos al fondo, nuestro reflejo, nuestra hipnosis. Todo lo nuestro que no se entiende y desafina para los demás, ¿traductores narcisos?
*
Si ella fuera un instrumento, sería una flauta dulce. No una viola.
*
Leer a quien dice que las malas palabras son poesía al alcance de todos. Pensar detalladamente en eso y leer lo que los demás publican. Leer siempre. Hasta lo que dice ese shampoo que promete remarcar tus capas y darle brillo a tu cabello, ¿para qué?
*
Poemas y compulsiones. Cada quien su vicio, su no saber cómo superar la vida. A los veinte años dije que uno avienta la tarraya, lo demás es cuestión de olas.
*
Ir al mar. Hace falta ese azul con epitafios y la espuma. Volver al mar. Muchas montañas y todo el fracaso del mundo. Al mar para saber qué hacer con la memoria, dónde poner lo roto, lo perdido.
*
Poéticas para todo: fumar, escapar, beber, estudiar, decir sin prometer, dormir, despertar. Poéticas para las dudas y la intranquilidad. Los benditos signos de interrogación, nuestras verdaderas gafas, nuestras guías.
*

Escondernos, nos persiguen. No quisimos la ruta del mundo. No. Anduvimos de milagro en milagro. Nos condenan. "Tienen derecho a una llamada, sólo una", ¿a quién le marcarías?
Y hablar por teléfono. Y jalar aire verde. Y pensar, pensar con tino. Y un balazo invisible que no te asesina, una bala que se acomoda en tu corazón para acompañarte mientras duele.
*
¿Qué te duele?

martes, 10 de junio de 2008

Poema en febrero

Porque todos están locos
quise su disfraz de cuerdo.
Lo abracé disimulando
mi complejo de Alicia
sin corpiños.

Después, en marzo,
cumplí tres veces la edad
de su pasión con máscara
y la historia que el ron
me arrebató para sus besos.

La barbilla raspada hasta sangrar,
todo fue rojo desde entonces.
Y las jacarandas de México,
nunca suficientes para ambos,
tapizaban las calles de la ruta
con destino a ti, leyéndome.

Lo busqué desde la luna
por su poder de trocar
en plata soledades,
por su caricia en verso
y la confusión
que bien conduce.
Lo busqué convertida
en torrentera.

Gracias por acercarme
tu sombrilla.
Abordé, sin duda,
otra nave de los locos.

Poema retrocediendo

No me dejes
con este papalote roto
entre los dedos
ni digas que un yo
no vale nada.
Escribe para que el ardor
desaparezca
en la costra de un niño
cayéndose del árbol.
Rodillas raspadas,
eso es todo.
Y el amigo imaginario
también lejos.

Por algo yo no quería salir
al mundo. Me quedaba
dormida al interior del clóset
sudando toda la violencia
de mi infancia.
Escribiendo en las hojas
que eran barcos para otros,
aviones y corazones
sin centro.

Te lo digo a ti por algo,
desde la tierra calcinada
que no curan las tormentas.

Poema mientras caminas

Quieta, no. Quieta jamás.
Soñarlo fue tener
un péndulo de lava
iluminándonos la vida.

Serena, pero como el aire
antes del tornado
que cambia,
en un segundo,
la temperatura.

Y llorando porque así
crece la vigilia,
el juramento que le hiciste
de no cerrar los ojos
y mirar todo el horror
cuando el deseo doliera.

-Pero también
amas el terror
y tu alma de nieve
en los caminos-

¿Quién apostaría
por un beso de sal?,
¿por la gota helada
que ahora fluye?

Poema mirando aviones

El muchacho que vuelve del trabajo
sabe que llorar es dejar libres
sueños de mercurio.

Ella, derramándose,
forma un dique de palabras
y llena el termo
con horizontes líquidos.

El muchacho es otro.
Ella no sabe qué hacer
con sus carencias
y las nubes.

No hay un solo antifaz
para su cara
en el jardín muerto,
sin semillas.

Poema en taxi

Esta urgencia
de quebrar espejos
no salva a la mujer
sin árbol.

Llegar al bosque
nunca es poco
con agujas
para el clima.

Urge volver
a una jacaranda
y navegar
este diluvio.

