miércoles, 21 de mayo de 2008

Y la sensación de que todo es sueño como cosa real por dentro

Para Gabriel, que aprende a despedirse
Julio lee ese gran poema del fracaso, Tabaquería, y la noche se enreda en pretextos para decir que Pessoa es nuestro padre espiritual. Hace un año le dije a un hombre que me amaba cuánto dolía admitir el nihilismo del portugués, pero no involucrarlo en mi vida. El señor de los heterónimos consuela y marca la pauta de todo aquello que nos sale mal. Sí, no hay más metafísica que la de los chocolates que come una niña sucia y la verdad de Esteves más allá de la ventana. El mundo, en efecto, no ha sido para quien lo ha conquistado, sino para quien soñó, sin concretar dicha conquista.
Pessoa no se reconoce genio y genial arranca lágrimas con su ímpetu cuya confesión nos amarra al oficio de poeta que en contra de todo se sostiene. Eso quiero decirle a Julio Serrano desde México ahora que la distancia no es un poema, sino simplemente cientos de kilómetros de aquí hasta su abrazo. Pero como le comenté a Gabriel, hay adioses disfrazados con piel de lobo. Algunas despedidas son más bien ovejas miedosas. El amor no es un fin, sino un comienzo. Nuestra educación sentimental está viciada. Nos enseñaron a rechazar poemas como los de Pessoa y a llorar luctuosos cuando supuestamente será la última vez que nos veremos. Encontrarse es estar a punto de irse, sí, pero también ubicarnos al borde de un germinar. En cada nueva persona que nos marca hay muchas bienvenidas latentes, semillas de besos que romperán la tierra y se elevarán con el sol de otros países.
Creo en Pessoa porque como muchos tengo en mí todos los sueños del mundo y basta con revelar que sueño desafiando al sueño y las horas donde debo recuperarme para que la memoria transgreda la melancolía. Uno nunca se va del todo ni pierde por completo en esta ruleta rusa que es el universo. Extraño a mis amigos, es verdad, pero también escribo y sé que no tengo otra fraternidad con las cosas que la de una despedida. Así, hermanada a los que quiero desde la superficie aterciopelada de su adiós, es que devoro, una y otra vez, aquel poema. Y devorando hablo con Julio detrás de una ventana donde él y otros confirman lo que sueño.

1 comentario:

::::]GabRiEl WoLTke[:::: dijo...

Solo me viene a la cabeza un fragmento de "El año de la muerte de Ricardo Reis":

"Qué, bajas o no, Aún es temprano, dice una voz allá arriba, qué importa si fue de hombre o de mujer,es igual, volveremos a encontrarla en el infinito..."

elagradecimientoyunsalú.