miércoles, 28 de mayo de 2008

Esta noche, a punto de ser miércoles

Una frase revive en las yemas de mis dedos:
"Yo sería un varón y tú una hembra vestida de tormenta".
Enmascarada me refugio.
Me detengo, poco a poco, a desvestirme.
Mejor llorar por los medigos
o porque es martes todavía
y no conozco el milagro de la nieve.

Estoy sola, cazando silencios sonámbulos
a causa del cascabel de una culebra.
Esta noche -ninguna otra porque mayo
se estanca para dejar crecer
lo más perdido en su versión oscura-,
esta noche, no puedo leer sin tapar el espejo
como a la jaula con aves
que bien pueden decir lo que nos duele.

Las metáforas se han ido,
me dejan porque hace mucho
leí todo lo que una sola persona no debía
y aquellas palabras,
a las que un poeta debe renunciar,
las coloqué en mi sueño,
en este diario con navajas de oro
donde dejé morir capullos.

No quise otro perfume que el de la aventura
de quien no tiene más que la promesa
de esta noche enfriándose
sin soltar copos fantásticos, sin abrir, aún,
la esperanza de otro miércoles
porque tengo cansadas las yemas de mis dedos,
buscan mejores frases,
intentan robar lo más lejano:
un hombre atado a sus leyendas,
a la bondad y el aire en el patio de los niños,
a esas risas en la casa
y el caracol brillante en el estudio.

Sólo esta noche debo abandonar al universo
y enamorarme como la mujer normal que soy
porque me gusta el miércoles
y las manos sirven también para hacer nudos,
para hundirlas en pan dulce,
para tocar el labio del que llora,
para decirle no a la estampida del delirio
y ceder ante la vida que me lleva.

Ya está nevando.