No has dormido.

lunes, 9 de junio de 2008

No escampa

Para Jesús Zavaleta

Sin un lugar común
me muero.
Lo necesito
para no mojarme
de mañana
cuando más llueve
mi hambrecita
de ser original,
la gran poeta.
Así que beso
la frase más
pulida, mejor
recordada
en calendarios.
Bonita frase hecha,
lugar común
de mis derrotas
por las que daría
mi mente
esta madrugada
y una botella de
lo que ustedes gusten.
Brindaremos por
los amores eternos
como dicen,
"por lo poquito
que duran"
y su lugar común
que visitamos.

Poema en autobús

No dormiré ya nunca
y seré el alma de la nieve
sin talismán para un aullido.

Si no rompes los hilos de saliva,
el traje de mi llanto,
si no se derrite el paisaje
de una vez por todas,
no dormiré.

Crecerá una cárcel
al sur de cada hora
sin columna vertebral
para la muerte.

Llama,
que no se pudra
la semilla,
que tu canto
también duerma.

...

Toda esta lluvia reventó de rojo
le contaste al aire
lo que duelen sus espinas
como un horizonte en duelo
respondió la misma tierra
desde los ocasos blanquecinos
saetas en ruta de colisión
y amores parcos dan sus dedos
el ojo que les queda
a los desastres
el garfio es tentador
la vida está gritando
el relámpago te ahorca
si alguien dice Kafka muy bajito
su amor escurre y quema
la piel sin afeitar de pesadillas
te devoraron te hicieron
lo que estás viviendo ahora
mientras llueve despacio
también en alemán
si lo deseas
también con flores como tigres
y un puño de palabras en tu rostro
escupitajos de silencio
en el último día de una historia
sin puesta de sol
porque la niebla crece
buen veneno
ritmo de témpano encajado
en tu vientre de hada disoluta
por la urgencia de un abrazo
para las niña sin sus piernas
y todas las mujeres de cabello
y sal tan dulce
toda esta lluvia se pintó de rojo
para alimentar a la serpiente que sabía
hipnotizarte en cada río
la leyenda del placer
con su peste que te empuja
el árbol que nace para el fuego
del animal y la nada
alimentando al buitre
nadie sale con vida de esta guerra
donde el cuerpo fue libre y perdonado
soplaba yodo para curar
la piel por las cadenas
la piel y el borbollón de su vacío

domingo, 8 de junio de 2008

Yo diría adiós de esta manera y no lo digo

Antes de irme quiero que él sepa:

A) Que debe tener cuidado con ese libro de Vizinczey. Conozco, vaya que sí, En brazos de la mujer madura y también memoricé, por mi tesis univesitaria, los consejos para ser un escritor que hay en Verdad y mentiras en la literatura (me encantó lo que dice acerca de los talentos de provincia). Cuidado con András porque es un Julien Sorel húngaro, un Dedalus y un Tom Jones. Con calma con este personaje, te hace creer que las mayorcitas siempre son mejores. Sin embargo, es tan sólo una recreación y sujeción del arquetipo. Trampita de novela excepcional. Literatura, como siempre.
B) Es, por supuesto, una novela de formación que dos de mis ex novios tenían por libro de cabecera. Una obra que puede enseñarte mal -aunque nos la pasemos riendo- a ser un seductor que ama a las mujeres, pero en realidad no espera nada de ninguna. La primera amante de András, Maya, se lo suelta bien clarito: "Ya verás como el amor no dura y que es posible querer a más de una persona al mismo tiempo".
C) Así que no me asusto -quisiera decirle luego de abrazarlo- aun cuando hayas leído detenidamente a Shaw y estés seguro que para gustarle a una mujer tienes que desairarla y rehuirle, no me asusto.
D) Tampoco me desgarro. Ahora mismo estoy dándole vueltas a una hipótesis sobre el complejo de Florentino Ariza que descubro en hombres menores de 38, inteligentes, cultos y sensibles. Determinados, además, a ser seductores de alta escuela. Es como si la búsqueda de vías alternas para el desarrollo de su masculinidad se basara en la incesante variedad de amantes a las (o los) que aseguran comprender, adivinar y conquistar por completo: "Llevarlas a la cama es hasta sencillo, el chiste es enamorar". Don Juanes, grandes personas, a lo Mozart. Encantadores, refinados, cómo no. Y por eso, dolorosamente infieles. Ese es el ejercicio de lo que creen su libertad, la piedra de toque de una búsqueda que no termina. Incluso se preguntan, fumando o bebiendo, "¿quién es el hombre?". Así intentan validar su compulsión, su nado inútil en un mar de vaginas sin sentido. Pero tienen que llegar (en algunos casos) hasta más allá de los 50, para entender en la que andaban.
E) Un patrón que se repite. Otra vez, alerta. Si yo fuera hombre no sería un Don Juan y tampoco gay. Sería un tipo común y algo apocado. No tendría tantas mujeres, ni hombres. Me enamoraría muy poco. Pero soy mujer y también leí otras muchas, decenas de novelas, con personajas a lo Bovary o Fanny Hill.
F) Nada nuevo bajo el sol, precioso, nada. Crees que ellas se aferran y por eso marcan tu número, para reclamar y ofender; llorar y vengarse. Sólo patologías complementarias: un seductor bien planchado busca a una histérica extravagante. Además, luego terminas creyendo que las otras son amas de casa de clóset, que en algo siempre están metidas (cualquier ismo es bueno) o que se sienten superiores nada más porque sí. Y tal vez las del corsé espiritual bien apretado sean más elegantes y crean que resulta inapropiado hablar como una persona no colonizada, no domesticada y demandante de todo, dependiente de todos. Y es que la seducción como tradicionalmente nos la enseñan, es decir, hundiendo los colmillos en la yugular, significa, como sostiene András Vajda: saber abrir a una mujer. Si ésta se abre solita o, peor aún, te abre, te rajaste a lo Octavio Paz en el laberinto. En resumen, misoginia y aburrimiento. Sangre, tenías razón. Nula originalidad. Incapacidad para construir un modelo de relación extraordinario donde ellas o ellos, una vez abiertas (os), no sean pañuelos deshechables. Es la fuerza de gravedad del mundo asquerosamente sucio donde aprendemos esa torcida educación sentimental.
G) Y no pregunto qué voy a hacer yo, que no soy una presa, yo que leí antes que tú ese libro y que recuerdo, algo triste ahora, cómo me aplicaban todas las tácticas del húngaro y cómo lloraba detrás de la bocina del teléfono y enloquecía o, de buenas a primeras, me montaba al primer avión que me alejara. No, ya no pregunto porque no soy una precoz mujer madura que actúa como niña. Las constantes de Vizinczey resultan hilarantes, lo sé. Así que no cuestiono, me doy cuenta de que no tengo lugar en dinámicas convencionales ni predecibles porque sin saberme superior comprendo lo que el otro necesita. Y me aparto y se lo doy. Eso es respeto, amar al otro a profundidad.
H) Ah, mira, mira esta letra. Yo quiero que él se llame Héctor, no lo olvides.
I) En fin, me quito. Demasiado poco presa. Por eso te incomodo, ¿a quién le gusta que lo hagan sentir así?, ¿que lo desordenen?, ¿que se lo lleven a volar siendo aterrizado? Con todo, para vos nunca tuve una mentira.
J) Que fue verdad, lo sabes.

sábado, 7 de junio de 2008

Encontrar-nos

Para Francesca Gargallo y Alejandro Marré

ELLA
Es una antorcha. Es el genio en libertad de dos mil noches y las palabras viajeras tomando magma del desierto. En Belice también sabe cómo alimentar la lumbre. Como todas, yo la escucho y pesco una chispa de su voz, y brillo.
ÉL
Le pasó lo que a un personaje de mis cuentos: mataron a una persona enfrente de su casa. Pero como no es objeto de escritura, él se levanta erótico frente a la vida. Y dice que esto sigue, que nos moriremos todos, pero no el amor. Entiendo lo que quiere decir con el "amor" y sonrío. Sospecho que podríamos compartir una posible definición del término. Por compartir quiero decir conversar, otra vez.
ELLA
Me habló de lo que significa "ir al encuentro".
ÉL
Confesó que es cafeinómano. Yo me callé las 15 tazas que puedo tomarme en todo un día.
ELLA
Reflexiona sobre la escritura y sostiene que un autor siempre necesita amigos íntimos.
ÉL
Habla de todos los te quieros del universo para que no me asuste el cambio.
ELLA
Reacciona veloz cuando mis versos.
Él
Busca mi voz.
QUIEN ESTO ESCRIBE
Los explora.

Tan queer

Sucede que yo sí me canso del vestido,
la falda y los tacones,
de oler y convertirme en primavera
disimulando mis carnicerías
-me gustan más los extranjeros-,
de no decir cómo se enreda
mi cabello en varias camas,
de repintar mis labios con un dildo y andar
de Patria Grande a Patria Chica.
Me canso y hay más:
me muero de la risa ante los machos cultos
y la gente educada que no sabe mentir
con esta furia que me bulle desde el útero
porque tengo matriz,
aunque podría cambiarlo.
Son gente tierna los que usan silicona.
Son gente buena porque quieren agradar,
sus alitas de libélula conmueven.
Pero yo me canso, bien decía,
de ocultar mi alimentación
porque mastico, hueso a hueso,
el hambre de control del poderoso
y despellejo, también,
su canon de bestia adormecida.
Pero no reclamo nada, no acentúo.
Sonrío, amablemente, a todas horas.
Trabajo igual que todos.
Huelo bien.
Pero como no he leído en ningún
lado que un monstruo
es un cuerpo con perfume,
yo lo digo ahora y manifiesto,
sin afirmar contra/sexualmente,
que estoy cansada, que no puedo
caminar con talones tan heridos:
zapatillas rojas nuevas.

Mensaje, desde esta pútrida tierra de los vivos, a Eugenio Montejo

Te fuiste, mejor. Un cáncer de estómago, qué mala suerte, cariño, qué mala. Se te ocurrió morirte antes de que te conociera en persona, antes de leerte mejor como si fuera un lobo y decir que tus versos son excepcionales. Pero a veces, muy pocas, basta con unos cuantos que Sean Penn inmortaliza en una peli del "Negro Iñárritu"; líneas sensibles, Eugenio, tanto, que obligan a resemantizarlas. Así que perdona este poema, por favor.
Venezuela sin Montejo
El dijo:
La tierra giró para acercarnos,
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño.
Y yo respondo:
Porque la tierra giró
en cada uno
lejanos siempre
de ella misma
hasta despertar
en este sueño.
Se sueña
a Tecnicolor
si mentimos
porque lo real
vive girando
y nadie siente
la vuelta
el ruido
el vértigo
de una palabra
el silencio
del sueño
y la poesía
moviéndose.
La tierra giró
sobre sí misma
y aunque
su tiempo
está contado,
hoy te reclama a
sus adentros.

jueves, 5 de junio de 2008

Ahora

Yo, que he sido muy feliz atea, tendré que conversar con Dios.

Insomne

Si me la tomo puede que duerma y tal vez el mundo recupere su perfume. Si me atrevo, me perderé en el aire, tranquila. Si me la tomo, pero ya son muchas sustancias en mi sangre. Ella, la píldora. ¿Me la tomo y me olvido?
*
Sangre. La de mi mamá, enferma. Sangre. Todo termina y acaba otra vez desde la sangre. La mía, a punto de llegar. La de otros no sé. La de otro. La de tantos rumbos. La sangre al Centro y al Sur.
*
No soy la única poeta que delira. Y es verdad que no bebo ni creo en oraciones invernales. Es cierto que yo no renuncio. Es verdad que la lucidez duerme conmigo.
*
Llovió igual que allá. Ya no sé dónde es aquí.
*
Si pudiera hablar con Johann.
*
Si el presente no me negara los abrazos y el consuelo. Si no tuviera que marcar ese número.
*
Ya, ya escribí lo que en verdad importa en un lugar secreto.
*
Me doy cuenta, inmediatamente, cuando una mujer es sólo "rebeldita". Sé, desde el principio, cuando un hombre va a dañarme. Pero me hago amiga de la boba y me enamoro del cruel.
*
No, autodestructiva, no. Más bien temeraria y me confío (cuidado) porque siempre sé escapar a tiempo, siempre.
*
La verdadera belleza está en la vida. Por eso me voy. Tanáticos, fuera.
*
Estaré bien si me la tomo (ya lo hice).

Traducción

He visto milagros: hojas que caen vueltas colibríes, lágrimas agarrándose del viento, amantes que nunca dicen nada cuando su pasión atosiga al infinito.
Ahora, retomo todas mis muertes, una a una, y recorro la vereda del milagro porque un colibrí es más robusto al Sur y menos verde de mañana, porque el llanto sostiene extrañas relaciones con las nubes y un cometa en países muy distintos, porque los amantes no se van aunque callando marquen la piel y corras como caballo salvaje y no entiendas esta lluvia ni dialogues con la herida.
Mas en el bosque aprendí
la lengua del milagro:
hay un poema que no es mío,
rondándome, cuando ya duermo.

Compartimos relámpagos ayer

La luz de la tormenta vino
y cantó lo que somos en la noche.
La luz sin furia en la llovizna
que existe, solamente,
para un reflejo sucio,
humedad que alborota
y, derramándose, nos salva
cuando seguimos solos,
muy oscuros,
en la sobriedad del día
donde llueve también
para el trabajo
y el cielo se rompe
de camino al otro mundo.
No hay libertad
desde la infancia.

miércoles, 4 de junio de 2008

Cómo escribir una "Bildungsroman"

1. Con toda la intuición y pasión de la una es capaz, pero entendiendo que no se trata de un poema donde, si se quitan todas las palabras que sobran y se dice la verdad, bellamente, desde lo más profundo, el poema resulta magnífico, un bebé precioso.
2. Con calma, dejando que pase el tiempo y la historia se acomode.
3. Sin olvidar que este tipo de novelas, como El Lazarillo de Tormes, El aprendizaje de Wilhelm Meister de Goethe, Retrato de un artista adolescente de Joyce, Bajo las ruedas de Hesse, El guardián entre el centeno de Salinger y otras tantas más, sólo funcionan en un índice directamente proporcional a la fuerza del personaje que, irremediablemente, madura.
3. Sin autobiografía, admitámoslo, es imposible.
4. Recordando la mala literatura chicana y también la buena (poca).
5. Tomando en cuenta que después de la segunda mitad del XX este tipo de novelas pasó de moda. Mejor. Preferible ir contracorriente.
6. Sentándose y tecleando, es decir, mandando todo al demonio. Absolutamente todo que incluye, por supuesto, a todos.
7. Manos blancas, ni hablar. Celibato y pobreza. Vida de monje.
8. Con ambición, es decir, pensando que esa es la novela porque la que siempre te recordarán. Con escepticismo porque es casi seguro que no la termines.
9. Llorando.
10. Riéndote.
11. Sin decirle a nadie el final.
12. Con tono poético, ¿qué es En busca del tiempo perdido sino un prosema maratónico?
13. Admitiendo el cambio. Esto incluye no avergonzarte del o de la estúpida que fuiste.
14. Cero amigos metiches. Cero amantes revoltosos. Cero mentiras creíbles. El lector debe saber que está leyendo una novela que eso no es real, aunque lo haya sido.
15. Olvidando Los detectives salvajes
16. Recordando Los detectives salvajes
17. Con y sin vagina.
18. Dándole la vuelta al mundo y al tiempo de niño en 200 páginas.
19. Cerrando heridas y cortándote en el sitio donde la cicatriz ya era invisible.
20. Sin decálogos, a tu viento.

lunes, 2 de junio de 2008

Su te quiero va mutando

Su te quiero va mutando
como diminuto animal
que rompe lo que nunca
fue colmena.
Muta como si el cambio
fuera una danza
y la muerte en cada disco.
En un mundo pequeño
de color capullo
para el temor de la huérfana,
su te quiero tiembla con el aire
en ese minuto donde el vacío
y el animal ya no se arrastran.
Es un te quiero
para hundir promesas
en gladiolas y tú lejos,
esperando el corte
de la guadaña o la mutación
que llega en junio:
tu te quiero en una cuna
tan incómoda, pequeña.

Acentos y peligros

Para Alan Mills
Cuando le dieron el Premio Inca Garcilaso a José María Arguedas, tremendo escritor andino, pronunció una de esas frases que no se dejan de citar: "Yo no soy un alculturado. Soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en quechua. Deseaba convertir esa realidad en lenguaje artístico y tal parece, según cierto consenso más o menos general, que lo he conseguido". Y estaba en lo cierto porque la aculturación se refiere al resultado de un proceso en el cual un pueblo o un grupo de gente adquiere una nueva cultura (o aspectos de la misma), generalmente a expensas de la identidad propia y de forma involuntaria. Una de las causas externas ha sido la colonización. Como sabemos, por desgracia, en la aculturación intervienen diferentes niveles de destrucción, supervivencia, dominación, resistencia y modificación y adaptación de las culturas nativas tras el contacto intelectual.
Alan Mills se sorprende de que ya hablo en perfecto chapín, de que puedo mezclar acentos colombianos, mexicanos y no sonar falsa. Se pregunta, también, si eso no es aculturación. Le respondo, tajantemente, que no. Como Arguedas, no soy una aculturada. Las razones son muchas y diversas. Para empezar, no me veo en la obligación de hablar como guatemalteca porque ese país se me imponga como única alternativa. Tampoco estuve forzada a sonar como una perfecta "rola" (así le dicen a las chicas de nivel alto que nacen, crecen y mueren en Bogotá) porque, o lo hacía, o no era aceptada en los mejores círculos sociales y/o académicos. Al contrario, como mexicana siempre he encontrado apertura, afecto, apoyo e incluso admiración y mucho, demasiado malinchismo, en todos los países ajenos. Ser extranjera ha sido casi siempre una bendición. Ser mujer, a veces, también. No ser fea ayuda, no lo niego. Pero trabajar mucho y pensar rápido, es lo mejor. Así que la culpa es tan sólo de mi oído, de mi sensibilidad para captar la música de distintas culturas y repetirla cuando hablo, ¿por qué?, ¿por qué me dominan? No, porque me gustan, pero no me colonizan. Porque me enamoran y me niego a pensar en la seducción como en un proceso de vencida y vencedor o viceversa. Para nada. Es más, disfruto dejando que los acentos me tomen. Confieso que es involuntario, que no peleo por conservar mi identidad azteca, que con gusto permito que se la lleve el viento lejos, ese mismo aire que los foráneos me dan cuando la otra soy yo, y, como muy bien señala nuestro amigo, regreso electrizada, en diversas formas de viento, en imágenes poéticas o anécdotas hilarantes, para los demás que me seducen sin querer.
Hace algún tiempo que encontré a Fatema Mernissi, escritora marroquí a quien recomiendo ampliamente. Entré en su vida y ella en la mía gracias al discurso que pronunció cuando en 2004 le dieron el Premio Príncipe de Asturias. Me hechizó esa prosa mágica, dulce, pero al mismo tiempo inteligente, y como todo lo inteligente, incisiva. Busqué Sueños en el umbral, esa especie de bitácora de una niña que crece en un harén doméstico. Fue un amor inmediato. Me sorprendí escribiendo igual que ella, tratando de bordar con hilos oro y plata mis escritos. Pero no tengo esa capacidad. Mi prosa borda con otros materiales, pero borda, lo sé, al fin y al cabo. Lo que quiero decir es que antes de volar para El Salvador, leí mi segundo libro de Mernissi: El harén en Occidente. Entonces el mito de Sherezada se me derrumbó por completo y aprendí a comprender el arquetipo bajo otra óptica. Crecí como feminista e intelectual gracias a dicha colección de ensayos. En el primer capítulo la marroquí habla de las diferencias culturales y sin querer propone una plataforma para saber entregarnos a los otros, a lo extranjero, a su cosmovisión, a su sonido. Mernissi sugiere dejarnos contaminar para ser libres y que en el corazón se agiten todas las banderas que podamos.
Por eso aprendí a viajar sola, a ganar becas, a formarme en cursos, encuentros y festivales para poder desarrollar, primero, un mimetismo intelectual que ahora es vivencial de cabo a rabo. Tal vez por eso soy tan extraña para Mills, por ser una criatura anacional que puede reír y pensar como andaluza en Sevilla; caminar como mulata en la calle Obispo de La Habana; llorar cuando me despido de la gente que quiero en Xela mientras exclamo: "¡A la gran puta!"; beber tinto en un Creppes and Waffles del Norte, vestida y maquillada como rola con mi cabello largo y negro, mientras digo: "Quihubo, qué más, cheverísimo verte de nuevo!" o, dejar que estalle en mí lo mexicano cuando bebo Coca-Cola en la mañana y desayuno chilaquiles a la par que reviso La Jornada y otra vez vocifero : "Nuestros políticos no tienen madre".
Según Mario Vargas Llosa y Carmen Boullosa (riman sus apellidos, disculpen) uno escribe por pura rebeldía frente a nuestra pobre condición mortal. "Sólo una vez aquí", se quejó el gran poeta náhuatl, Netzahualcóyotl. Por lo que inventamos mil historias y escribiendo alteramos el rumbo de nuestra miseria humana. Es terrible no poseer varias identidades, tener que ser sólo una persona a un solo tiempo (de lo contrario te acusan de estar loco). Representa toda una condena no poder volar ni hablar con Shakespeare o no poder seguir ni ayudar a ese mendigo invidente, por el que nadie nunca daba nada, que después supimos era Homero. Sólo una vez y eso es todo, o, dirían Bolaño y Vila-Matas, "y a la mierda". Frente a eso, ¿qué tiene malo jugar a rebelarme frente al himno y el color de mi pasaporte?, frente a eso, ¿por qué preocuparme si hablo en chapín o en guanaco y expresar que quizá soy una aculturada? Frente aquello no me importa. Yo sólo escribo y lo hago con toda la pasión y la entrega que puedo, dejándome contaminar por todo y por todos porque insisto en que escribir es esperar, viajar, dudar, amar, sufrir, perdonar, resistir y peligrar cotidianamente frente al mundo.